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    04.05.2014

    ¿Quiénes somos los penquistas?

    Pencópolis
    (Por Daniel Chávez)

    De un tiempo a esta parte, la frase “Concepción no es una ciudad turística” se ha transformado en una de mis tantas muletillas. Personalmente, la uso para justificar la abúlica y gris apariencia penquista, característica de los días de invierno y fácilmente perceptible por visitantes de lugares más cosmopolitas. Sin embargo, a pesar de su simpleza, creo que esa frase va más allá de temas relativos al turismo, abriendo bastantes interrogantes con respecto a quiénes somos y qué clase de ciudad deseamos formar. ¿Estamos dispuestos a cambiar, o nos contentaremos con ser “la 2ª ciudad de Chile” hasta el final de los tiempos?

    Reconozco la dificultad de ser crítico con un lugar que ha servido como escenario para gran parte de mis vivencias y al que siempre he considerado mi hogar, lo que no ha sido impedimento para expresar mi descontento en ocasiones anteriores (ver 1, ver 2, ver 3). No obstante, esta columna en particular se basa en las opiniones de personas que arribaron a Concepción desde diversos lugares y por variados motivos, lo que hace que el conjunto de sus ideas apunten hacia algo más profundo que la demora en la construcción de un estadio o de un puente.

    Al ojo forastero, el penquista parece ser una persona amable y, a la vez, difícil de descifrar. Es decir, podemos ayudar a dar con una dirección o decir qué taxibús sirve para llegar a destino, pero siempre está presente una cierta distancia con respecto a la otra persona. Así es también Concepción, una ciudad de aspecto universitario, cultural e incluso bohemio, pero cuyo contexto nos dice que hay un importante trecho entre lo que se ve y lo que en realidad existe. Para resumir esta idea, tomaré prestada una frase que escuché hace poco y que me pareció genial: “Concepción es una ciudad de varias capas”. Por el lado del visitante, éste siempre tendrá la opción de quedarse con su primera impresión, o también puede dedicarse a analizar capa por capa, hasta encontrar aquella que llene su gusto. Por nuestro lado, lo interpreto como la disyuntiva entre conformarnos con títulos honoríficos como “la cuna del rock chileno” o “la capital del sur de Chile” y seguir en nuestro estado de eterna quietud, o seguir escarbando hasta encontrar la manera de potenciar nuestras fortalezas y atacar las debilidades. Pasar de largo o empezar a cambiar.

    Por supuesto, hay muchas otras cosas a las que podría haberme referido, como la deficitaria oferta de actividades culturales (y su aún más deficitaria demanda) y lugares de esparcimiento, o la búsqueda de una vida urbana más activa. Pero, de un modo u otro, todo se conecta con la idea de cómo los penquistas nos vemos a nosotros mismos y a la Pencópolis en su conjunto. Es cierto que no todo se ve mal desde afuera, si bien hay bastantes cosas por mejorar. El tema es si Concepción será capaz de encontrar las herramientas para cambiar su destino y convertirse en la urbe moderna, vibrante e integradora que siempre debió haber sido. Tarea pendiente para todos los que queremos a esta tierra, donde muere el Biobío y, a la vez, nacen nuestras esperanzas.