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    15.08.2012

    Cinco errores que un candidato no debería cometer

    Como ya es sabido, las elecciones municipales de Octubre próximo tendrán como novedad el estreno de la inscripción automática y el voto voluntario. Ante este escenario, y como una manera de que se peguen los alcachofazos de una vez por todas ayudar a los candidatos a mejorar su desempeño, pensé en describir 5 errores en los que podrían caer durante la campaña. Comenzamos con…

     

    1)      Asumir que todos los nuevos electores tendrán 18 años. Luego del Plebiscito de 1988, el interés por la política disminuyó considerablemente en el país. Es por ello que en las próximas elecciones de Octubre seguramente veremos muchas personas que no han participado electoralmente en los últimos 20 años, a pesar de reunir todos los requisitos para hacerlo. Si los candidatos caen en el error de concentrarse sólo en “los jóvenes”, estarán obviando un gran sector del nuevo electorado.

     

    2)      Suponer que las redes sociales son “mágicas”. El político promedio piensa que Twitter y Facebook bastan y sobran para acercarse a la ciudadanía. Sin embargo, está comprobado que las redes sociales por sí solas no sirven para ganarse al electorado. 1 seguidor no es lo mismo que 1 voto, y 50 “me gusta” en una publicación no hacen que uno sea más simpático. Independiente de quien publique en las cuentas (el propio candidato o su equipo de campaña), la idea debe ser la misma: Dar a conocer las propuestas, recibir críticas, sugerencias o aportes que realicen otras personas y estar siempre dispuesto al diálogo.

     

    3)      Muchas luces, pocas propuestas. Si hay algo que le enferma a la persona que no quiso inscribirse en los registros electorales es ver el despilfarro de recursos a la hora de las campañas electorales. Gigantografías con caritas sonrientes, murallas pintadas con todos los apellidos existentes en la Guía de Teléfonos, panfletos, las ya famosas “palomas”, riñas entre barristas mercenarios brigadistas voluntarios de distintas candidaturas, etc., etc. “Es que tenemos que dar a conocer nuestra candidatura”, podría decir el político común y corriente. Sin embargo, una candidatura no puede basarse en sonrisas, colores y slogans obvios. Si no hay una propuesta sólida detrás, la máscara terminará por caerse más temprano que tarde.

     

    4)      Utilizar un lema de campaña vacío y trillado. Esto podría haber pertenecido al punto anterior, pero quise darle mayor importancia. Se supone que el lema de campaña debe resumir en una frase lo que se quiere lograr con la candidatura, no se trata sólo de usar palabras que suenen bonitas (como “esperanza”, “cambio” o “fuerza”). A modo de ejemplo, estamos claros que aún esperamos a que llegue “la alegría”, pero en su momento la mayoría entendió que ese concepto representaba el retorno de la democracia. Señor candidato, no subestime a su electorado.

     

    5)      Quedar en deuda con los electores. A diferencia de lo que puede ocurrir con un senador o diputado, el trabajo municipal es más concreto y cercano a la gente. Es por ello que resulta complicado retener votos cuando no se concretaron las promesas de campaña. De hecho, si consideramos los 2 puntos anteriores, puede ser perjudicial apelar a típicas frases electorales como “más trabajo”, “mejor salud” o “por una educación de calidad”, en letras grandes y a todo color, considerando que el pésimo estado financiero de muchos municipios no permitiría concretar los compromisos de campaña. Dicen que el que mucho abarca, poco aprieta, así que no es necesario prometer la luna y las estrellas si sólo se planea arreglar una que otra vereda agrietada.