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    20.06.2013

    Paseando por Barros

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    Concepción es una ciudad de contrastes. Aborrecemos el centralismo, pero a la vez somos centralistas. El río Biobío es parte de nuestra identidad, a pesar que llevamos siglos evitando su presencia. La historia de Chile refleja el esfuerzo y sacrificio de muchos penquistas, y aún así, tenemos una importante área verde bautizada como “Parque Central” y un aeropuerto que aún no tiene nombre oficial.

    En medio de estas contradicciones, la calle Barros Arana parece seguir con su agitada vida cotidiana, sin importarle demasiado lo que pase en el mundo exterior. Esta calle, antiguamente llamada “Comercio”, ha sido testigo privilegiado de los vaivenes de la ciudad, pasando de ser una arteria mayormente vehicular a cumplir la función de bulevar peatonal que conocemos hoy en día. A pesar de la admirable renovación experimentada en la última década, Barros Arana también es conocida por varios “atentados” contra el patrimonio penquista, muchos de ellos efectos colaterales de la modernidad.

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     Casa Esquerré. Hoy, solo se conserva su fachada.

     

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    Teatro Universidad de Concepción. A pesar de la hermosa fachada lateral que pudo rescatarse, el nuevo Mall del Centro no tuvo intención alguna en integrarla a su proyecto, convirtiéndola en un verdadero lastre arquitectónico. 

     

    Por supuesto, no todo es negativo. Teniendo en cuenta que vivimos en una ciudad donde el apocalipsis parece visitarnos cada 20 o 30 años, es justo reconocer los esfuerzos por rescatar al menos alguna parte del patrimonio penquista, para que siga siendo parte de la vida urbana.

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    Palacio Hirmas. Entre incendios y terremotos, es increíble que luzca así hoy en día.

     

    Y, para terminar, está el caso del Palacio Castellón. Por más que lo intenté, no pude decidir si es un buen o mal ejemplo. Claro, se salvó la totalidad de la fachada, pero ¿era necesario agregar un tercer piso que no tiene nada que ver con el resto de la edificación? Para más remate, las tristemente célebres “tulipas” hacen que el palacio no se vea bien desde ningún ángulo.

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    En resumen, el presente de Concepción no es distinto del de otras ciudades chilenas cuya historia parece estar a merced de intereses privados. Sin embargo, si hay algo que nos enorgullece es nuestra identidad cultural, y eso significa más que la alegre vida universitaria o ser “la cuna del Rock”. Por lo mismo, una ciudad cultural debe preservar su patrimonio, y no dejar que empresas de retail lo hagan por ella. De otra forma, Concepción será “la ciudad de las fachadas”.