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    08.05.2012

    Penquistas: espacios, respeto y tolerancia

    Amo Concepción, soy penquista de corazón; pero reconozco cierto grado de amargura entre nosotros que nos impide disfrutarla en todo su esplendor. Tenemos una gran ciudad que, lamentablemente, desaprovechamos y, por el contrario, nos hemos convertido en un ejemplo de permanente reclamos e intolerancia.

    ¿Hagamos un ejercicio? No soy particularmente hincha de los argentinos y menos de su chauvinismo, pero miremos al otro lado de la cordillera… nuestros vecinos valoran lo suyo, promueven sus tradiciones y, en general, se la creen… y nos molesta (porque además somos picotas). Hace un mes, estando en Buenos Aires, nuevamente lo pude constatar (guardando las proporciones), qué manera de querer su ciudad y su país estos gallos. Las celebran todas: ganadas y perdidas (tanto que por momentos me generaba algún grado de confusión histórica).

    Por varios días cerraron la Avenida 9 de Julio (nuestra calle O’Higgins, insisto, guardando distancias) para el TC2000 una carrera de autos tipo Rally que se realiza por el centro de la ciudad. Los bonaerenses felices, miles de personas y sus familias en las calles esperando ver pasar los autos (a toda velocidad y con un ruido que se sentía a varias cuadras a la redonda) y disfrutar del espectáculo. ¿Qué habría pasado en nuestro Concepción querido? Habríamos reclamado hasta el cansancio: que la movilización sufre, el comercio se ve afectado, la culpa es del alcalde, que no se puede pasar al centro, el ruido, la ciudad queda sucia, se llena de delincuentes… y una larga lista de quejas. Ninguna duda me cabe que esa habría sido la reacción y los reproches.

    Coincidí en la conmemoración de los 30 años de la Guerra de las Malvinas (incluso estuve discretamente observando algunos actos). Uno puede estar de acuerdo o no con algunas manifestaciones, pero ellos conceden espacio a todos. Hubo gente que recordaba a los soldados caídos, otros grupos con consignas nacionalistas extremas, otros que repudiaban que la Junta Militar los hubiese llevado a la guerra, otros más exaltados que querían derribar el Imperio Británico, un grupo pedía al Gobierno reconocer participación de civiles que no tenían ningún beneficio estatal y muchos otros. Había espacio en toda la ciudad para que las personas se manifestaran, lo hacían con mucho respeto y pacíficamente. Incluso en el nuevo Estadio de La Plata (donde se jugó la semifinal de la Copa América el 2010) antes de un partido entre Boca y Estudiantes, se permitió a un grupo de personas recorrer la cancha con carteles que recordaban esta fecha. Otra vez. ¿Qué habría pasado por acá? Habría quedado literalmente la embarrada (puedo encontrar otras adjetivos más directos, pero esta vez los omitiré). Manifestantes y carabineros en las calles, grupos contrarios agarrándose a piedrazos, saqueos, culpas cruzadas entre el gobierno y la oposición de turno. Que lata (otra vez). La tolerancia no es lo nuestro.

    Un lunes en la tarde recorría el barrio de San Telmo, lleno de tiendas de antigüedades y artesanías. Al llegar a una pequeña plaza, los restaurantes cercanos se habían apropiado de este espacio público, que estaba lleno de mesas entre bailarines de tango, música en vivo, artesanos, anticuarios y demases. La plaza se había convertido en un centro comercial y patio de comidas, donde convivían personas de distintas nacionalidades, clases sociales, condición sexual… un ejemplo de tolerancia y respeto por las personas. Vamos otra vez… ¿es posible hacer eso en Concepción? Tengo mis dudas y no pasa por el permiso de las autoridades, sino cómo hemos perdido la tolerancia, el sentido de aprovechar los espacios públicos, el poder convivir con gente distinta a nosotros. Y esto va de capitán a paje. Nos pusimos amargados, poco tolerantes y clasistas.

    ¿Cuándo nos pusimos así?… ¿o siempre fuimos así? Es cierto que no es un mal que sólo afecte a nuestro querido Concepción, pero aquí vivo y es la ciudad que quiero ver próspera y feliz. Nada tiene que ver esto con el espíritu crítico que debemos siempre impulsar ni con los justos reclamos que deben prevalecer (que en estas líneas encontrarán siempre apoyo). Ni tampoco con desconocer que todos tenemos problemas o males que nos aquejan en mayor o menor medida. Pero de ahí a establecer un clima permanente de disgusto y disconformidad hay una distancia considerable. Por eso Biopower (la energía del Bio Bío), porque soy una convencida que la actitud puede cambiar, que quienes vivimos en esta querida ciudad podemos hacerlo en armonía, respetando a las personas y su diversidad, con tolerancia, aprovechando los espacios públicos y buscando la posibilidad de manifestarse creativa, tranquila y respetuosamente, de celebrar las ganadas y las perdidas, de querer nuestra ciudad. Miremos un poquito a los vecinos, dejemos de mirarnos el ombligo… los invito a que veamos el vaso medio lleno y no medio vacío. Disfrutemos y reinventemos Conce.