Invita a tus amigos a usar nuestra aplicación

Usan la aplicación de soychile.cl

    30.06.2014

    ¡No los matemos!

    penales
    (Por Cristian Venegas)

    Pinilla, Sánchez, Jara… tres apellidos que no olvidaremos. Fallaron en la más maldita de las instancias del fútbol: la definición a penales, la vida o la muerte. La pena máxima en que no sólo patea la pierna del lanzador, patea toda su historia de vida, toda la tradición de un país, los “nervios nerviosos” y, sobre todo, el miedo a equivocarse. Entonces, pasó, tres veces la pelota partió a donde no debía. Errores notables, pero sin dolo. “Sin querer queriendo”, como dice El Chavo, se nos escurre el milagro de las manos y se achaca a la suerte como verdugo final, puesto que llamamos “suerte” a todo aquello que no podemos controlar… otros prefieren responsabilizar a “Dios” y a su voluntad.

    Algunos sostienen que, por la voluble suerte de los penales, existe la misma justicia en el lanzamiento de una moneda al aire, 50% de posibilidades para cada equipo. No importa, en el fútbol no van a pillar lo que es justo, porque la vida no es justa. Tenemos jefes que no merecen serlo y colegas que tienen más merecimiento para ocupar ese lugar. Nada, pues. Cualquier reclamo enviarlo a www.fifa.com…

    Lógicamente, saldrá el futbolero del momento y exitista para insultar maleteramente a los equivocados. Para estos irreflexivos la memoria es selectiva, porque su vida se divide sólo en éxitos y fracasos, y apostaríamos que ésta última será su tendencia. Esos tipos no valen la pena, porque hasta en el fracaso se creen ganadores. Toman distancia, a falta de empatía, para sentirse ajeno a la derrota. Ellos serán los encargados de asesinar injustamente el futuro de estos hombres, tal como lo hicieron con Misael Escuti y Carlos Caszely, cuatro sustantivos propios que pasaron al diccionario fantasmal del infortunio chileno en los mundiales.

    Al desaparecido arquero de Colo-Colo se le culpó por tres de los cuatro goles brasileños en la semifinal del ’62 (4 a 2 para los cariocas). Contribuyó a ésta acusación, el apodo que cargaba Escuti en ese momento: “Ciego”, dejando de lado su otro mote conocido, el de “Gato”. Luego de esa semifinal, quien estuviera en el arco chileno por diez años, participó con poco entusiasmo de las celebraciones por el tercer lugar. Su ánimo fue desvaneciéndose para siempre respecto al fútbol. Si ya sentía al fútbol como algo superficial en su vida, las críticas masacraron esa escuálida pasión. Y prisionero se es de la culpa si en cada esquina te la recuerdan, por más que Escuti haya logrado dos subcampeonatos sudamericanos (Santiago ’55 y Montevideo ´56). A pesar de todo desdén, Escuti se atrevió a instalarse con una tienda deportiva en pleno centro de Santiago. Falleció en un hogar de ancianos aquejado de Alzheimer, con la memoria perdida.

    En tanto, el drama de Caszely se distribuye en dos partes. La primera se relaciona con su expulsión –inaugurando las tarjetas rojas- en el debut ante Alemania Federal en el ’74. La prensa se ensañó con él en forma desmesurada aduciendo razones políticas: “¿Qué se les puede alegar ahora a los “mal pensados” que aseguran que Caszely no quería jugar contra “los compañeros (comunistas)” alemanes (Alemania Democrática)? Desgraciadamente, en este momento, hasta ese argumento tiene razón…”, escribió la revista ASES, de breve existencia en nuestro medio.

    El segundo capítulo es el más triste de todos. En aquella ocasión, Caszely se ganó el repudió nacional de años (hasta hoy hay gente que se lo reclama). El penal que perdió ante Austria lo sepultó. Vivió lo mismo que los arqueros: una pelota en que se falla borra de un plumazo todas las proezas y hazañas. Al día siguiente de la derrota ante los europeos, la Tercera titulaba irónicamente: “Renunció Galtieri: ¿Y qué pasa con Caszely? Uno perdió guerra con Inglaterra y el otro un penal ante Austria”, era la curiosa simetría entre La Guerra de las Malvinas y un partido de fútbol. En tanto, Las Ultimas Noticias no fue menos: “Austria uno, Chile nada. El cero es para Carlos Humberto Caszely”. Llamativo porque, hasta el minuto fatídico, ya Chile perdía por la cuenta mínima y, a la larga, fue todo el equipo nacional quien no pudo romper el cerco austriaco. El “chaqueteo” de la calle y de un sector de la prensa deportiva poco más pedía colgar a Caszely en la plaza. Otro grupo amenazaba con “agarrar a combos a Santibáñez” cuando regresara.

    Pero a diferencia de Escuti, el Rey del metro cuadrado tomó el drama de una condena eterna por su lado positivo. Caszely prefirió usar el penal perdido a su favor y con humor. Hoy en día dice que no pasa una conferencia o charla en que no salga el temita de su error, lo cuenta como talla. Por ello apareció en la publicidad de los dulces 1/2 Hora y en la película “Paseo de Oficina”, además fue homenajeado por Los Miserables con la canción “El Penal”: “Fue como aquel día fatal en que Caszely perdió el penal / todo lo bueno quedo atrás, hoy con su karma debe cargar (…) Si el balón hubiese entrado, quizás todo habría cambiado / tiro rasante, pelota afuera y estas fuera de carrera (…) De humanos es errar y el derecho a cambiar (…) Fue como aquel día fatal en que Caszely perdió el penal / todo lo bueno quedo atrás, ya no puedes volver atrás”. Más tarde, este grupo punk liderado por un hincha de Palestino, cantó a dúo el clásico de Carlos Humberto “Domingo por la mañana”. Y el penal sigue ahí, para bien o para mal, a pesar de ser una de las figuras más importantes del fútbol chileno, por su habilidad y por su carisma.

    Y ahora, en este amargo momento ¿qué hacer? Han pasado diez minutos desde éste mazazo frente al monstruo de siempre, Brasil. No quiero comer ni menos ver el recuento del partido. El tiro en el palo de Pinilla me hace daño. Lo más natural es que mañana el lagrimón del alma se detenga. Luego de una herida, nuestra piel se regenera, se transforma en costra, se sale y vuelve a ser casi como antes. Si los seres vivos somos pura carne y biología, ¿por qué no va a suceder lo mismo con estas penas?

    Pero hay que defender algo desde ya, Sánchez, Pinilla y Jara no se merecen el repudio de nadie. El desempeño de Gonzalo Jara fue destacable respecto a lo mostrado en Sudáfrica. Asimismo, el “Rana” por fin recordó sus tiempos en Hualpén, en esos partidos bravos que terminaban a sablazos y/o balazos. Hoy es un zaguero pícaro, tal como lo demostró ante el vampiro uruguayo Luisito Suarez.

    Mauricio Pinilla a pura potencia pudo llenarse de gloria si no es por cinco centímetros que separan al larguero del vacío que compone el arco. ¿Y qué vamos a decir de Alexis Sánchez? Todo lo que se diga sobre él es pequeño. Jugó con una fatiga muscular y anotó el empate con la sangre fría de un crack. Recibió una cantidad de patadas dignas del Guinness.

    Por todo aquello y más, no los matemos. No hagamos de ellos unos fantasmas ambulantes por la vida. Ellos representaron dignamente a una camiseta y un país. Y más todavía porque, como dijo Caszely tras su error, “para perder un penal hay que atreverse a tirarlo”, ¿Cuántos de ustedes se atreverían? El que esté libre de pecado, que lance la primera piedra. Cerramos con el poema de Bielsa transformado en una idea fuerza de aquí para adelante: “En cualquier tarea se puede ganar o perder, lo importante es la nobleza de los recursos utilizados”.