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    30.05.2012

    Película repetida

    Hace un tiempo, en un programa radial bastante conocido que se emite en las tardes, entrevistaban al director de cine Gonzalo Justiniano, con motivo de su próxima película. Para complementar la entrevista, se realizó un contacto telefónico con Cristián De La Fuente, participante en el proyecto de Justiniano. Con una actitud bastante apática y palabras más bien cortantes, el actor nacional dejó “en el aire” 2 ideas que hacen referencia a verdaderas leyes no escritas del cine chileno: “¿Hay algún actor chileno que se dedique sólo a hacer películas y no haga teleseries?”, y “he visto películas chilenas a las que les tienen que agregar subtítulos en español”. No siendo santo de mi devoción, el ex-integrante de “Venga Conmigo” tiene toda la razón. Para muchos, el cine chileno está encerrado en sí mismo, aferrado a lugares comunes que tienden a aburrir a un espectador que necesita ser constantemente sorprendido.

    Aproximadamente, todos sabemos los ingredientes que debe tener la clásica película chilena moderna. Luego de “El Chacotero Sentimental” (que vendría siendo una especie de “Año Cero” para la filmografía contemporánea), se hace difícil encontrar un film sin personajes marginales que rayan en la indigencia, viviendas sociales rodeadas por polvorientos sitios eriazos, cuchillos y/o pistolas y uno que otro desnudo (preferentemente de la actriz de la telenovela de moda), todo esto condimentado con abundantes groserías dignas de cualquier cárcel nacional. ¿Es esto algo malo? No necesariamente. Aunque queramos negarlo, los elementos anteriormente descritos son un reflejo de nuestra realidad, y gran parte de la misión que ha tenido el cine durante su historia es llevar a la pantalla lo que se vive cotidianamente. Sin embargo, luego de más de 1 década de historia, este “nuevo” cine parece necesitar mayor originalidad a la hora de definir qué tipo de historia se pretende contar.

    Entonces, ¿el cine chileno está perdido? ¡Para nada! Sin ir más lejos, ayer tuve la oportunidad de ver la aclamada película “Bonsái”,  de Cristián Jiménez. No entraré en detalles, pero sólo diré que escapa al común denominador de las producciones nacionales. Al combinar escenas del pasado universitario del protagonista y de su presente como escritor un tanto bastante frustrado, la película nos muestra muchas situaciones que se pueden interpretar de distintas maneras, lo que lleva a un final abrupto del cual seguramente costará sacar una conclusión. Realmente me sorprendió esta película, un gran ejemplo a seguir para aquellos cineastas que deseen explorar otro tipo de argumentos.

    “¡Lindas palabras, Señor! Pero veo por ahí que usted es un Ingeniero Constructor… ¿Qué puede saber de cine?” Si usted piensa eso, está en lo correcto. Mi opinión es la de un simple espectador que asiste de vez en cuando a una sala de cine, como muchos en este país. Y como simple espectador, me interesa que el cine chileno crezca y se desarrolle para que la cultura llegue a todo el país y, por que no, nuestras historias sean conocidas por el mundo entero. Para que eso suceda, quizás sea hora de terminar con la adolescencia fílmica y pasar a una adultez innovadora. Ya existen ejemplos a imitar, sólo resta seguir creando y avanzando.