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    30.08.2012

    Elecciones: La vida real en una juguera

    Época de elecciones, tiempo de ofertones y liquidación de sueños e ideales a mitad de precio. En medio de la vorágine (siempre quise usar esa palabra) electoral, es fácil pensar que la política es un mundo aparte, con prácticas ajenas a las que ocupamos el resto de los mortales. No negaré que, a veces, los “honorables” necesitan un cargamento entero un poco de sentido común, ética y decencia, pero, si hilamos fino, quizás veamos que este período electoral (con todos los políticos incluidos) es un simple reflejo de la vida real.

    Por ejemplo, tenemos al típico “cabrón del curso” (ahora que está de moda el bullying, ¿le dirán “bully” a ese tipo?), esa persona a la que no le tiembla la mano para ejercer su poder sobre otras, ya sea como amigo o enemigo. Puede gustarte o no, pero el tipo (o tipa) confía en sí mismo, es fuerte y tiene mucha influencia sobre los demás. Políticamente hablando, en la zona tenemos unos cuantos “cabrones”, que, ya sea personalmente o a través de terceros, pondrán a prueba su poder en Octubre.

    Luego, está “el héroe de la película”. Como todos sabemos, uno de los típicos protagonistas en las películas gringas es aquel personaje tímido, reservado, que no tiene nada y que lo quiere todo, compitiendo en desiguales condiciones frente a un antagonista con mayores recursos. En las películas, el tipo del que no se espera nada le saca la cresta al capitán del equipo de fútbol americano, logra ganar el amor de una bella porrista y termina siendo vitoreado por toda la secundaria. En la vida real, el tipo del que no se espera nada termina confirmando esas pesimistas expectativas. Y en política, si bien suceden milagros, se tiende a imitar a la vida real.

    Hay muchos otros personajes que pueden ser incluidos en esta lista, pero quisiera finalizar con uno: el elector. En la vida real, el elector se queja por los excesivos gastos en publicidad, el pintarrajeo de las murallas, las incómodas palomas a orilla de la calle o los aburridos jingles de campaña. En la elección, el elector se olvida de sus múltiples quejas y, casi inconscientemente, vota por ese candidato que apareció más tiempo en los medios de comunicación. ¿En que se parece esto a la vida real? En que, normalmente, el doble estándar es amo y señor de la realidad.