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    29.11.2012

    El eje del mall

    Confieso que aún no he visitado los nuevos malls de Concepción. Y no por falta de tiempo, aversión a la modernidad o idealismos “anti-sistema”, sino porque, honestamente, la idea de un “nuevo mall” me parece poco estimulante y algo contradictoria. ¿Qué novedad puede haber en un esquema que se repite una y otra vez?

    Este tema no es sencillo de analizar. Por un lado, tenemos al alicaído comercio penquista, que nunca pudo recuperarse completamente luego del gran golpe que le propinó Mall Plaza del Trébol cuando abrió sus puertas hace casi 20 años. En la otra esquina, aparecen 2 grandes conglomerados económicos que, por medio de sus inversiones comerciales, prometen impulsar zonas de la ciudad que han sido desaprovechadas por décadas.

    ¿Echamos abajo los malls? Imposible. Debemos aceptar que, en la actualidad,  existe una cantidad importante de personas que prefiere evitar el centro de Concepción, realizando muchas de sus actividades en la periferia (Trébol, San Pedro). No sería justo obligar a la gente a volver al centro si no desean hacerlo.

    ¿Construimos un mall en cada barrio? Eso sería terrible. Una eventual “sobrepoblación” de malls significaría una derrota tremenda para la ciudad, que vería cómo su frágil patrimonio arquitectónico y social sufre una nueva paliza. Cada barrio de Concepción tiene su propia identidad, la que debería ser potenciada por sus autoridades, y no arrasada por intereses privados.

    ¿La solución? Lo hecho, hecho está. Hay que aprender a convivir con los malls, valorar el hecho que entreguen trabajo en una zona que siempre ocupa los primeros lugares en los rankings de cesantía, y disfrutar de los servicios que entregan, pero sin olvidar que el comercio detallista aún existe y también representa un gran aporte al desarrollo de Concepción. En este punto, las autoridades políticas son las llamadas a ordenar la errática y mercantilista expansión urbana penquista, pero las autoridades educacionales también tienen mucho que decir. No me cabe en la cabeza que una ciudad que se dice “universitaria” no tenga una mísera comisión que reúna a las universidades, institutos y CFT de la Intercomuna, para aunar criterios académicos y asesorar a las personas que deciden sobre estos temas. Así, se lograría cambiar o al menos matizar la realidad actual, donde la ciudad crece por una voluntad más privada que pública.

    Concepción es una gran ciudad, pero podría ser mucho mejor si valoráramos lo que somos y lo que tenemos.