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    11.02.2014

    La Libertadores

    libertadores

    Una copa y cinco subcampeonatos, eso expresa la estadística chilena tras cincuenta y cuatro versiones de la Copa Libertadores de América. Y en el transcurso se dieron algunas cosas paradójicas. Hay jugadores chilenos como Oscar Wirth, Enzo Escobar y Mario Soto, que jugaron y perdieron tres finales continentales, en cambio, otros se llenaron de gloria con solo asomarse en el plantel ganador, sin siquiera jugar. Aníbal Valdivia no llegaba a la mayoría de edad para la final entre Colo-Colo y Olimpia en 1991 y su timidez juvenil le impidió reclamar su legitima medalla de campeón, la que fue robada por un dirigente albo.

    A pesar de la escuálida cosecha de triunfos nacionales, Chile y la Copa Libertadores están muy emparentados. Se cuenta que el torneo tuvo su origen en 1948, gracias al entusiasmo de un dirigente que ofrecía empanadas y cervezas a cambio de votos para las elecciones albas. Robinson Álvarez, presidente de Colo-Colo, organizó el primer Campeonato de Campeones sudamericanos. Para el desaparecido periodista Renato González, el torneo jugado en el Estadio Nacional y que coronó como campeón a Vasco Da Gama, sirvió de inspiración para ¡la Champions League! González contaba que “ese campeonato encontró al periodista francés Gabriel Hannot visitándonos y éste captó la idea de Robinson Álvarez inmediatamente. De regreso a su país comenzó a trabajar  para que se organizara la “Copa Europea de Clubes Campeones”, que se convertiría después en una de las competencias más importantes del fútbol del Viejo Mundo.

    Doce años después, “copiando a los europeos que antes habían copiado a los chilenos” -decía González- la Conmebol decidió hacerse cargo del Campeonato de Campeones. “En 1965, por presión de los dirigentes uruguayos, se produjo una modificación: quedaron incluidos en la competición los subcampeones (…) Y se llamó Copa Libertadores de América”. Esto, tras desechar los nombres en solitario de próceres como Bolívar, San Martín y O’Higgins.

    Para refrescar la memoria, recordemos algunas perlas chilenas…

    En la copa de 1962, Universidad Católica sucumbió de visita ante Emelec por siete a dos. Sin embargo, por secretaría, los puntos se irían a Santiago al descubrirse que los ecuatorianos habían armado un dream team con elementos de otros clubes. En la oportunidad, se identificaron a siete futbolistas “galletas”.

    En 1970, Universidad de Chile definía en un tercer partido su paso a semifinales ante Nacional de Uruguay. Recordó la revista Triunfo, que “el azul Rubén Marcos, desgarrado y todo le pidió a Ulises Ramos (entrenador) que lo pusiera en la cancha para provocar la expulsión del impasable “Cococho” Álvarez. Tanto lo insultó, agarró y hostigó Marcos, que el negro, aburrido le dio un “combo” de aquellos. ¿Qué pasó? Se fueron los dos expulsados. “Listo, profe”, dijo el chileno. La “U” ganó 2-1 y pasó a semifinales…”.

    Es difícil no sospechar de algún arreglo en la final de 1973. El defensa colocolino Rafael González rememoraba que en el partido final en Montevideo, “algunos jugadores de Independiente le gritaban desesperados al árbitro: “¡Che, referí, acordate de los diez mil dólares!”. Su compañero Sergio Messen se enteró que “la terna de los árbitros estaba sobornada en las tres finales con Independiente (…) cada uno cobró 33 mil dólares”. Chamaco Valdés agregaba que “antes de jugar en Avellaneda, dos ex jugadores de Independiente que estuvieron en Colo-Colo, Mario Rodríguez y Raúl Decaria, nos anticiparon que los árbitros se aparecerían en nuestro hotel para ser sobornados. Íbamos a hacer una “vaca” en el plantel, pero el presidente Héctor Gálvez se opuso. La terna de jueces llegó, esperó y al ver que no pasaba nada, se fue”.

    La segunda final de Unión Española e Independiente (1975), no estuvo exento de bravuras. El juez decidía en el entretiempo suspender el partido “por falta de garantías”, tras ser agredido por la hinchada argentina. La resolución referil convertía a los hispanos en campeones. La criminal presión de la dirigencia argentina en el camarín referil hizo dar marcha atrás al árbitro, quien volvió a poner la pelota al suelo. “Polo” Vallejos señaló que al juez, poco más, lo trajeron en andas a la cancha. En el forzado segundo tiempo Independiente ganó a Unión, y proyectó un partido de definición con nefasto resultado.

    En 1987, Colo-Colo visitaba al Guaraní de Sao Paulo. El partido se retrasó, pues el chofer que trasladaba al plantel chileno se “perdió” camino al estadio. Esa vez, los albos fueron comprensivos. No ocurrió igual con el plantel de Deportivo Cali en 1999 cuando, al enfrentar al mismo Colo-Colo, el intrépido chofer intentó usar la misma artimaña. Los cafeteros notaron la triquiñuela y aplicaron violencia en el conductor, quien recobró la memoria al instante.

    Tras conquistar la Libertadores, Colo-Colo debía enfrentar días después a Universidad Católica por el campeonato nacional. Los cruzados, vivos, no quisieron modificar el día del encuentro, para aprovechar el desgaste del campeón. Pero Colo-Colo jugaba a gran nivel y, los de la franja perecieron por cuatro a uno. Antes, el presidente de los cruzados, Alfonso Swett, presumía que los iban “a pillar cansaditos”.

    En el 2001, Concepción buscaba salvar el año con el torneo continental. La boca de la dirigencia penquista anunciaba la venta de 37.500 entradas para el debut. Un despropósito. Lo cierto es que en el Chile-Brasil de 2004, el Municipal de Collao alcanzó su capacidad máxima al controlar 30.000 espectadores, pero contando hasta a los pasajeros del terminal de buses ubicado al lado del estadio mundialista…

    Y la frase con la que Sebastián Piñera dejaba en 2010 su lugar como accionista de Blanco y Negro, mostraba lo distraído que estaban él y sus compañeros en el directorio: “Colo-Colo es el mejor equipo del mundo y va a ganar la Copa Libertadores”… No diremos nada, salvo desearle mejor suerte para este año a Unión Española, Universidad de Chile y O’Higgins.