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    15.01.2014

    La redonda pasión en el Patio de Los Naranjos

    piñera

    A meses de la participación chilena en el Mundial de Brasil, no cabe duda que el fútbol será la noticia del año, a menos que alguna catástrofe de proporciones opaque al evento. Los asesores de La Moneda  (los que lleguen en marzo) conocen la implicancia vital que tendrá el campeonato para la mayoría de los chilenos, más aún si la prensa y el comercio se alinearán para sacar su provecho, ofertando horas de transmisión de ceacheis y liquidaciones mundialeras.

    Se espera también una avalancha de libros sobre el tema y las críticas del sector industrial por el déficit productivo durante los encuentros de la Roja. Los voceros de Gobierno, y los políticos en general, pedirán cordura y flexibilidad a los jefes para que sus empleados vean la aventura de Alexis Sánchez con tranquilidad. Los colegios y universidades suspenderán sus clases, y alumnos y estudiantes tendrán chipe libre para echar garabatos con naturalidad. No faltarán los intelectualoides que reprocharán al vulgo por su atención desmedida por el campeonato de fútbol. Hablarán desde su altura contra “el opio del pueblo que contribuye a su propia ignorancia”.

    Por esto y por más, en los meses venideros, el fútbol será “Materia de Estado”, se quiera o no. ¿Cuál será la estrategia de La Moneda para sacar el mejor partido de la participación del equipo de Sampaoli? Quizás no sea tan farandulera como lo ideado por el Gobierno de Sebastián Piñera con ocasión del pasado Mundial de Sudáfrica. El hombre de derecha -y gran parte de su gabinete- madrugó en la localidad de Dichato para ver junto a los damnificados del 27 de febrero el debut de Chile ante Honduras. Entre los connotados asistentes no estaba el Ministro Laurence Golborne. Porque a solo meses de ocupar el cargo, le fueron autorizadas vacaciones y acompañó a la selección chilena in situ… en Sudáfrica.

    En general, la relación entre el gobierno de turno y el fútbol chileno ha ido en aumento, en dirección proporcional al culto de la imagen y las encuestas de aprobación.
    Por ejemplo, Jorge Alessandri, un industrial sombrío y poco amigo de la fanfarria y circo (todo lo contrario a su padre Arturo) no tuvo paciencia con el deporte rey y jamás fue seguidor de equipo alguno. Paradójicamente, le tocó inaugurar el mayor evento futbolístico que ha tenido este país: el Mundial de 1962. Y si el fútbol le importaba menos que su calcetín derecho, tras el terremoto de Valdivia dos años antes, su interés por el campamento mundial fue casi invisible. Austero hasta en las palabras, la inauguración del evento en el Estadio Nacional fue breve y protocolar: suficiente para él.

    Su predecesor no tuvo problemas en colaborar con el equipo de sus amores, Universidad Católica, en la adquisición de sus campos deportivos. Eduardo Frei Montalva era el socio nº 203 del club, según detalló el sitio Ferplei. Durante su mandato le correspondió aguantar la década dorada de la Universidad de Chile y el Ballet Azul, arruinándole varias tardes al equipo cruzado. Eso sí, cuando la Reina Isabel II de Inglaterra visitó el país, una de las actividades oficiales con que Frei agasajó a la visita fue un clásico universitario en el Estadio Nacional.

    En tanto, al líder de la Unidad Popular le correspondió la campaña de Colo-Colo en la Libertadores de 1973. Los goles de Caszely, Chamaco Valdés, entre otros, eran aire fresco en un país que se derrumbaba producto de una crisis social y económica sin precedentes. El periodista Urrutia O’Nell mantiene la teoría de que los triunfos del Colo-Colo ’73 retrasaron el Golpe de Estado. Incluso, en pleno torneo, Allende le habría dicho a las figuras albas, medio en serio, medio en broma, que sus triunfos daban respiro a la revolución chilena. Así se menciona en el libro El Origen de una Pasión, de Guidotti.

    Sin embargo, al igual que prácticamente todos los presidentes chilenos, el Chicho no era colocolino. Salvador Allende era hincha de Everton y participó, con carnet y todo, en su barra juvenil. Ironías del destino, su verdugo, Augusto Pinochet era un tibio seguidor del archirrival de los viñamarinos: Santiago Wanderers. A pesar de este afecto porteño, la dictadura de Pinochet, a través de la DIGEDER, Televisión Nacional de Chile, entre otros; proporcionó ayuda directa a Colo-Colo, en cuanto a contrataciones estelares y salvataje económico.

    El presidente albo por aquellos años, (aunque ligado sentimentalmente a la Unión Española) Alejandro Ascui, nombró al dictador como Presidente Honorario de Colo-Colo, tal como River Plate hizo algo similar con Videla y sus colegas de la Junta Militar argentina. Claro está, eso sí, que ningún jugador del equipo albo fue a agradecerle la colaboración en el homenaje en el cerro de Chacarillas, en donde sí estaban los futbolistas Nelson Sanhueza y, el ídolo azul, Jorge Socias.

    En 1982, la Selección Chilena al mando de Luis Santibáñez clasificaba invicta al Mundial de España. Los hombres del gobierno aprovecharon la efervescencia popular del debut de Chile en España para amortiguar en algo la crisis económica iniciada ese año, anunciando entre el penal perdido de Caszely y la goleada de los alemanes, la devaluación del peso chileno.

    Ocho años después fue el turno de Patricio Aylwin. A pesar de confesarse como hincha de Universidad de Chile, fundamentalmente debido a que esta era su alma mater, no tuvo mayor interés en el fútbol. Más aún si mientras fue Presidente se deshizo en recuerdos del Pulpo Simián y del Sapo Livingstone, futbolistas del balompié nacional de los años cuarenta y cincuenta… Figuras que le deslumbraron ¡medio siglo antes!

    Contrariamente, Frei Ruiz-Tagle era fanático de la Universidad de Chile y aprovechó como pocos el asiento reservado para él en el Estadio Nacional. Según el populacho, con Frei habituado a las giras al extranjero, el himno de la U, el clásico “Romántico Viajero” le venía de cajón. No obstante, la Crisis Asiática de fin de siglo hizo que el hombre de la Democracia Cristiana perdiera un tanto la mirada en el equipo nacional de Nelson Acosta en 1998.

    Ricardo Lagos también era seguidor de la U, pero no despuntó en sus presencias en el estadio o hablando del balón.

    En tanto, Michelle Bachelet es hija del General Alberto Bachelet, vicepresidente hasta el 11 de septiembre de 1973 del Club de Deportes Aviación, el cual desapareció tras sus problemas económicos a principios de los años ochenta. Sin confesar sentimientos para alguna camiseta en especial, Michelle ha mantenido una relación mediática destacada con el fútbol y con la Selección Chilena. Ya como ex mandataria acompañó íntimamente al equipo comandado por Marcelo Bielsa en pleno campeonato de Sudáfrica. Pero, el hincha colocolino no olvida su presencia en la final de la Copa Sudamericana en 2006. El equipo popular perdió en el Estadio Nacional ante el Pachuca mexicano, y Bachelet fue conocida como yeta de la ocasión.

    Finalmente, los amores futbolísticos de Sebastián Piñera se entrecruzan con sus intereses económicos y políticos. En la década de los noventa se declaraba como hincha de la Universidad Católica, en tanto, a principios de nuestro siglo se aparecía en el Estadio Playa Ancha alentando a Santiago Wanderers. Una foto junto a su hermano Miguel en compañía de una banderita verde lo delata. Una vez que se cayó su candidatura a senador por el litoral de la Quinta Región, nunca más se le vio en el puerto. Media década después confesaba un cariño sin par por Colo-Colo desde su sillón en el directorio de Blanco y Negro. Si el amor por una mujer es voluble, también puede serlo en el estadio, ¿no?

    Y ni hablar de la relación de Piñera con la Selección Chilena y Marcelo Bielsa. Hay quienes dicen que en ese momento se inició el declive en la popularidad del mandatario.
    Hoy sabemos que la mandataria electa tiene ventaja sobre Piñera en cuanto a simpatía popular. ¿Podrá sostenerla si Chile no tiene un buen papel en el país de la samba? Y ¿qué métodos idearán este año los asesores de Michelle Bachelet para sacar el mayor provecho político de la justa mundialera? Las predicciones están abiertas. Y el hambre por circo abunda. ¡Juegue!