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    04.07.2012

    Pasión de multitudes S.A.

    Visión romántica

    El fútbol es “pasión de multitudes”. Para la mayor parte del planeta, lo que comenzó como un simple pasatiempo de algunos marinos ingleses, hoy representa una verdadera lucha por el éxito y la supremacía, donde cualquier persona puede participar y ganar. Sin ir más lejos, prácticamente todos los equipos de nuestra región son de inspiración popular u obrera, lo que no sucede en otro tipo de deportes.

    En el fondo, lo que hace que el fútbol aún sea atractivo para la gente es esa sensación de igualdad que lo rodea. A diferencia de la vida cotidiana, acá no se triunfa sólo con el nombre. Si haces bien tu trabajo y la otra parte no, ganas. ¡Así de simple! Bien lo sabemos en la zona, donde hemos presenciado grandes campañas de equipos regionales (lo que ha derivado en más de algún trofeo de campeón), que han asombrado a propios y extraños con su alto desempeño.

    Este deporte sorprende y entretiene, a la vez que une a las personas. Sin duda, el fútbol es genial.

     

    Visión mercantil

    El fútbol es “pasión de multitudes”. Esa frase, por más que sea cliché, es la pura y santa verdad. Por lo mismo, es lógico deducir que existe una gran oportunidad de generar ganancias económicas con una pasión que interese a las multitudes. Es sabido que, en la lucha por el éxito y la supremacía, hay muchos personajes de dudosa reputación, ansiosos por obtener algún porcentaje de aquel farandulero humilde futbolista que se abre paso hacia la cima. En el ámbito regional, varios clubes han sufrido el azote de estos verdaderos ladrones “empresarios del fútbol”, hasta el punto de sufrir embargos, suspensiones deportivas ó tragicómicas divisiones internas.

    En el fondo, lo que hace que el fútbol aún sea atractivo para la gente es el sentimiento de pertenencia que produce. Al igual que el barrio en que creciste o la casa en la que te criaste, el fútbol es parte de un pasado que se añora, pero que no volverá. El problema es que, en este caso, esa pertenencia es una ilusión, porque el club ya no es tuyo, sino del que lo compró. Y el nuevo dueño, lógicamente, toma las decisiones que quiera con respecto a su compra. ¿Esto es malo? Legalmente no, porque la ley lo avala. Tampoco económicamente, si la gestión arroja números azules. Sin embargo, esta “nueva forma de gobernar al fútbol” es algo éticamente discutible.

    Este deporte te engaña, haciéndote creer que eres parte de algo que, en realidad, está lejos de pertenecerte. Sin duda, una trampa genial.

     

    Visión concreta

    Ya sea en política, religión, música o farándula, las multitudes suelen actuar de manera más pasional que racional. De allí se desprende que el fútbol se siga considerando como una “pasión de multitudes”, a pesar que la multitud perdió el verdadero poder de su pasión hace mucho tiempo. El hecho de ser un deporte entretenido e impredecible ayuda al futbol a conservar el fanatismo que despertó en la gente desde principios del siglo XX (salvo para el común de los gringos, que no pierden oportunidad para denigrar al “soccer”, seguramente impactados al verse superados por Uruguay o Camerún).

    La realidad nacional es de dulce y agraz. Las “Sociedades Anónimas Deportivas Profesionales” (SADP) tienen cerca de una década de historia, y en todo este tiempo hemos presenciado casos exitosos como el de “Azul-Azul”, la administración de Jorge Segovia en Unión Española o la concesionaria de O’Higgins de Rancagua. En estos 3 casos, se ha transitado desde un pasado lleno de deudas e incumplimientos a un presente de administración responsable tanto económica como deportivamente. En contraste, la concesionaria “Blanco y Negro” es un verdadero ejemplo de ineficiencia, representando todo lo que no debe hacerse en las SADP. Regionalmente, si bien vemos algunas inversiones e intentos por generar una estructura de trabajo, esto no se ha trasuntado a resultados deportivos exitosos. Inevitablemente, ante la falta de éxitos de una SADP, el hincha se pregunta: ¿Cuál es la prioridad, el fútbol o el negocio?

    Podemos estar o no de acuerdo en el extremo fanatismo de la gente, pero es un hecho innegable que, pese a la evidente pérdida de su inocencia, este deporte sigue entreteniendo y sorprendiendo. Sin embargo, los que nos consideramos futboleros no debemos engañarnos y pensar que el fútbol es sólo ir al estadio, gritar hasta quedar afónico y celebrar triunfos. Si bien actualmente no tenemos el poder, debemos pensar que los clubes siguen siendo nuestros, por amor, convicción y constancia.

    El dinero va y viene, pero el hincha queda.