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    06.08.2014

    Sampaoli, las reuniones privadas y el microclima de Juan Pinto Durán

    sampa
    (Por Cristian Venegas)

    El periodista Luis Urrutia O’Nell -más conocido como Chomsky- ha levantado su propia teoría. En las herméticas dependencias de Juan Pinto Durán existe un microclima extraño, mareador y paranoico que termina afectando a quien más tiempo pasa en ese lugar: el entrenador de la “Roja”. Con el paso del tiempo, ganando o perdiendo, el sujeto de buzo empieza a ver sólo fantasmas y enemigos tras la reja que separa el mundo de víboras de su fortaleza deportiva. Su remedio, la soledad… Pues bien, bienvenido al club, Jorge Luis Sampaoli.

    Este lunes, en una nueva estrategia comunicacional -llámese también “error no forzado”-, la ANFP y el argentino invitaron a conversar privadamente a un grupo de periodistas del medio local, al que definieron como “destacados”. Estuvieron Schiappacasse, Cumsille, Bianchi, Sagredo, Marcone, Flamm, Sepúlveda, Carcuro, entre otros. Eso sí, hay algo que se debe investigar a la brevedad: ¿quién hizo entrar a Mario Mauriziano?…

    ¿El móvil de la reunión? Dialogar sobre temas futbolísticos de la Selección. El detalle fundamental: sin cámaras ni grabadoras. De esta forma, en Quilín se resguardaban de que las palabras dichas no tendrían evidencia y, por lo tanto, cualquier declaración fuerte o desubicada del argentino podría ser desmentida fácilmente.

    En otra separación de estilo de Sampaoli con Bielsa, el oriundo de Casilda hizo todo lo contrario al Loco. Este último, a pesar de las insistencias, jamás hizo distinción entre los medios y sólo hablo en conferencias de prensa públicas. Pocas veces rompió este esquema.

    ¿Cuál será la razón de fondo para que Sampaoli eligiera este suicida camino comunicacional? Las respuestas viven al interior de esa pelada cabeza, del presidente del fútbol chileno y de sus asesores. Así que sólo nos queda intuir. En ese contexto, es dable pensar que con esta acción se intenta controlar a los “fantasmas” y a los “enemigos”, es decir, a las agencias que son capaces de construir sentido en el público, hablamos de los medios de comunicación. ¿Por qué sólo estos fueron invitados? Porque la prensa opera como filtro de aquello que es “importante”, ese es su rol esencial. Para que las críticas o elogios de los técnicos, jugadores y dirigentes a Sampaoli lleguen a la opinión pública se necesita justamente el micrófono de un medio. Por eso había que “sobarles el lomo”.

    Y había harto paño que cortar, fundamentalmente con el tema de la supuesta indisciplina en Brasil y el bluffeo eterno de Sampaoli sobre su continuidad en la Selección. Temas que pasaron a segundo plano por las denuncias éticas de algunos periodistas, la sabrosa “sacada de trapos al sol” de Guarello y Bianchi, y una supuesta invitación a comer galletas con Sampaoli con los “periodistas excluidos”. Esto último más parece un efecto de la alharaca por la reunión del lunes, pero algo se logró: sacar de la agenda los temas peliagudos.

    Con una conversación entre técnico y periodistas sin registro, nos quedamos con las ganas de gozar con la verborrea épica de Jorge Sampaoli. Conjunto de frases y oraciones difíciles de seguir. Será lo anterior producto de la admiración del menudo argentino por Bielsa, pero más parece un sucedáneo sin trascendencia. Y finalmente, lo que queda es lo que se hace, como lo ocurrido este lunes. Por ello, la admiración real de Sampaoli por el “Bielsa-persona” es tan dudosa como el cuadro de Allende en la casa de Jaime Estévez. Agréguese a lo dicho, el antecedente que aún estando Borghi en la banca, Sampaoli se “encontraba casualmente” con Jadue en un club privado.

    En boca de un tipo exitoso como Sampaoli, qué duda cabe, aparece la extraña monserga de la “rebeldía”: ”Si uno no se rebela ante un adversario que tiene todo un estadio, un país a su favor, obviamente el resultado está claro (…) y todos sabemos que la característica más importante de este grupo es esa”, dijo hace unos meses.

    “La rebeldía no hay que censurarla. El que está conforme sin jugar, no me sirve”; “Este equipo tuvo la rebeldía de ser protagonista”; “La “U” fue más rebelde que en otros partidos, tuvo la grandeza de dominar el encuentro y jugar a espacios grandes contra delanteros muy rápidos”… todas las anteriores fueron frases de su etapa en la U. Si ese es el concepto de “rebeldía” que mueve Sampaoli, el Che Guevara se revuelca en su tumba.

    En esta semana de manipulación estratégica y mediática sobre la continuidad de Sampaoli, surgieron voces a favor y en contra. Infortunadas palabras de Sulantay quien señaló que el argentino “se está aprovechando de la Selección porque le ha ido bien, pero este equipo rinde sólo. Todos quieren dar saltos grandes, pero no sé si Sampaoli está preparado”. Infortunadas palabras también del periodista Sebastián Esnaola al tratar a Sulantay de “vende humo”, porque, según su visión, el cambio futbolístico no vino con él, sino que con la llegada de Bielsa. Supina ignorancia. Una de las razones por la que llegó el rosarino fue, en parte, por la calidad de los jugadores de la Sub-20 del 2007, formados por José Sulantay.

    La línea de pensamiento de los sampaolistas –viuda de los bielsistas- dice que la exitosa campaña de la selección chilena se acabaría si el casildense se va. Tal argumento mostraría paradójicamente la debilidad estructural del proceso Sampaoli: su proyección en el tiempo, su sustentabilidad. Un proyecto serio y realmente exitoso andaría sólo, independiente del personaje que esté al mando. Una buena gestión no debería pasar sólo por las personas, sino que por las funciones, roles y acciones que hay en el proyecto. Flaco favor hacen a sus ídolos los seguidores de los entrenadores argentinos.

    Las diferencias entre Bielsa y Sampaoli son claras, pero se parecen en algo: su total hermetismo sobre su desempeño dentro y fuera de la cancha. Y ciertamente, con esta conducta han perdido más que lo que han ganado, no hay duda. Si bien a Bielsa lo aqueja la enfermedad de la soledad y fobia social, el efecto de ambos en el medio deportivo es el mismo. Las suposiciones.

    Para un norteamericano perseguido y silenciado en su propio país como Noam Chomsky -el verdadero Chomsky-, mostrar públicamente todo lo que hace es la mejor defensa del propio desempeño. Al dejar abierta la puerta se acaban las conjeturas y emerge la verdad:

    “Todo lo que hago lo hago abiertamente, así que no me importa (si me espían). A fines de los ’60 y principios de los ’70 estaba organizando una especie de resistencia popular. De hecho, fui a parar a la cárcel (…) Pero casi todo lo que yo y otras personas estábamos haciendo lo habíamos abiertamente. No queríamos que fuera un secreto, Queríamos que fuera lo más público posible. (…) Hubo un caso de conspiración y yo fui acusado de conspirador. Suponíamos que iba a ser un caso débil y que no íbamos a ser procesados, porque la conspiración era completamente abierta. Nosotros nos parábamos y le decíamos a toda la ciudad de Nueva York que estábamos conspirando para socavar el sistema militar. No hay nada que probar. (…) Cuando la fiscalía concluyó el caso, hubo una reunión de los abogados defensores y los defendidos donde discutíamos cómo proseguir y allí se tomó la decisión de no presentar ninguna defensa. Y la razón fue que la fiscalía nunca pudo reunir un caso (… no habían antecedentes de conspiración secreta…) Y, por lo tanto, si uno hace las cosas en público está bastante a salvo…”.

    Se imaginan cuántos dolores de cabeza se habrían ahorrado la gente de la Selección y la ANFP haciendo las cosas públicas. Yendo al pasado, el problema de Borghi no fue abrir las puertas de JPD, sino que haber permitido que sucediera el relajo adentro de la concentración.

    Estudiantes de meteorología, sociología, antropólogos, sicólogos, ahí tienen un buen tema de tesis de título. Golpeen el portón de “Juan Pinto Durán” y pregunten por el encargado.