Invita a tus amigos a usar nuestra aplicación

Usan la aplicación de soychile.cl

    06.06.2012

    Estigmas futboleros

    Es probable que, a estas alturas, el incidente sufrido el fin de semana pasado por el plantel de Deportes Concepción haya quedado en el olvido. Se cometió un error, los futbolistas protestaron, llegaron explicaciones desde “Estadio Seguro” en Santiago, el Gobernador se disculpó… Sin embargo, en todo este enredo se ha pasado por alto una cosa: Para los entes fiscalizadores, todos los que asistimos al estadio somos potenciales delincuentes.

    Es lógico que, cuando no se puede resolver un problema, se recurra a “soluciones parche”. En este caso, el Estado (indistintamente de quién lo gobierne), incapaz de individualizar a aquellos grupos violentos que obtienen ganancias económicas a través de los clubes que dicen defender, optó por meter en el mismo saco a familias y a energúmenos. Aplicando los mismos controles y prohibiendo el ingreso de elementos como pilas o botellas plásticas, se creía estar ayudando al fútbol a ser un lugar más armónico para todos. Mientras tanto, los vándalos seguían generando violencia, destrozando todo a su paso, amenazando, robando e incluso matando a personas por el simple hecho de portar una camiseta distinta.

    El tiempo pasó, la famosa “Ley de Violencia en los Estadios” se convirtió en letra muerta, y nada cambió. Pero, un día, llegó “Estadio Seguro”, un plan gubernamental que prometía acabar con la violencia, acercar a la familia y transportarnos en una nave mágica a esos estadios de los años 70′s tan añorados por los comentaristas deportivos. Detectores de metales, fiscalización exhaustiva de las barras, castigo a los nexos entre barras y dirigentes, ¡este plan lo tenía todo! Lo único que le faltaba era una pequeña pizca de sentido común. Lamentablemente, esa falencia nunca fue subsanada.

    A casi 2 años de su creación, se han registrado situaciones que rayan en lo absurdo, como requisar paraguas en un día lluvioso, quitar las banderas a los niños, o la recordada prohibición de ingreso a la “Bandita” de Magallanes. Es cierto, las barras bravas han quedado aisladas y los delincuentes que dicen ser hinchas perdieron gran parte de sus conexiones políticas, pero en el camino varios quedamos “heridos”. A los ojos de la autoridad, todos los hinchas del fútbol somos volcanes a punto de estallar, y debemos ser reprimidos antes que eso suceda.

    ¿Recuerdan el incidente que mencioné al principio? Sucedió en un partido de la Segunda División del fútbol chileno, en un mediodía dominical, con 2.800 espectadores y sin la presencia de hinchas visitantes (salvo por unos 15 o 20 miembros de las divisiones inferiores de Santiago Morning). Como ven, es urgente aunar criterios y atacar el verdadero problema, lo que difícilmente se concretará cuando Carabineros está concentrado quitando sandwiches y banderas.

    No todas las barras son bravas, no todos los hinchas somos parte de la barra y no todo futbolero es violento. Partiendo de esa base, los estadios podrán ser verdaderamente seguros.