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    02.05.2013

    El primer trabajo

    La primera impresión que me llevé fue tremenda. Abrí la puerta de la oficina y no alcancé a dar 2 pasos cuando sentí que esos fardos de papeles y carpetas se me venían encima, al más puro estilo de una avalancha. Luego, me presentaron al resto de las personas que trabajaban en el departamento y, como no había computador disponible ese día, procedieron a pasarme una copia del Reglamento en el que se apoyaba todo el trabajo de la unidad. “Léelo, y si tienes alguna duda, me preguntas”, dijo mi nueva jefa. Así empezó mi primer trabajo como Ingeniero Constructor.

    Reconozco que era complicado comentar lo que hacía, porque me desempeñaba en un área que pocos conocen, a pesar de su importancia en el rubro. A fin de cuentas, la frase “es una pega administrativa” parecía explicarlo todo. Y, por cierto, se trataba de una simple pega administrativa, pero eventualmente resultó ser más que eso. Lo simple pasó a ser complejo casi desde el principio, e incluso fue, por momentos, imposible. Como muchas veces en la vida cuando se presentan dificultades, las ganas de dejarlo todo botado eran enormes. La inseguridad suele jugarnos en contra, pero sólo cuando le damos un espacio para crecer.

    Casi no me di cuenta cuando llegó la sorpresiva etapa final del trabajo. De pensar que era un verdadero lastre para la oficina, pasé a “creerme el cuento”, luego de recibir felicitaciones y reconocimientos por la labor realizada. Por dentro, sabia que no había cumplido mis propias expectativas, pero los comentarios recibidos hicieron que comprendiera que las personas valoran el esfuerzo que demuestras en pos de conseguir un objetivo, aun cuando no lo logres.

    Así como un día llegué “por la ventana”, esa última tarde sentí que me iba por la puerta ancha de la oficina. Mi primer trabajo profesional resultó ser una mezcla de inseguridades, errores y aciertos, y agradezco que haya sido de esa manera. Como dicen por ahí, en la “Universidad de la Vida” nunca se deja de aprender.