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    20.06.2014

    Por la razón o la fuerza

    chilenos presos
    (Por Cristian Venegas)

    “Por la razón o la fuerza” debieron haber pensado el centenar de hinchas que saltaron las vallas de seguridad y se metieron “a la mala” al Maracaná. El hecho distrajo la atención de lo verdaderamente importante, un partido de fútbol entre dos hambrientos de triunfo.

    Las imágenes de televisión mostraban una sala de prensa desecha en sus muros-paneles y una turba roja en el suelo. Algunos de ellos optaron por la clásica postal del reo: taparse la cara con la ropa. Es entendible. No es muy bonito volver a la pega o al barrio con ese bello antecedente delictual. Y para acallar cualquier prejuicio, no todos los usurpadores parecían consumidores de neoprén –como dicen las señoras- o eran solo habitantes de la periferia. Aquello demuestra que eso de hacer las cosas “a la mala” es más transversal de lo que se ha estereotipado.

    Ya en poder de la policía, y con más tranquilidad, las justificaciones de los “vivos” fueron de antología. Mientras en el bus de la policía militar seguían “arengando a la Roja” y celebrando se escuchó:

    “Se dio la oportunidad de entrar al estadio, y entramos no más. Entramos por una reja… entramos a una sala de prensa y ahí nos quedamos. Llegamos sin entrada, pero estaba muy cara la reventa y no se podía comprar a esa plata (precio)”, dijo uno.

    “Nada que ver (las sanciones), fue por pasión. Entramos a la sala de prensa donde habían cámaras, nadie robo. En Chile nos están llamando delincuentes, y pero no… (somos) hinchas, no más, pasión por el fútbol”, indicó otro.

    Pero más caradura fue éste: “No hicimos ningún daño, no somos delincuentes. Vimos el partido igual. Las entradas valían 2.200 reales ¿quién puede pagar esa plata? Uno vio la oportunidad y entramos… La reja estaba botada… se hizo tira dos puertas y se cayó un panel, nada más…. la hicimos, entramos a ver el partido igual”.

    Tras la liberación de los hinchas se supo que éstos deben salir del país dentro de las próximas 72 horas, pero por las de cada uno. Ni Brasil ni nuestro país van a pagar los pasajes del regreso obligado. Al conocerse las sanciones, el cónsul Samuel Ossa comentó, con más sentido común que diplomacia, que a los hinchas “les salió barato”. Pero al ahondar en el comentario echó por tierra cualquier autoridad. Como un padre comprensivo expreso que “a ésta gente (los hinchas) se la llevó la pasión por querer entrar a ver a la selección, no tenían boletos y cometieron un error. No son delincuentes, fue demasiada pasión por ver a su selección”.

    Pero aquello no fue lo único en cuanto a punto negro de la jornada. Un par de jetones pensaron que estaban en el Estadio Nacional y, tras el himno del “cielo azulado”, hicieron detonar bombas de ruido. Y como estaban en Brasil y en un mundial, un par de morenos corpulentos los sacaron, con la amabilidad de la situación, del ex gigante carioca.

    La guinda de la torta se puso acá. En la celebración, otros giles secuestraron seis de micros, cogotearon a parte de los pasajeros y golpearon a cuarenta conductores. Además, se reportaron trescientas buses con daños.

    Haciendo la raya para suma… ¿De qué nos quejamos? Nuestro escudo dice claro: “Por la razón o la fuerza”, o sea, “si no hacen lo que quiero, se joden, y lo hago igual”. “Si me dices que no, yo te digo que sí, y si me vuelves a decir que no, te aforro o te pego un balazo”. Como el chillido de un niño en el supermercado porque no le compraron lo que quería o como Jorge Valdivia que no vio nada de malo en llegar atrasado y bebido a una concentración. Ciertamente, todas ellas responden a una conducta infantil que algunos no han superado. Algún iluso parlamentario (denominado así porque es una medida bastante antipopular) propuso modificar el lema patrio por “Por la fuerza de la razón”. Los huevos y tomatazos le cayeron encima.

    Además, es lo que hemos cultivado a través de un lema que los niños dibujan y escriben en la escuela básica, a través de un curriculum escolar decidido por gente que nadie conoce. Ahí está también el endiosamiento educativo a la “Guerra del Pacífico”, sin explicar que un país pobre como el nuestro venció a dos ejércitos debido al financiamiento inglés, y no por la mística de la rúbrica patria que habla de la fuerza. E igualmente aceptamos al golpe, al reglazo o al lumazo como medio de regulación en la escuela o en la calle.

    Pero no solo eso. Diariamente nos toca convivir con energúmenos que son incapaces de bajar el volumen cuando ya son las 3 de la mañana de un martes. O subirse al Metro en casi cualquier horario y ser atropellado por quienes ni siquiera son capaces de hacer una fila, como en el colegio. No sé si dan cuenta, pero lo que quiero decir es que diariamente convivimos junto al “Maracanazo” de los hinchas. A cada rato pasa por nuestros ojos, y optamos por la postura del “laissez faire”.

    Dictará cátedra algún sociólogo “comprensivo” que explique que son respuestas a la violencia simbólica de la sociedad y sus malas costumbres. Si fuera por eso, cada uno debería dispararse sí mismo, porque la sociedad no la hacen los marcianos, sino que nosotros.

    Aunque parece que en Brasil las cosas funcionan un poco mejor, o al menos, ese es el ejemplo que dejan. Si un personaje tira bombas de ruido en el estadio: para afuera. Si se les ocurre entrar sin entradas: esposados y deportados, sin mayor derecho. Y nadie va con conceptos de rebeldía y de incomprensión.

    Y dirán los críticos de siempre que éste es el efecto del “opio del pueblo”. Mentira. Hemos visto lo mismo en marchas, en terremotos y también en protestas espontáneas cuando se agotan las entradas para Justin Beber. Por ello, el vandalismo nada tiene que ver la pasión o el fanatismo futbolero. El asunto está en las instituciones y en el modo de convivencia nuestra que requiere de una pronta cura.

    Este “Maracanazo” de los hinchas se parece más al “Maracanazo” del Cóndor Rojas en 1989. Podría haber sido el “Maracanazo” del equipo chileno ante el campeón del mundo, sin embargo, no. Puede que con el tiempo el Maracaná siga teniendo un cierto sabor amargo, como el Panadol infantil.

    Y en la cancha, Chile ganó por la razón. Ante España, la selección logró una de las victorias más importantes en sus 119 años de historia. Lo ocurrido este viernes está a la altura de los triunfos ante Unión Soviética (Campeón de Europa vigente) y Yugoslavia (Campeón olímpico vigente) en nuestro mundial de 1962.

    Es el segundo paso que damos hacia la gloria máxima. Soñemos, soñemos, soñemos. De los sueños nacen los cambios, incluyendo esa tontería de “por la razón o la fuerza”.