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    11.07.2012

    La vida a los 20

    Hace algunos días, en una de nuestras cotidianas charlas existenciales, una amiga me pregunto:

    - ¿Cómo te ves cuando cumplas 40 años?

    Si bien no era una pregunta muy difícil, se me hizo bastante complicada. De la nada, traté de armar una respuesta más o menos decente. El resultado se relacionaba con la esperanza de encontrar un trabajo estable y la oportunidad de cursar algún tipo de especialización (queda en evidencia que no fue la respuesta más brillante del universo). Entendiendo que mi respuesta era vaga, ambigua y absolutamente tradicional, mi amiga lanzó una nueva pregunta:

    - Pero… ¿Te ves feliz haciendo todo eso?

    Honestamente, no pude ponerme en ese escenario. A lo sumo respondí que esperaba estar “tranquilo”. La pregunta me descolocó, porque entendí que en ese simple conjunto de proyectos, ideas y sueños llamado “mi futuro ideal”, la felicidad no estaba asegurada. A pesar de ello, no estaba sorprendido, porque cuando estás en los 20, nada es seguro.

    Convengamos que el veinteañero clásico debe transitar desde la adolescencia (que no es más que una niñez con algunos cambios hormonales) hasta la plena adultez en el espacio de 1 década. En el transcurso del camino, es necesario cumplir con expectativas familiares, académicas, laborales y, quizás lo más importante y difícil de superar, las propias expectativas. Y todo esto debe hacerse partiendo de cero, ya que (salvo excepciones) a los 19 años se depende de la familia casi para todo. En resumen, corres una carrera contra el mundo, sin mayores armas que la fe en tus capacidades.

    Al pasar los años, se van conociendo muchas personas y distintas realidades que hacen que cambie la forma en que se aprecia la vida. De a poco, te vas dando cuenta que tu misión en el mundo va más allá de satisfacer anhelos de otras personas. Sin embargo, para que esto ocurra, hay ciertas experiencias que no basta con que te las cuenten, sino que debes vivirlas. Imagino que a eso le llaman “madurar”.

    La vida a los 20 no es como la pintan en televisión. Obviamente se carretea, hay relajo y se pasa bien “sin mayores consecuencias”, pero hay muchos aspectos que son pasados por alto, como la presión de las expectativas, la falta de confianza en sí mismo y la pobre visión que la sociedad tiene de nosotros. Alguna vez arme una frase que pretende explicar esta idea: “A los 20, la vida es como transitar por un sendero confuso en una noche oscura e intimidante”. ¿Cursi? Puede ser, pero no por ello la frase deja de tener razón.