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    15.05.2013

    Nuevamente en el mismo foso

    Tal y como se ha hecho costumbre en las últimas temporadas, Club Deportes Copiapó está peleando nuevamente en la lucha por no bajar de categoría. Esta historia se ha repetido durante años (2006, 2008, 2009, 2010, 2011 y ahora 2013) sin encontrar mucha explicación, en especial las últimas dos ocasiones, luego de que el club pasara a manos de su actual accionista mayoritario, el señor Felipe Muñoz, del que se creía que alejaría todos los fantasmas de los fracasos deportivos. Si bien el 2012 se logró el objetivo de volver a Primera B, solo se puede decir que era la obligación del club. Pero este 2013, las metas y el escenario cambiaron, había que salvarse del descenso y pelear por el ascenso. Pero ninguna de estas metas fueron cumplidas. Se trajeron buenos jugadores, llegaron nuevos sponsors, la ciudadanía respondió (en su medida) a pesar de los altos precios en las entradas; pero seguimos donde siempre. Entonces, ¿qué es lo que pasa acá?

    Primero, uno como hincha de un equipo nunca debe estar conforme, siempre debe pedir más  y más (así que dirigentes, esto es sin llorar). Así los clubes se hacen grandes, pero también se debe estar ahí incondicionalmente con el club. Tal como todo en la vida, para tener derechos hay que cumplir con deberes. De acá creo que viene el primero de los males que nos tienen sumidos en esta posición. La pasividad del ciudadano copiapino. Como copiapino, debo admitir que muchos de mis coterráneos son bastante apáticos,  aunque claramente hay excepciones, aquellos heroicos que llamamos “los 1000 de siempre”, pero… ¿Qué sucede con los otros 157.261 habitantes que restan en nuestra comuna? Simplemente NADA, solo unos pocos alzan la voz y el resto se defiende con el argumento de “estos #$%& son muy malos”. Esa es la primera piedra de tope en el desarrollo futbolístico e institucional de este club.

    La segunda piedra de tope tiene mucha relación con la anterior, ya que entre ambas nace un fuego cruzado donde cada uno dice que ha hecho las cosas bien y no asume sus errores. Los dirigentes y su gestión. En los últimos años se ha mejorado ostentosamente en la parte económica (ya no hay problemas por sueldos y ese tipo de cosas que no corresponden al fútbol profesional), logrando un equilibrio en las finanzas, equilibrio que cuesta caro en la calidad futbolística y que al parecer los dirigentes no están dispuestos a sacrificar. Resulta que para lograr y mantener este equilibrio financiero se han tenido que tomar varias medidas que afectan tanto a jugadores como espectadores. Por ejemplo, durante los años 2012 y 2013 el plantel del CDC ha realizado todos sus viajes por tierra. Cuesta imaginarse cómo el 2012 los jugadores viajaron por tierra desde Copiapó a Osorno y lograron jugar de igual a igual con el local. Podemos agregar también una característica intrínseca de los planteles del “León de Atacama”, el escaso personal que hay en su cuerpo técnico. Mientras la mayoría de los planteles poseen kinesiólogo, preparador físico, ayudante técnico, paramédico, preparador de arqueros y uno o más utileros; sin contar claramente al director técnico, el CDC solo cuenta con los tres primeros y un utilero que se encarga prácticamente de la totalidad del equipamiento del club, lo que demuestra que claramente nos falta para ser un club hecho y derecho.

    Por su parte, los espectadores se han visto afectados en la gestión por el alto precio de las entradas. Hay que recordar que Copiapó tiene las entradas más caras de Primera B ($5000 galería y $10000 preferencial), lo que merma la cantidad de público y del espectáculo. En este punto, me gustaría agregar finalmente la falta de voluntad del club para relacionarse con la ciudad, generando nuevos lazos que perduren en el tiempo y lo más importante, identidad. Primero, para integrarse a la comunidad hay que insertarse en ella, y qué mejor que con una sede al alcance de todos los hinchas, pero esta no existe. Ni siquiera hay una página web oficial o algún tipo de medio para entregar información. Esto ha quedado en manos de algunos hinchas que lo han hecho por cariño e iniciativa propia. Si bien se han hecho algunas actividades como visitas a centros sociales para crear y fortalecer vínculos, se puede hacer mucho más, podrían regalar algunas entradas en colegios, se podrían hacer promociones y un sinfín de cosas. Pero lo que más duele, son los cambios camaleónicos que ha tenido el club. Ha sido verde, rojo, albiverde, albirrojo, con un minero como insignia, después con un león inglés que usa casco de minero, etc. Esto se nota mucho en el estadio y principalmente de visita. Recuerdo el partido contra Magallanes en el Santiago Bueras este año, había un pequeño grupo de copiapinos, de alrededor de 30 personas, pero si no conociera a la mayoría de ellos y todas las camisetas del club, hubiera pensado que era un grupo de personas X y no la hinchada visitante. Esto,  por el popurrí de colores que había ahí presentes.

    Y finalmente y como tercera piedra de tope, me gustaría destacar la apatía y el egoísmo que la empresa privada ha mostrado con el equipo que a pesar de ser S.A. representa a nuestra ciudad, comuna y provincia. Basta con recordar que en los 14 años de existencia de Deportes Copiapó, solo una empresa minera, de las muchas que existen en nuestra provincia, se puso con el primer equipo y otro par lo ha hecho con el fútbol joven. Quizás las gestiones no han sido las adecuadas, lo que sí está claro, es que esto ha venido de la mano junto al rendimiento deportivo, el que a su vez va ligado a nuestra segunda piedra de tope.

    Como conclusión, creo que acá la culpa la tenemos todos, hinchas, dirigentes, empresarios y hasta los mismos jugadores;  toda la comunidad. Para lograr salir adelante, debemos dejar de lado la soberbia y remar todos hacia un mismo lado, alzar la voz cuando están mal las cosas y a su vez saber escuchar, apoyar sin parar, criticar siempre de forma constructiva y mirar a mediano y largo plazo. En estos tiempos difíciles, donde como ya dije, para variar estamos tratando de salvar la categoría, debemos hacernos presentes en el estadio y hacernos sentir en todo sentido. Demostremos de una vez por todas que puede haber voluntad en todos los estamentos para querer ser un club sólido y consolidado. Porque al final, solo sueño con pasar un año tranquilo y poder celebrar de una vez por todas el ascenso a primera.