Invita a tus amigos a usar nuestra aplicación

Usan la aplicación de soychile.cl

    16.06.2014

    El primer paso hacia la gloria

    valdivia
    (Por Cristian Venegas)

    Chile acaba de dar su primer paso en el corto -pero extenuante- camino para lograr la Copa del Mundo. Suena locamente pretensioso, ingenuo e iluso, sin embargo, soñar no es malo, pues todo cambio partió de una lejana quimera. Alexis sueña con ser campeón del mundo, al igual que Vidal. Estos, también un día soñaron con llegar a la elite el fútbol mundial. Hoy triunfan en Barcelona y Juventus. ¿Quién podría quitarles la ilusión de romper el subdesarrollo futbolístico de nuestro país, éste que ni siquiera ha ganado una Copa América?

    Son siete finales. Sí, siete y nada más que siete. La dificultad es que, paulatinamente, cada escalón es más alto que el anterior. Como el equilibrista al que le quedan siete pasos para llegar al final del alambre. Al primer movimiento en falso, a la primera duda, el hombre podría caer hasta el fondo del precipicio. Por ello, cada paso que da es un alivio más grande que el anterior. El primer paso es difícil, pero mucho más difícil sería si éste no se diera. Por ese alambre camina nuestra selección.

    Tras el triunfo y en un efecto obvio, el país celebró con la algarabía esperable. Hay muchas formas de ver este fenómeno social. Una de ellas es agradecerlo.

    En nuestra fragmentada sociedad chilena existen reducidas circunstancias y espacios para asociarse bajo un sentido absolutamente transversal. Aunque sea por una bandera y una camiseta, un Mundial de fútbol es una oportunidad invaluable para juntarse y perseguir un objetivo más común de lo que parece. Así lo hemos entendido tácitamente. Y puede que un juego de Chile sea una mera excusa para juntarse, reír-llorar- y abrazarse hasta con desconocidos.

    Ese viernes, despertar e ir al trabajo fue algo especial. Si lo visto antes del partido en la Plaza de la Ciudadanía, con oficinistas de terno y gorro tricolor en la cabeza, no es una fiesta, entonces, ¿Qué es? Esa noche el Metro iba lleno como siempre, pero los “carachos” eran otros. Esbozaban sonrisas. Había una energía indescriptible en la calle. ¿Qué pasaba si Chile perdía? Poco importaría, lo vivido antes es suficiente.

    Hasta que aparecen aquellos que se sitúan en lo más alto de la cumbre intelectual y menosprecian al vulgo ignorante, desorientado, embrutecido y manipulado por el gran negocio neoliberal del fútbol. Esto último es el parlamento oficial de la izquierda anti-fútbol. “Suficiente opio para el pueblo”, escribió en su twitter la ex candidata Roxana Miranda. Otros “zurdos” replican en las redes sociales una frase de Borges (“El futbol es popular porque la estupidez es popular”). A estos se les cae el pelo cuando les recordamos que el argentino vino a recibir un premio de las manos de Pinochet… También les tirita la pera al enterarse que Salvador Allende perteneció a la barra juvenil del Everton de Viña y que el Che Guevara se la pasaba peloteando con sus compañeros de lucha.

    Siempre me he preguntado por qué en los círculos de ésta izquierda clásica abunda la oposición al deporte más popular y practicado por la clase carenciada, y que iguala físicamente a Alexis Sánchez con quienes tienen un bienestar socioeconómico superior. Es fácil y creo que todo radica en la hipocresía de mirar en menos el saber y práctica cotidiana del pueblo al que señalan defender. El intelectualismo “progresista”, desde su altar superior, define lo que es bueno y malo para su gente como objeto de su iluminación emancipadora. Poco le importa que quienes poco tienen les basta con patear lo que sea para ser felices.

    Los críticos miran el obstáculo y no la posibilidad. Al menos, quien escribe no podría odiar al fútbol por la FIFA, así tampoco podría dejar de leer un libro por la mafia de las grandes editoriales, ni odiar a la medicina por el robo de las isapres y los hospitales llenos, ni la escuela actual por su segregación o la comida porque engorda, ni menos evitar enamorarse por el posible despecho. Esto porque entiendo que hasta la rosa tiene espinas…

    Junto con los críticos del fútbol se empinan por la ventana los hinchas – graves, que igualmente se molestan por la alegría ajena. Aparecen con la queja de la mediocridad del juego chileno ante Australia, dada la larga incertidumbre del 2 a 1 y por los cabezazos de Cahill, pero olvidan la efectividad, eficacia y asociación de “La Roja”. El gol de Alexis Sánchez fue resultado de 17 toques consecutivos y el tanto de Valdivia consideró otros 9. La posesión chilena de balón duplicó a la de los oceánicos. Por último, lo más importante: se sumaron los primeros tres puntos. Y es que hemos ganado tan poco, que es un despropósito no sentir algo de alegría por un triunfo mundialista. Por ello, no hay para qué amargarse y darle tanta vuelta al funcionamiento chileno, más todavía si sabemos que Sampaoli no va a venir a preguntarnos. Dejémosle el caldo de cabeza mayor al argentino y su plantel. Nosotros a lo nuestro, a reír y llorar.

    Empero, sabemos que no harán caso, pues el país está lleno de fracaso-fóbicos, gente que le tiene un terror dramático a perder, como si estos fueran ganadores de siempre y no desayunarán, almorzarán y tomarán once con la derrota cada día. No se alegran antes para no sufrir tanto después, en una causalidad inverosímil. Y resulta que el fracaso no es tan malo, al contrario: “Los momentos de mi vida en los que yo he crecido tienen que ver con los fracasos –señala Marcelo Bielsa-; los momentos de mi vida en los que yo he empeorado, tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos; el fracaso es todo lo contrario, es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes (…) No permitan que el fracaso les deteriore la autoestima. Cuando ganas, el mensaje de admiración es tan confuso, te estimula tanto el amor hacia uno mismo y eso deforma tanto. Y cuando pierdes, sucede todo lo contrario”.

    La victoria del viernes hay que celebrarla, pero sin olvidar que mañana es otro día y hay que seguir trabajando. Ellos en Brasil, nosotros en nuestra pega. En muchos la alegría se confundirá rápidamente con el exitismo que conduce a pensar que ya somos campeones del mundo. ¡Qué estupidez! Aún estamos lejos y es muy probable que España y Holanda nos pasen por encima sin discusión. Por eso, paso a paso, y si caemos, caemos, sin miedo a la derrota.

    Cada guerra se gana con batallas. Como el cesante que pasa la primera etapa de la larga selección laboral. Como el “azul” en la primera prueba de “Cálculo I”. Como la primera sesión de quimioterapia. Como la primera cuota del crédito para dar el pie del departamento. Como el primer beso. Como el primer mes de embarazo. Como la primera venta del día. Como el primer capítulo del libro insulso que, obligado, lee un escolar. Como la primera marcha en el auto. Como el primer kilo bajado. Como el primer ladrillo. Como el primer triunfo chileno en el camino para ser campeones del mundo.