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    05.06.2012

    #SoyVerde

    Podría decir que hasta ahora me creía ecologista, cuidando y respetando el medio ambiente, tratando de ser un ejemplo para mis hijas… quienes no tengo duda tienen una conciencia mucho mayor que yo sobre sobre el medio ambiente y su protección.

    El fin de semana tuve una agradable conversación con mi hermano. Él es deportista, ecologista, pasó una larga temporada en la montaña y vive como hippie. Parece que tuvo una profunda reflexión sobre lo que hacemos en nuestras casas para cuidar el medio ambiente… llegó a una no muy agradable conclusión: no hacemos nada, para peor nos ponemos la chapa de #SoyVerde y nuestro aporte es cero. La pura verdad.

    Hagamos una prueba (como en el colegio) y selecciona las afirmaciones que más te representan:

    • En mi casa uso sólo ampolletas de bajo consumo
    • Separo la basura orgánica y reciclo
    • No vierto los aceites y grasas en el lavaplatos
    • Me movilizo en bicicleta o privilegio el uso de transporte público
    • En el supermercado uso bolsas reutilizables y nunca las plásticas que entregan
    • Hago compostaje y tengo una linda huerta en el patio
    • Reciclo materiales para que mis hijos hagan manualidades
    • Minimizo el uso de equipamiento eléctrico en mi casa
    • Privilegio el uso de energías renovables
    • Si tengo calefacción a leña, sólo compro en lugares autorizados
    • He pensado en tener una casa ecológica y renunciar al uso de energías que no son renovables
    • Reviso los gases de mi auto en forma permanente para asegurarme de que las emisiones están dentro de norma
    • Estoy feliz de que haya tratamiento de aguas servidas domiciliarias y pago con gusto por ese servicio
    • Cuando salgo de excursión sólo camino por senderos demarcados
    • Privilegio la compra de productos que contengan material reciclado.

     

    No sé cuántas marcaste… ¿yo?, pocas.

    Cuántas veces nos ponemos la chapa de ecologistas, respetuosos del medio ambiente, verdes o como quieran… ¿pero cuánto realmente contribuimos? Bien poco.

    Otro ejemplo. Usamos electricidad a destajo y al final la culpa es de la compañía eléctrica porque las cuentas son muy caras. Pero no revisamos a conciencia el uso le que damos en nuestras casas.

    Sumemos a muchos (que de seguro no marcaron muchas de las alternativas anteriores), que se oponen a todo tipo de nuevo proyecto de generación o transmisión eléctrica. No quieren energía hidroeléctrica, termoeléctrica, nuclear, rechazan los gasoductos… podría ser mareomotriz o eólica. Bueno, pero eso cuesta y no poco. Están dispuestos a asumir el costo de ese tipo de energías, no… tampoco quieren pagar. Un zapato chino.

    Hace unos días vi en una revista una máquina para compostaje domiciliario, pensé que era una excelente alternativa… ¡pero funcionaba con electricidad! Una máquina contradictoria que refleja nuestras propias contradicciones.

    Pronto tendremos elecciones y veremos a muchos de nuestros candidatos ponerse la camiseta de #SoyVerde. Es bien fácil desde la pantalla lanzar consignas o desde la tribuna levantar un cartel. Obvio si el tema vende y da portadas. Seamos serios.

    Te invito, hazte cargo, elige algunas opciones que mencioné antes, trabaja en ello y enseña a tus hijos. La mayor contribución en conciencia y acciones la podemos hacer desde nuestro propio entorno.

    Si te interesa el cuidado del medio ambiente, recuerda a la mujer del César: “Además de serlo, hay que parecerlo”.

    ¿Cuándo ponemos manos a la obra?