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    27.06.2013

    Amor a los ochenta

    carta

    Mis padres llevan 57 años de casados. Paso mucho tiempo con mis padres. Papá 84, mamá 79.

    De repente los escucho conversar a través de la pared que separa su habitación de mi taller, donde pinto pegada a una estufa. Porque… ustedes no saben lo difícil que es calefaccionar durante el invierno chilote una casa de más de 70 años, entera de madera con techos infinitamente altos. No es que sea difícil, es simplemente imposible. En realidad, el que se tiene que calefaccionar es uno mismo. Calor a la vena , en este caso a la pierna. Por eso es que una buena chilota nunca se saca la parka. El chaleco chilote y el gorro de lana no son un disfraz, son completamente necesarios.

    Bueno, figuro así: abrigada pintando y con una oreja que escucha a estos viejitos hablar antes de acostarse:

    -¡¡¡Leeeeleeeee!!!
    -¿Qué quieres, Egon?
    -Un beso- responde el tierno de mi papá.

    Y así cada día con sorpresas románticas pero muy simples, como del Día  de los Enamorados. No se cansan. La semana pasada bailaban vals en la cocina, hoy en la mañana cantaban una canción que no había oído en mi vida y que terminé cantando a la tercera vez. Hacen buen dúo, experimentan con sus voces, se lo toman muy en serio. Les sale bonito.

    Estos viejecillos se acercan un poco a como podría ser nuestra vejez, queridos cibernautas: tienen facebook, googlean los remedios que les recetan y ven a sus cantantes favoritos en YouTube y -obvio- googlearon la letra de la canción que querían cantar. “Cada vez que azota el viento”, se llamaba.

    Tengo amigos que dicen que sus papás son unos pesados, que como que no les gusta pasarlo bien… supongo que tengo mucha suerte. O quizás es por la cantidad de tiempo que paso con ellos, que me permite observarlos, porque tienen momentos buenos y momentos malos, como todo el mundo.

    Los que puedan y soportan a sus papás, les recomiendo que como que no quiere la cosa les tarareen una canción rancia, hasta la vieja más pesada y amargada se derrite con un bolero y se acuerda del amor ese que la dejó por neurótica por allá  por el año 1956…

    Canten y bailen con sus viejos, y me cuentan.