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    28.07.2014

    ¿Quién pone las manos al fuego por Valdivia?

    valdivia
    (Por Cristian Venegas)

    Esta humilde columna semanal no es escrita por un periodista. No se trabajaba con fuentes directas, ni métodos propios de esa admirada profesión. Entrega opinión y para hacerla nos valemos de la información que aparece en medios de todo tipo, algunos respetados, otros no tanto. Los datos señalan, con relativa certeza, que hubo actos de indisciplina de ciertos futbolistas chilenos en el Mundial.

    El rumor habla de cinco sujetos metidos en el asunto. Nos preguntamos si serán los mismos involucrados en el escándalo del “Bautizazo” (Valdivia, Vidal, Beausejour, Carmona y Jara). Obviamente, no están los del “PuertoOrdazo”, porque, salvo Valdivia, los participantes están retirados o inactivos -siendo permanentemente masajeados con naftalina-.

    Dado el historial, Jorge Valdivia aparece inmediatamente como uno de los sospechosos. La renuncia del talentoso volante a la Roja hace unos días no hizo más que acrecentar las dudas. Repito, para formular esta opinión nos valemos de la información disponible. Y está bien, algunos medios son tendenciosos, pero para eso está nuestro juicio.

    Viendo hace unos días el programa “Manos al Fuego”(Chilevisión), me pregunté, sin más, ¿quién pondría las manos por Valdivia esta vez? ¿Su familia? ¿Sus amigos? ¿Algún periodista deportivo? ¿Los hinchas? Quien naciera (irónicamente) en Maracaibo, Venezuela, hoy ni siquiera tiene la fianza de los fanáticos del Palmeiras, otrora babosos e incondicionales del “Maginho”. En efecto, antes del mundial, un reportaje mostró la opinión sobre Valdivia de un par de hinchas del “Verdao”. Adivinen el resultado… en Chile y Brasil se piensa lo mismo.

    Pero la Federación de Chile niega los supuestos hechos ocurridos en Brasil. Que si los supiera ya habría aplicado los castigos correspondientes, “tal como ya ocurrió en una ocasión hace algunos años”, según un comunicado oficial.

    Contrariamente, el periodista Víctor Gómez (el tristemente sancionado por la talla del “olor a azufre” en Chilevisión) pone en duda la versión de Quilín. Señala, vía Twitter, que la ANFP, la Federación y el cuerpo técnico sabrían quiénes y cómo se dieron los actos de indisciplina: “Hoy la ANFP debe investigar. El DT guardó silencio y sólo llamó a periodistas amigos para negar (…) El tema es simple: para no dañar a inocentes y sus familias como dice la declaró ANFP, es hora que el directivo que filtraba ahora diga la verdad”, apuntó el periodista.

    Vamos a decir majaderamente que la indisciplina en la Selección es tan vieja como la Cordillera. Desde las competencias de 100 metros planos entre jugadores, en horario de descanso (tierno desorden de la Roja del ’41), hasta fiestas de cumpleaños -con amigas- en una que otra concentración.

    Pero Valdivia es un veterano a esta altura. A pesar de sus diez años en la Selección, el volante se ha convertido en el “Niño Símbolo del Mambo” de Juan Pinto Durán. Quebró una confianza de años con Borghi, quien sólo cometió el “delito” de tratar a un “niño” como adulto, capaz de autorregularse.

    Valdivia aún no entiende. Revelaba hace solo unos meses: “Muchos jugadores salieron de noche y se convirtieron en fenómenos. Hay también mucho jugador creyente que salió menos, pero que también jugó bien. Cuando más salí, entre 2006 y 2008, fue cuando mejor jugué. No hay regla”. El 10 chileno pudo preguntarle a Pelé por qué fue el mejor: el entrenamiento invisible.

    Han existido otros personajes que se han portado peor, con y sin uniforme rojo, aunque el paso del tiempo endulza los recuerdos. Parece que a los pendencieros, el retiro del fútbol les entrega el título simpático del “loco lindo”. Candonga Carreño, Pititore Cabrera, Cornez, Orlando Mondaca, Bambino Veira, Burrito Ortega, George Best, Paul Gascoigne… La lista es larga.

    El argentino René Loco Houseman respetó el Mundial del ’78 por lo menos y no se fugó de la concentración como acostumbraba… fue por miedo: “Estábamos vigilados por milicos, si veían una sombra, capaz que me cagaban a tiros. Me dicen loco, pero boludo no soy para provocar que me maten…”. A su compatriota Héctor Bambino Veira, la pasión eterna por la “joda” le permitió salir de extra en una película de John Wayne y a servirse a una “Chica Bond”… sin hablar una pizca de inglés. Bambino era un “mostro” en la cancha, según cuentan, pero prefirió otros espectáculos.

    De modo que nos cuestionamos cuánto les restó la noche, los amigos y el rock and roll a las carreras de los desordenados. Personajes que pudieron ser leyendas, pero acabaron como material para la anécdota sabrosa. Cuánta diferencia entre quienes se han tomado en serio las cosas y quiénes no. A tropezones, Vidal lo entendió y hoy es figura en el Calcio. Medel es requerido por varios equipos laureados de Europa y nadie duda sobre un futuro auspicioso. Sánchez está en otra órbita. Bravo llegó en su mejor momento al Barcelona y, lo más probable, es que sea titular. Así pues, la comparación de estos con Valdivia es odiosa.

    Al hombre del “Verdao” le salió el tiro por la culata. Pensaba que con el solo talento bastaba para ser el mejor; Bielsa, Borghi, Acosta y Sampaoli creyeron el cuento. A pesar de jugar en dos mundiales por la Roja, la historia de Valdivia como futbolista será juzgada, no por lo que jugo, sino que por lo que no hizo en la cancha. Así como asertivamente dijo el periodista Esteban Abarzúa hace unos días: “Valdivia, el Mago, es el hombre que no estuvo. El futbolista que más echamos de menos en las grandes ocasiones durante los últimos cuarenta años”.

    Pero que ni Valdivia ni sus seguidores se alteren ni sulfuren. Estas dudas y críticas no son gratuitas. Dejémosle esa actitud al mundo político, el cual se ofende si la ciudadanía ya no se la compra, o que ve en sus acciones parlamentarias y de gobierno todo tipo de conflictos de interés, corrupción y moral decaída. Viejo, nos basta con esa pelea más dura, que la laxa anécdota futbolera del momento del crack que decidió no serlo. No pierdan tiempo en ese enojo.

    De cualquier forma, esas manos que hoy podrían arriesgarse por Valdivia en su mayoría ya están quemadas, y sí hay alguien que quiera volver a ponerlas ya no sirve: perdieron la credibilidad, esa que jamás se recupera. Los pocos que blindan al talentoso mediocampista cantan hoy, emborrachados, el valsecito de la tremenda Chavela Vargas: “Nada me han enseñado los años, siempre caigo en los mismos errores…”.

    Frente a todos los antecedentes, ¿Qué persona confiable queda para servir de avalal Mago? ¿Quién dijo “yo”? ¿Alguien? ¿Nadie?