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    07.05.2013

    Del amor al odio o del odio al amor

    Quedan pocos meses para que Temuco comience a vivir la unión de los clubes de la ciudad. Algo que resultaba impensable hasta hace un par de meses, cuando la rivalidad entre ambos elencos se hacía notar en la cancha y también fuera de ésta.

    Pero desde que se supo de la unificación, el odio que muchos hinchas de Deportes Temuco profesaban en contra de Marcelo Salas se extinguió y todo indica que comienza un romance, una relación en la que que -al contrario de lo que dice el refrán- se da un paso del odio al amor.

    Podríamos decir que hasta este momento la unión de ambos clubes ha estado en el proceso del “andar”. Marcelo Salas se deja querer, pero también está queriendo. Ambas partes se cierran los ojos, pero ninguna quiere entregar la oreja. Se hacen cariño, se respetan pero se ve cierto orgullo en dar la primera señal del “te quiero”.

    Mientras tanto, el ex delantero de Universidad de Chile ha entregado señales claras de que quiere algo grande para Deportes Temuco. En primer lugar, anunció que en este mes debe tener el nombre del técnico confirmado, dando así una clara señal que quiere comenzar los trabajos con antelación. En segundo término, ya existen empresas que quieren invertir en el remozado equipo lo cual haría crecer la billetera para conformar un elenco que pueda subir cuanto antes a una mejor categoría. Y lo tercero es que Salas ha dispuesto de su productora para la organización de partidos con el propósito de subirle el pelo a los partidos, algo que se verá más adelante con merchandising en cada cotejo y mayor noción de fútbol espectáculo.

    Así las cosas, tenemos una relación entre una hinchada albiverde y Marcelo Salas en donde ya caminan de la mano juntos, se dan besos y se respetan; pero aún no se dicen una palabra más cariñosa como un “te amo” o “te necesito”. Todo marcha bien hasta el momento, demostrando que la realidad supera la ficción, porque acá claramente se dejó atrás un odio para pasar al amor. Es que en el fútbol, como en la vida, no hay nada escrito.