Invita a tus amigos a usar nuestra aplicación

Usan la aplicación de soychile.cl

    14.02.2014

    Otra vez la bengala

    bengala

    A pesar de la sanción de la Conmebol a la Universidad de Chile por el uso de bengalas en el Estadio Nacional, el clásico sordo de la función igual anoche encendió una para así completar su orgasmo triunfador tras el gol de Lorenzetti. Se dijo que el tipo fue individualizado, detenido e incluso golpeado por otros hinchas. Lo más seguro es que no le ofrecerán una sesión de fotos para Playboy como a Rosenery Mello Do Nascimento, la “Fogueteira”, muerta por un aneurisma cerebral hace un par de años. Al “fogueteiro chileno”, al menos, el estadio entero le regaló una ovación que no olvidará, el “hueón, hueón” será parte de su vida…

    Las reacciones de los jugadores azules aparecieron en camarines. De todas, llamó la atención la amnésica crítica esbozada por Johnny Herrera: “(el de la bengala) es un imbécil que no sé qué se le pasó por la cabeza (…) Por un imbécil no se puede castigar a este club. Por eso, le agradezco a la gente que le dedicó cánticos”. Es opinión de Herrera y su oportunista cambio de visión respecto al último clásico universitario…

    Frente a lo ocurrido ayer jueves en el Estadio Nacional uno se pregunta: ¿Qué pasa por la cabeza de un tipo (no hablamos de Herrera) al que le dicen que no haga tal cosa y la hace igual? Pienso que es el capricho, disfrazado de supuesta rebeldía, de un gil que prefiere pasarse por los genitales el derecho de otros, el bien común, para ser reconocido por los pares. No creo que sea un asunto de poblaciones callampas ni de marginalidades. La misma actitud antojadiza de hacer la propia voluntad se le ha visto a personajes públicos con mayor acceso a la cultura formal. Es un tema transversal a este país. Distinguirse, llamar la atención, desmarcarse para ser especial, distinto y choro; pareciesen ser una las nuevas habilidades para la vida, pues siempre habrá alguno más ignorante y perdido celebrando las estupideces. Acuérdense, el tipo de la bengala va a ser una celebridad -para bien o para mal- en su barrio y círculo. Y esto no tiene que ver con los bombos ni con Estadio Seguro. Expresa la falta de educación y solidaridad en este país. La libertad sin límites es tan perjudicial como el autoritarismo, dice Paulo Freire, porque en ambos casos se violan las libertades ajenas. Algo así nos está pasando…

    Otro tema es el de las barras. La mayoría se arroga la representatividad del hincha y del equipo al que sigue. Se -y nos- convencen que casi son lo mismo. Pueden pasar el partido entero alentándose a si mismos u ofendiendo a los dueños de la pelota. Carlos Muñoz ponía el gol del triunfo y una parte del estadio le sacaba la madre a Blanco y Negro, Cruzados, Azul Azul y Cristián Barra. Los futbolistas en la cancha eran el decorado.

    A esta altura del tiempo nos cuesta imaginar que alguna vez las barras oficiales y juveniles organizaban cenas para premiar a futbolistas destacados, periodistas, medios de comunicación; o para celebrar las fiestas patrias de los extranjeros del equipo. Aunque también por esa época la cosa no fue tan suave. Un dirigente de barra tiró a la cancha un chancho con la camiseta del archirrival. Y no alcanzó a tirar a las gallinas que llevaba en un saco…

    A principios de los noventa, luego de la muerte de un joven hincha de Unión Española a manos de fanáticos albos, el asunto de las barras bravas se tomó con mayor seriedad. Aunque las medidas de la autoridad futbolística, la ANFP, rayaban en la inocencia. En vez de desintegrarlas, se las encauzó y validó. El dirigente Aurelio González se reunía con los “referentes de las barras” para acordar un buen comportamiento a cambio de ciertos incentivos. La dinámica “escolar”, pretendía premiar “la creatividad mediante la elaboración de nuevos cantos para alentar al equipo”. En la reunión se pedía también a las barras moderar el lenguaje vulgar en los estadios para atraer a las mujeres al fútbol. Y la innovación de calibre mayor en el nuevo trato con los seguidores: la ANFP anunciaba la creación de la “Barra de Chile”. La idea -muerta antes de nacer- consistía en la formación de un grupo especializado de barristas destinados a alentar a la Selección Chilena en sus partidos y también a los clubes que estuviesen participando en algún certamen internacional, “hinchas a sueldo”, ¿les suena?

    En tanto, da en el clavo Juan Cristóbal Guarello cuando dice que las barras han suplido la necesidad de organización juvenil que antes ejercían las juventudes de los partidos políticos. Un ejemplo claro es la creación de la Garra Blanca, supuestamente a manos del dirigente Jorge Vergara, un ex militar. Por aquella época, el grupo fue utilizado por club para hacerle la vida imposible a la dirigencia de Miguel Nasur en la ANFP, y más tarde, a quien viniera.

    En fin, llegamos al 14 de febrero de 2014. La violencia en los estadios y el programa Estadio Seguro han transformado la asistencia a un recinto deportivo en una prueba para la paciencia y dignidad del espectador. Las medidas de seguridad implementadas por los clubes y la autoridad tienen como objetivo requisar elementos peligrosos y evitar el ingreso de 180 personas a cualquier recinto deportivo del país. Leyó bien, el sistema está hecho para que menos de doscientos sujetos de todo Chile no entren al estadio. Ni hablemos de los millones de dólares que costaron los torniquetes de seguridad.

    Pero así está todo. Es cosa peligrosa y desagradable ir al estadio, aparte que ahora cabe menos gente. Frente a eso, una buena posibilidad es abonarnos al CDF¿No será mucha la casualidad?