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    19.02.2014

    Nelsón Acosta y el juego de las lágrimas

    nelsonacosta

    “Me podrán olvidar, pero nunca negar. Yo he sido una ganador. Punto. Gané como jugador y técnico. Cuando hablen de los mundiales, me tendrán que nombrar, cuando hablen de las medallas olímpicas, Acosta ganó una”.

    Las palabras son de Nelson Acosta y datan de exactos siete meses. A nadie le cabe duda que el uruguayo nacionalizado es una fuente eterna de soberbia. Pero no es la soberbia violenta de Luis Santibáñez, Orlando Aravena o de Marco Antonio Figueroa. Es una soberbia llorona y manipuladora, en la lógica dramatúrgica de sacar provecho a partir de la pena y la victimización. Es la clásica operación del “tonto pillo”.

    “Me cansé de tanta mugre (…) Aunque algunos ya anden por ahí hablando de una medallita, la de bronce igual tiene su mérito sobre todo si observamos la historia del futbol chileno (…) Cuando se revise la historia del futbol chileno algún lugar voy a ocupar. Está lo del Mundial, pese a que muchos no les gustó (sic), y esto (la medalla de bronce). No es poco…”.

    Es una conducta eterna la del recio y malintencionado ex volante central. Ante la crítica, saca en cara los triunfos, aunque estos puedan ser bastante relativos. Previo al Mundial de Francia, Acosta señaló que la gran meta de Chile era ganar un partido. A hechos consumados insistió en que solo prometió pasar a segunda ronda. Increíble lógica oportunista: pasar de ronda, antes que ganar. Como recordaremos, Chile obtuvo tres empates y una derrota. Cinco goles a favor y ocho en contra. Solo tres puntos de 12 en disputa. El equipo del Pelado pasó a octavos de final, pero si no es por un error arbitral contra Camerún, nos olvidamos de clasificar. La voz autorizada de Elías Figueroa lo puso de manifiesto: “En Francia, Acosta terminó celebrando una derrota”.

    Más aún. Existe coincidencia en lo vocacional del trabajo de Acosta. Es decir, improvisador y poco preparado. No lo dijo la prensa, sino sus propios jugadores.
    Marcelo Miranda, lo repasó sin mucho miramiento: “(Acosta) nomina de acuerdo a lo que dice cierto sector de la prensa, se preocupa sólo de las figuras, no es metódico en los entrenamientos y tiene jugadores favoritos (…) Acosta no sabe mucho de fútbol, según lo que vi cuando me dirigió. Sus entrenamiento no eran metódicos y sí repetitivos (…) Tampoco dice nada sobre lo que quiere de un jugador en vistas a un partido”.

    El paraguayo Hugo Brizuela complementaba: “Todos saben que el único que trabaja y planifica es el profesor Ítalo Traverso (preparador físico de Nelson Acosta). Si uno abre el diario, nunca se dice cómo trabaja Acosta ni nada. Se comenta que es más motivador, que lleva bien al grupo. Pero siempre es lo mismo. Nunca se habla de que Acosta trabaja”.

    Para las Eliminatorias de Francia 1998, el defensa Cristián Mora debió entrar improvisadamente como lateral izquierdo ante Colombia en Barranquilla: “La defensa que jugó ese día nunca entrenó: ni Ricardo Rojas de lateral derecho, ni yo marcando en la izquierda”, diría el oriundo de Peñaflor. En el partido de vuelta contra los cafeteros, Nelson Acosta echó mano al ingenio y llamó al delantero Rodrigo Pony Ruiz,que tenía un aceptable rendimiento en el fútbol mexicano, aunque lo que realmente primó era que Ruiz estaba de vacaciones en Chile: “Tampoco me gustó la forma en que me llamaron (…) llevaba tres semanas sin entrenar, tenía sobrepeso y ante la insistencia, acepté”, señalo el Pony.

    Días antes de enfrentar a Argentina por una eliminatoria, Acosta fue consultado sobre el mediocampo que utilizaría, el ex Peñarol dijo: “Eso lo voy a ver cuando estemos entrenando. Al llegar el partido lo vamos de definir, porque no te puedo decir ahora cómo vamos a salir, si con más delanteros o con más defensas”.

    Todavía en su primera etapa como seleccionador nacional, Acosta diagnosticaba las razones del retiro de Javier Margas: “Creo que a Javier lo llevaron al fútbol equivocado, porque en Inglaterra prima la fuerza y el juego aéreo, justamente el fuerte de él, entonces es uno más”. Entonces, ¿un fútbol adecuado para destacar podría ser el afgano…? No se puede negar que Acosta es un “ganador”, pero en ningún caso, un referente. ¿Cuál es la escuela que ha dejado Acosta entre los entrenadores nacionales?

    El uruguayo es un “chancho” que siempre dará mucha manteca. Son conocidas las sospechas respecto a su relación con los representantes de jugadores. Francisco Rojas estuvo cortado de la Selección por Nelson Acosta, tras no presentarse a una convocatoria. El representante del Murci, Héctor Olivos, denunció: “No creo que tengamos que pagar al señor Acosta para que Rojas juegue en la selección. Otros han logrado esos arreglos con él, pero no será éste el caso”. Existió también la versión de Hugo Brizuela, que luego deshizo. Los periodistas Juan Cristóbal Guarello y Luis Urrutia O´Nell exponen fundadas razones para suponer que Acosta presionaba a sus seleccionados para firmar por uno u otro agente. Igualmente, en su tiempo, el ex presidente del futbol nacional, Abel Alonso, dejaba en la nebulosa éste tipo de prácticas: “La otra razón de que no me guste Acosta el medio entero lo sabe (…), me refiero a que todo el medio conoce quién es Acosta y cómo actúa. Lo saben los dirigentes, los jugadores y los periodistas, pero claro, nunca hay pruebas y todo queda ahí. Si hay un dirigente a quien los jugadores le hacen confidencias es a mí, y me he enterado de cada cosa”. Como seleccionador, el español Xabier Azkargorta, mencionó esta práctica en un informe técnico, aunque sin dar nombres… las cabezas de la prensa giraron directamente hacia Nelson Bonifacio, quien, para variar, se ofendió.

    Y es que el natural de Tacuarembó no pierde. Siendo jugador, rompió la boca de un rival en forma alevosa. Acosta reclamó que le habían mordido un codo. En esa calva cabeza no se aceptan errores en primera persona. Los vestigios son claros. El periodista Felipe Risco, en su libro “También Se lo Merecen”, le pregunta directamente por el rendimiento de Chile en la eliminatoria para Corea-Japon (en que nuestra selección quedó ultima). La respuesta del oriental da escalofríos: “¿Y qué culpa tengo yo? (…) La prensa lo incendió todo, se peleó y el ambiente fue súper malo. Cuando yo me fui de la selección estabamos a seis puntos del cuarto, es decir, de clasificar, y quedaban 24 puntos en disputa (…) De los 24 puntos que quedaban en disputa solo sacaron dos. Yo qué culpa tengo (…) Yo no terminé último. La responsabilidad mía llegó hasta que me fui. Después vinieron dos técnicos”. Lo caradura de Acosta no resiste mayor análisis, solo exige a los entrenadores venideros lo que él mismo no fue capaz de hacer. Estuvo más de una rueda en el cargo y con él Chile nunca superó el sexto lugar.

    El hincha de Everton debe estar tiritando con el prontuario de Acosta. Hagamos memoria. Al renunciar a Everton en 2010, a siete fechas del final, Acosta desafió: “Me hubiese ido con pena si no le hubiese dado ninguna alegría, pero después de 32 años obtuvieron un título (2008). Muchos que ahora no están contentos -y es normal que no lo estén- festejaron, lloraron, pero eso ya pasó”. El uruguayo dejaba el buque y los viñamarinos bajaban de categoría inapelablemente. No hubo mea culpa del Pelado.

    A esta altura, el cuadro “oro y cielo” se encuentra en zona de descenso directo, quedando todavía treinta puntos en disputa. Acosta lleva cuatro puntos de doce. Aún hay margen. En caso de salvarse o no, habrá que proyectarse al lacrimogeno descargo del septuagenuario DT. El péndulo de la manipulacion verbal se mueve desde el “al equipo lo tomé casi descendido” hasta el “llegamos en el momento justo a salvarlos”.

    Vivo y llorón, Acosta nunca pierde.