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    24.04.2014

    Por sus frutos los conoceréis

    blanco y negro

    Tras la coronación de Colo-Colo como campeón del Torneo de Clausura, vía Twitter se desató una laboriosa discusión -entre periodistas, ex futbolistas e hinchas anónimos- respecto al mérito de los dirigentes albos en la ansiada “30″. Pronto la conversación se estacionó en el desempeño de Arturo Salah.

    Fuera de Colo-Colo, hay quienes -por cercanía- destacan con creces la labor del ex jugador de la “U” durante este torneo, sin embargo, este no llegó a Blanco y Negro hace un par de meses. Por ello, a Salah hay que evaluarlo también por lo obrado en las campañas del 2013.
    La mala campaña y el desastre en la cancha hicieron que a mediados del año pasado se hablara de Colo-Colo como serio un candidato a la Primera B. Al Cacique en el Monumental le ganaba cualquiera.

    En ese momento, ¿vimos a ByN abandonar su soberbia y aceptar el vendaval de errores que cometieron por cuatro años, tal como hoy levanta el pecho asumiendo como propia la “30″? Como siempre, a la hora de evaluar el hilo se corta por lo más delgado. Los éxitos son del jefe, y los fracasos de la base. Privatizamos las ganancias y socializamos las pérdidas.

    Cualquier observador de mediana vivacidad se da cuenta que el cambio en lo futbolístico se produjo a la par del ingreso, con características de emergencia, de los noveles entrenadores Héctor Tapia y Miguel Riffo. O sea, producto de la improvisación absoluta se tuvo la suerte de encontrar, en el propio seno del club, un cuerpo técnico con capacidad. Que no vendan cuentos, Tapia y Riffo jamás fueron la primera opción, ni siquiera a principios de año.

    No podemos negar que Arturo Salah y ByN tienen algún grado de mérito en el campeonato logrado. Se pueden arrogar la “audacia” de pagar a principio de año por jugadores de probada calidad y que el DT pidió, obsesiva y majaderamente. Primó como nunca el requerimiento técnico-deportivo por sobre el económico. ¡Vaya que desorientación nos han inculcado las S.A.! Es una verdadera rareza en un club de fútbol que manden criterios técnico-deportivos por sobre la inversión a futuro, sobre todo en Colo-Colo.

    Observemos el historial de “refuerzos” desde el 2005 a la fecha. Pareciese que el triunfante periodo de Borghi nubló al directorio de Macul y se creyeron capaces de sacar oro de una piedra. Jorge Cerna, Leandro Delgado, Celso Ayala, Benjamín Ruiz, Miguel Caneo, Edison Giménez, Gilberto Velásquez, Jorge Carrasco, José Luis Cabión, Daniel González, John J. Castillo , Carlos Salazar, Daúd Gazale, Francisco Prieto, César Carranza, Rodrigo Riquelme, Gerardo Cortés, Nelson Cabrera, Yerson Opazo, Diego Olate, Alex von Schwedler (ni siquiera jugó un partido), Matías Quiroga, Claudio Graf, Lucas Wilchez, Nery Veloso, Luis Pavez, Javier Cámpora, Gino Clara, Mario Salgado, Agustín Alayes, Patricio Jerez, Marcos Medel, Boris Rieloff, Osmar Molinas, Rodrigo Báez, Horacio Cardozo, Miguel Ángel González, Juan Toloza, Facundo Coria, Jean Paul Pineda, Gerson Martínez, Mathías Cardaccio, Lucas Domínguez, Fabián Benítez, Nicolás Crovetto, Damián Malrrechauffe, Javier Toledo, y Nicolás Canales. Estos son los 48 peores jugadores contratados por Blanco y Negro. La mayoría de ellos se enfrenta a la mediocridad. Tampoco, se puede ignorar a los técnicos que no estuvieron al nivel: Diego Cagna, Américo Rubén Gallego, Luis Pérez, Ivo Basay y Omar Labruna. Habrá también que recordar que Esteben Paredes no se fue de Colo-Colo por su gusto. En el último partido que jugó en el Monumental hace un par de años, tras salir de la cancha el delantero apuntó con el dedo directamente al palco de Rapa Nui, donde estaban los mandamases.

    Afuera de la cancha, tampoco se puede olvidar la “amistosa” relación entre la barra brava y la concesionaria que, según dicen, se cortó. Gonzalo Díaz del Río, ex jefe de Seguridad de la Región Metropolitana en el periodo de Piñera, señaló a los medios que “el que más ha costado (trabajar con “Estadio Seguro”) es Colo-Colo. Tenían una verdadera maquinaria. Levy (Hernán, ex presidente de Blanco y Negro) heredó un problema. Ahí había varios gerentes metidos hasta los pies…”. También, expuso que “durante la aplicación de estas políticas (“Estadio Seguro”) tuvimos oposición desde dentro del mismo Gobierno. Muchos se sentían con el derecho de reclamarle al Presidente cuando se sentían pasados a llevar”. ¿Quién habrá reclamado? ¿Quién se habrá sentido “pasado a llevar”? ¿Será cierto que el personaje en cuestión estuvo a cargo del deporte nacional y que llegó a señalar la existencia de una “relación positiva” con la Garra Blanca?

    Y llegamos al último lío de ByN y Colo-Colo: la pugna entre el gerente deportivo Juan Gutiérrez y Héctor Tapia. El entrenador, por desavenencias de fondo, pidió el despido de Gutiérrez, algo que la concesionaria rechazó en junta de directorio. El ex delantero deslizó que, entonces, daría un paso al costado. El hincha colocolino está de nervios.

    Los dirigentes colocolinos asumen la soberbia de quién se cree genio y ningunea al asalariado. Como hipótesis planteo que en el conflicto entre Tapia y Gutiérrez, la concesionaria intenta darle una lección al joven técnico. “Que viene a exigir cosas este cabro… Debería estar agradecido de que le pasamos el equipo… Aquí mandamos nosotros, no él. Que se quede Gutiérrez para que el ‘cabro chico’ aprenda”. Perfectamente podría ser ese el pensamiento del directorio. De lo contrario, no se entiende la actitud de mantener en el puesto a quién ha demostrado ser un fiasco a la hora de contratar y promover valores jóvenes desde las divisiones inferiores del club.

    “Hay una política deportiva del club que está en marcha, que ha dado resultado y que hay que mantener”, expresó hace unos días Arturo Salah, blindando a Juan Gutiérrez. Ha dado resultado no precisamente por la acción de éste, y los números están a la vista.

    Dicen por ahí: “por sus frutos los conoceréis”: ¿Qué ha hecho Gutiérrez en Colo-Colo? ¿Qué ha hecho Tapia en Colo-Colo? La pregunta se responde casi por sí misma.

    Parece que Blanco y Negro no aprende de sus errores, mientras sus dirigentes se llenan de soberbia por el título de campeón. Pero una golondrina no hace verano. Si no se enmienda el camino a tiempo, nos veremos en la B muy pronto.