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    17.09.2013

    Dulce bipolaridad

    CDA

    (Por La Bandita)

    Ganamos, es verdad.
    Celebramos, imposible no hacerlo.
    Somos felices, como toda vez que el CDA gana.
    Sufrimos, como siempre.
    Lo anterior nunca ha sido distinto, es cierto.
    ¿Qué es lo distinto, entonces?
    Que en la cabeza de pocos cabe la idea de que al hacer cuatro goles, se sufra tanto.
    Es el CDA, lo sabemos. Vivimos para sufrir.
    Pero hoy el CDA sufre de una extraña bipolaridad.

    Nos pasa que no sabemos con qué equipo nos encontraremos el siguiente domingo. Un día aparece el que le gana cómodo a Unión, luego el que cae en un valle de la (im)paciencia como contra O’Higgins, después uno que no es capaz de ganarle al peor Colo Colo en años, llegamos a la locura cuando nos baila la U al ritmo de Rubio, como también a la cordura cuando vencemos con buen margen a Everton. El mejor ejemplo de esta bipolaridad es que en un partido se marcan cuatro goles, y tres de ellos los hace Michael Silva, el que hasta aquí había sido por lejos, el más criticado por los fieles que siguen al Puma. Y el que suele anotar, don Javier Aníbal Elizondo, sólo fue actor de reparto de esta película de suspenso con final feliz.

    Elizondo, igual, sigue prendido, también despertó Canío, se destapó Silva, se picó el Larry Valenzuela, se enchufó rapidito Lorca. Pero con Unión ganamos pidiendo la hora. Con Colo Colo, Hurtado estuvo iluminado y luego con partido controlado, nos empatan de un “rajazo”. Con Everton nos remataron 16 (sí, 16) veces al arco. Contra Audax nos anotaron por tres pelotas detenidas, de las al menos 15 que provocamos entre córners y fouls cerca del terreno que Hurtado es dueño. Y la sudamos.Pareciera que en nuestra paleta de artista, sólo tuviésemos blanco y negro. Excluyentes. Inmezclables.

    O es alto, o es bajo. Es A o es Z. Cuando sabemos que hay material para tener sólo A, blancos y altos. O al menos cercano a eso, con matices. Nos quejamos de llenos, quizás. Pero a veces los resultados hacen olvidar lo que vivimos en los partidos. Y en esas veces, la mayoría, la pasión del hincha exacerba las emociones y aumentan las sensaciones vividas en 90 minutos. Hay dos opciones. O nos olvidamos de pensar y analizar, aprovechando de ahogar las dudas en estas festividades. O buscamos pronto una receta para la pastilla de esta bipolaridad. Que mira que si de bipolaridad, pasamos a regularidad, otro gallo nos cantaría.

    Por ahora (y siempre), vamos bien con esta otra hermosa locura, que es ser hinchas del club más hermoso del mundo. Qué más da, si en el estadio gozamos y sufrimos igual con esta dulce locura.