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    09.08.2012

    El ’88 y la generación Yingo

    El contraste de personas que había en el Aula Magna de la Universidad del Bio-Bío era bastante curioso, pero a la vez justificable. Si el preestreno de una película ya despierta cierto interés, que su argumento se base en el desarrollo de la franja televisiva del “No” y el posterior Plebiscito de 1988 es un factor capaz de convocar a un público diverso y masivo. ¿Por qué se da esta situación en un país donde abundan la memoria corta y frases como “no estoy ni ahí”? La única explicación que se me ocurre radica en algo que nos pasa a todos: Hay ciertos momentos en la vida que te marcan para siempre.

    Vivimos en un país donde, sumando y restando, no se registran demasiados cambios (¿será por eso que cuando algún sector demuestra voluntad para cambiar radicalmente las cosas, se pudre todo?). La “generación de las flores”, inspirada entre otros por el Ché Guevara y Mayo del ’68, trató de hacer su propia revolución “a la chilena”, fracasando por errores propios y ajenos. Luego, la generación del ’88, guiada por aquellos que parecían haber aprendido de sus errores, lograron triunfar y devolverle a Chile la democracia perdida. Sin embargo, su triunfo fue efímero, ya que la democracia no trajo consigo la “alegría” prometida.

    Entonces, si luego de 1988 no se cumplió lo que se prometió, ¿dónde está ese momento tan importante? En realidad, la importancia no está en los resultados, sino en la valentía de intentar recorrer un camino distinto. El electorado de la época, en gran parte compuesto por jóvenes, reconoció que el país no estaba bien y decidió empezar una nueva vida, con una democracia (más o menos) verdadera.

    Hoy, el legado de 1988 no está tan perdido como muchos piensan. De hecho, muchos de los asistentes al evento citado al principio eran bebés (me incluyo en ese grupo) o ni siquiera habían nacido para la época. No obstante, la búsqueda de mayor igualdad y libertad es algo común para todas las generaciones, por lo que es fácil sentirse identificado con ese acontecimiento.

    A fin de cuentas, parece ser que la subvalorada “generación Yingo” no es tan idiota ni indolente. El año y medio de protestas estudiantiles lo corrobora.