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    08.10.2014

    Gente decente

    maletin
    (Por Cristian Venegas)

    Más allá de los quinientos kilómetros que separaban a los participantes de la videoconferencia, el ambiente estaba pesadísimo. En un punto de enlace estaba el rector de aquella universidad privada y su grupo de apoyo. En el otro, se disponían nerviosas las autoridades de la sede regional. Esto no era gratuito. Implacable, autoritario, adicto a la “cero falta” y a la ganancia, el “jefe” comprendía a la universidad como una máquina de hacer de dinero, más que un bastión ideológico. Inclemente, al punto de echar a una asistentepor un error ortográfico, disminuir el “cafecito” de las clases de postgrado (bastante caras en arancel) y reducir los honorarios docentes para aumentar utilidades.

    La reunión virtual tenía por objeto el paranoico control de las movilizaciones estudiantiles, a pesar del poco ambiente “revolucionario” que había allí. Para empezar, el rector preguntó a uno de los interpelados regionales sobre la cantidad de centros de alumnos en la sede. Tal vez por ignorancia, protección o quién sabe qué, el hombre señaló un número mínimo.Al oírlo, un comensal hizo una mueca (de alivio o angustia) tan imperceptible como extraña. El mandamás lo notó al tiro: “Ana, ¿por qué pusiste esa cara?”. La mujer cedió a la presión fácilmente y dijo la verdad: eran más.Aunque fuera por un dato intrascendente, el tema se resolvió casi de inmediato: despedido sin apelación a quien fuera uno de los fundadores de la institución.

    Esa misma lógica, el rector usó en otra “universidad futbolística”, y que corroboró tras ganar un torneo internacional.Quizás existan quienes acepten la licitud de ésta obsesión por el dinero, el poder y el control mediante un liderazgo patronal y autoritario, pero la cosa es distinta hoy. Los nuevos paradigmas de liderazgo plantean todo lo contrario. Revisen cualquier programa en esta línea: el repudiable “patrón de fundo” se va, porque ofende, destruye, y la gente ya no lo aguanta.

    Pero la razón principal de esta columna no es éste decidor caso. Se encuentra en el escándalo político y económico del momento, y que, como en otros casos, salpica al fútbol. La investigación que lleva a cabo la Fiscalía de Alta Complejidad por el Caso Penta, afecta directamente a Carlos Alberto Délano, quien hasta hace un año era uno de los principales accionistas de AzulAzul. Desde ya, ésta acusación pone de manifiesto que los vicios en gestión y honorabilidad no son patrimonio solo de la actual administración empresarial y/o deportiva.

    Para Délano, las cosas no están fáciles, más aún, por lasaristas políticas del Caso Penta, el que podría explicarse más o menos así: El ex accionista de la ‘U’, entre otros personajes, habría pagado honorarios por trabajos no realizados, con el fin de, por un lado, evadir el pago de impuestos al fisco y, por otro, distribuir recursos, en forma oculta, para las campañas políticas de la derecha.

    Nadie está a salvo

    Hace unas semanas, cayó otro pez grande, esta vez de Blanco y Negro S.A. Leónidas Vial, hombre de negocios poderosísimo –que jamás asistió a la universidad-, no se salvó de la justicia y fue sentenciado por la Superintendencia de Valores y Seguros a pagar una multa de 29 millones de dólares por el Caso Cascadas. Una historia compleja que EMOL puede ayudar a entender: “Entre los años 2008 a 2011, las Sociedades Cascada realizaron una serie de operaciones sociales, tanto de inversión como de financiamiento, que tuvieron por objeto dejar disponibles importantes paquetes de acciones para su remate en el mercado, para luego, recomprar esos títulos a precios mayores a los de su venta inicial. Las Sociedades Cascada vendían estos títulos a sociedades identificadas como Relacionadas (controladas por Julio Ponce Lerou), Vinculadas (controladas por Roberto Guzmán Lyon) e Instrumentales (controladas por Leonidas Vial Echeverría y Alberto Le BlancMatthaei)”. A lo anterior, hay que agregar el perjuicio que esto trajo a las inversiones de las AFP, a saber, al capital de los trabajadores chilenos, en algo que aún no ha podido ser cuantificado.

    Hay otros casos

    La memoria es frágil, pero gracias a Internet todo queda registrado.

    Para referirnos a José Yuraszeck nos valemos de la opinión de Juan Cristóbal Guarello: “Nadie habla en voz alta de la trayectoria de José Yuraszeck porque todos, o casi todos, le temen. Se deja de lado, como si fuera un detalle anecdótico, la manera en que se privatizó Chilectra o de su comprobada participación en el caso “Chispas” (1997), donde debió pagar una millonaria multa al Estado (75 millones de dólares) por el perjuicio que le causó a los pequeños accionistas de Enersis cuando le vendieron un paquete de acciones de Endesa España a sobreprecio”. El Caso Chispas se lo llevará a la tumba, al igual que un ex Presidente que hoy anda como Tommy Rey: “saliendo en todos los bailes”.

    En tanto, Lorenzo Antillo, actualmente está a cargo de Audax Italiano, tiene un pasado vinculado al negocio de las universidades privadas. En 1988 fundó la Universidad de las Américas, la que controló hasta su venta en la década pasada. Las investigaciones por lucro lo han dejado fuera fundamentalmente por un tema de tiempo. Sin embargo, la sospechosa participación silenciosa en la casa de estudios sigue latente hasta hoy, tal como informó CIPER. En el 2011, la Universidad de las Américas tenía entre sus “proveedores” a Inversiones Delfos, de la que se cree podría ser usada para retirar ganancias. En las memorias de la institución, el pago a ésta entidad aparecía bajo el dudoso ítem de “cuentas por pagar”. Pues bien, Inversiones Delfos estaba a nombre de Lorenzo Antillo…

    Sandro Rossi era agente de aduanas y formaba parte del directorio de Everton. Tras el terremoto de 2010, el viñamarino junto a ejecutivos de Cencosud habría participado en el ingreso irregular de alimentos y productos urgentes desde Argentina. En el documento aduanero se señalaba explícitamente “ayuda humanitaria”, no obstante, la mercadería terminaría en las góndolas de los supermercados de Horst Paulmann.

    Lo que sucedió en La Calera era para escandalizarse. Por suerte, Sergio Jadue voló a Quilín antes de salir salpicado. Tomás Serrano, dueño del club, estuvo más de un año con arresto domiciliario, tras ser autor “del mayor fraude bursátil del último tiempo”, como señaló El Mostrador. Este ex corredor de bolsa usó “dineros de los clientes de su corredora en negocios que la ley no le permite. Entre ellos, la compra de La Calera”. No era el único en la nómina de la justicia por esos lares. Fueron también formalizados por el mismo caso, dos directores-accionistas del club.

    Hace solo unas horas, juró como presidente de Naval S.A., el ex alcalde de Hualpén, Marcelo Rivera. Supongo que recuerdan la salida del sillón municipal de este político, cuya casa y patio, están separados por breves metros de la casa de mis papás. Mi “vecino” fue condenado por delitos de cohecho y fraude al fisco, además de inhabilitársele de por vida para ejercer como jefe comunal. A los dirigentes del equipo chorero, estos datos poco importan, si venían de la cuestionable gestión del empresario Fernando Rojas.

    Hablando del mismo caso, ha pasado coladala figura del ex “delfín” de Rivera, el diputado Cristian Campos. El parlamentario por Talcahuano y Hualpén prefirió llegar a un acuerdo rápido con la justicia –antes de cualquier investigación- pagando los dineros que cobró irregularmente como horas extraordinarias, cuando era funcionario municipal. Hace unos días, el Consejo de Defensa del Estado presentó una impugnación al juicio abreviado para que se llegue hasta el fondo.

    A unos veinte kilómetros, en Nonguén, los destinos de Deportes Concepción fueron llevados hasta hace unos meses por el representante Pablo Tallarico. Un hombre que podría haber participado como cómplice en la obtención irregular de pasaportes de futbolistas chilenos que actuaban en Europa. Un grupo de abogados europeos –quienes fueron los únicos que terminaron viendo el sol a cuadros- conseguía los documentos que acreditaban falsamente a los jugadores representados por Tallarico como “jugadores comunitarios”. Así pues, el chileno Pablo Contreras aparecía como “italiano” en los registros del Mónaco francés por lo que fue deportado del viejo continente, al igual que Cristián Uribe y Alejandro Escalona, todos representados por el uruguayo y con pasaporte italiano.

    Frente al caso, Tallarico señaló hace unos años: “Tengo absolutamente toda la documentación (…) en la que se certifica que en ese proceso no tuve nada que ver”. Que ver o no, es mucha la coincidencia, como la dada sobre sus cuestionables comisiones cobradas por transferencias de jugadores en que no participó. Hay una buena lista de ex jugadores por esta y otras quejas.

    De aquí para atrás, ¿qué?

    Hace unos días estuvimos en un conversatorio de fútbol chileno en el Metro Baquedano con José Antonio Lizana y Danilo Díaz. El Premio Nacional de Periodismo Deportivo se ganó unas “chuchadas” de un par de asistentes por criticar la “demonización de las sociedades anónimas”. Tiene razón al defender que (eso sí, gracias al CDF)las S.A. han permitido pagar sueldos a sus futbolistas y funcionarios. Pero también dijo algo importante y clave. Hay gente de baja calaña en las S.A., pero aquello no es nuevo.

    No se puede olvidar el robo al Banco Central a manos Fernando Jaramillo, funcionario de la institución y presidente del Green Cross en la década del cincuenta. Con los billetes hurtados financió al club por unos buenos años e incluso con las mismas trajo al argentino Eliseo Mouriño, internacional por Argentina. Solo él sabía el origen de la platay acallaba las suspicacias con el cuento de un mecenas silencioso que solo quería colaborar con su Green Cross. Jaramillo tampoco fue gil. Igual ocupó platas para algunos lujos personales, pero siempre con la promesa de devolverlas. No obstante, tanta fortuna no podía terminar bien. Cuando volvía del sur, el avión que traía al plantel del Cross capotó en un cerro de Linares. Fallecieron todos los ocupantes, incluido Mouriño, quien ni siquiera había debutado.

    Finalmente, fue descubierto huyendo del país vía cordillera junto a su amante y tres arrieros. El Comisario de Investigaciones Mario Baeza y el carabinero Marcelo Salas lograron detenerlo, mientras éste preparaba un asado para capear el hambre. Aparte del alcance de nombre con el “Matador”, Jaramillo reconoció en el Comisario Baeza a un ex futbolista. Ironías del destino. Como la suerte estaba echada, el estafador invitó al asado a sus captores: “Los policías se consultaron con la mirada, y la invitación fue aceptada. Tanto captores como capturados, más los tres arrieros se sirvieron asado y ensalada”, escribía Hernán Millas.

    También, conmemoramos el desempeño del brabucón ex presidente de Lota Schwager Bernardo Ulloa. El hecho más grave se relacionó con la supuesta amenaza de muerte al técnico y periodista Juan Manuel Ramírez, mientras dirigía a la “Lamparita”: “Él (Ulloa) portaba un arma, la que vio además el preparador físico (Luis Wilson…). Los incidentes están grabados por una radio de la capital. Tengo de testigo a todo el plantel y espero que la justicia tome cartas en el asunto”. El conflicto se suscitó tras acusar Ramírez al empresario lotino de “contratar jugadores de su localidad para ganar votos que lo acercasen a la alcaldía de Lota. Al día siguiente el periodista recibió un llamado telefónico en que le amenazaba directamente de muerte”, dijo La Nación. No fue lo único para el hombre de Renovación Nacional. Ulloa fue destituido de su cargo de Concejal en Coronel tras ser condenado por agresiones a dirigentes lotinos.

    Otro Ulloa, hizo de las suyas en Concepción. Marcos Ulloa con la concesionaria León de Collao. La que se hizo cargo de los Lilas tras su quiebra. Hasta ese momento, era un poco reputado hombre de negocios que utilizaba siempre el mismo cuento, el de los inversionistas alemanes. Con Deportes Concepción prometió un nuevo estadio con capacidad para 50 mil personas y campos deportivos de alto rendimiento. También convenció a los dirigentes penquistas de una supuesta relación contractual con el alemán Schalke 04.

    Como siempre, cuando estaba con el agua hasta el cogote, el estafador se hacía humo, hasta que apareció el brazo de la ley. Fue condenado a cien días de cárcel por estafa a una ciudadana alemana. Antes de eso, ya había sido condenado por giro de doloso de cheques. Hace tres años fue nuevamente formalizado por engaño económico a un ex dirigente de Concepción.

    Brevemente, se podría recordar la desprolija administración de la Asociación Central de Fútbol de Rolando Molina y de la ‘U’  por parte de Ambrosio Rodríguez. O de su colaborador Efraín Palma quien justificó la falta de tres millones de pesos en la ACF con un “me van a perdonar, pero no sé dónde dejé esa plata”. O las dudas eternas sobre Nasur y los cien mil dólares que habría recibido por entregar la localía a Brasil en la eliminatoria del ’89. O el autoritario estilo de Reinaldo Sánchez, más los modos clasistas de Abel Alonsok, quien dijo una vez: “Lo que me ha extrañado es que hayan recibido (en la ANFP) juntos a los jugadores y a los entrenadores. Eso quiere decir que en una empresa puede darse que exista un pliego de peticiones de los obreros y sus jefes: ¡Eso no puede ser nunca!…”.

    Al final, hechos y no palabras

    Hay quienes ven en la problemática planteada un asunto meramente político. Puede ser. Muchos de los mencionados aquí son hombres de derecha. Sin embargo, es imposible soslayar que un alcalde socialista y presidente de Deportes Arica despidiera a un plantel completo tras una huelga por deudas, o la participación de Jaime Estévez, en el Caso Banco Estado. Ironizaba Guarello: “Por más poncho que use y cuadros de Allende que tenga en su casa, si acaso todavía queda alguno ¿Por qué he de confiar en alguien que, siendo presidente del Banco del Estado cobró comisiones abusivas a los ahorrantes? La entidad financiera debió pagar 5.700 millones de pesos por modificar unilateralmente los contratos y subir las comisiones (…) Las explicaciones de Estévez fueron impresentables, señaló que ‘las cuentas de ahorro se estaban usando como cuentas corrientes’”.

    Así, dadas las cosas, terminaremos evaluando a la gente del fútbol menos por su chapa política y/o adhesión a las S.A.,y más por su decencia y dignidad. Vamos a abrir los ojos: gente decente e indecente hay en todos lados, y obvio que el fútbol no se salva. Pero, hoy nos están haciendo las cosas fácilesy de a poco los estamos descubriendo.