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    13.06.2012

    Conce nuestro

    Hace unos 15 años, cuando la información de los libros de Historia sólo llegaba hasta el año 1970, mis compañeros de colegio solían relatar algunas anécdotas de sus vacaciones de verano. Hablaban de lo lindo que era Puerto Montt, que en Viña del Mar y Valparaíso habían mil panoramas, que Santiago era una ciudad enorme, etc., etc. Reconozco que sentía un poco de envidia (ya que nunca tuve familiares que vivieran tan lejos como para pasarme un verano entero con ellos), pero eventualmente prefería quedarme con la idea que mi ciudad también tiene su encanto. Mal que mal, Concepción nos otorga diariamente la posibilidad de recorrer la historia de nuestras vidas.

    Sin ir más lejos, el temporal de ayer me encontró en pleno centro penquista. Inmediatamente, pensé en ir de galería en galería para capear la lluvia. Este acto casi inconsciente constituye una parte importante de nuestra identidad. Aunque las galerías comerciales están lejos de ser una invención local, su adopción luego del Terremoto de 1939 hizo que la lluvia no fuera un impedimento absoluto para visitar la ciudad, aspecto importante para el comercio de una zona donde las precipitaciones son frecuentes la mayor parte del año.

    El ciclo de los “Martes Cinematográficos“ en el Teatro Concepción debe ser el último vestigio del pasado cinéfilo de la ciudad. Si bien a estas alturas los conceptos de “cine” y “mall” parecen ser sinónimos, las películas exhibidas semana a semana en el Teatro nos revelan que aun quedan espectadores para los que la calidad de la trama es tanto o más importante que los efectos especiales o las salas 3D. Sin duda, resulta ser un panorama muy recomendable para los martes de invierno.

    Lugares como la Sala Universitaria (frente a la Plaza, en la galería del mismo nombre), “El Caballo Verde“, librerías “El Caribe” o “Paz”, las compraventas de libros usados y otras variadas actividades que se realizan en la zona (ver 1, 2, 3, 4 ó 5) son algunos ejemplos que definen a una ciudad muchas veces catalogada como “fome” o “gris”, pero que se resiste a abandonar su identidad cultural. Es cierto, Concepción no tiene la mística porteña, la belleza de una ciudad-jardín, ni la monstruosidad grandiosidad de una megalópolis, pero es una gran ciudad después de todo. Sólo hay que encontrarle la vuelta…