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    14.10.2014

    Yo bloqueé a Felipe Bianchi

    seleccion
    (Por Cristian Venegas)

    Una profe en la U fue lo suficiente gráfica para que lo entendiera: “Siempre necesitas a alguien que te avise del moquito en tu nariz”. Frase sencilla, pero potente: todos precisamos de un “otro” que nos haga ver que la estamos “cagando”. Se supone que así uno crece, aprende y se desarrolla. La única forma de enmendar un error (porque no eres perfecto) es la crítica. Si no aceptas esta sentencia, es que te estás haciéndo el gil sólo.

    Como muchos, seguía a Felipe Bianchi por Twitter. Al leer una publicación, y conociendo su opinión sobre nuestro mundial (1962), le escribí: “Oiga @bianchileiton, me parece impresentable q salga vanagloriándose del mundial del 62, después d hacerlo bolsa en 1 columna de EM”. Me equivoqué, la columna era enTerra.cl. Bianchime responde calurosamente, al  instante: “@venegastraverso¿usted es huevón o se hace?”, más  bloqueo incluido.

    ¿A qué me refería yo?A esta columna de 2008: “Cuando uno viaja y habla con periodistas de otras partes y lee artículos y libros hechos en otros continentes, se da cuenta que, afuera, para muchos, el nuestro (1962) fue el peor Mundial de todos los tiempos (…) Todos los cronistas de la época concuerdan en que fue un mundial muy feo, pese a contar con la mayor reunión de estrellas de todos los tiempos jugando al mismo tiempo (…) Estadios vacíos en Arica, en Rancagua, en Viña del Mar y la semifinal con menos gente jugada en la historia de los campeonatos mundiales: Yugoslavia-Checoslovaquia, disputada en Sausalito ante… 5.890 espectadores. Vergonzoso. Patético. Ocurrió en Chile (…)Arbitrajes muy dudosos, partiendo por Chile-Italia, un robo a mano armada a los italianos, que se portaron mal, pero no tan mal como los chilenos (nadie entiende, hasta ahora, como siguió jugando Leonel Sánchez tras quebrarle la nariz a Maschio y boxear a David ante la vista y paciencia del árbitro) (…) La mala organización… a una semana del comienzo del torneo o la pérdida -sí, la perdida- de la pelota oficial justo el día de la partida, lo que hizo que para la inauguración -Chile-Suiza- se jugara, por largos minutos, con una pelota “trucha” (…) También hubo, cómo no, estafas brutales, malversaciones feroces (…) La ultima: para los extranjeros, el goleador del mundial de 1962, con cinco tantos, fue el yugoslavo Yerkovic. Nosotros, en cambio, siempre creímos que fue Leonel Sánchez y otros cinco más (…)A nosotros nos vendieron la pomada. Más bien, nos vendimos la pomada”.

    Al cumplirse 50 años de la gesta, El Mercurio realizó un foro panel con algunos mundialistas (Leonel Sánchez, TitoFouilloux, Carlos Campos, y Chita Cruz), dos periodistas de peso (Brotfeld y Marín), y un dirigente del evento (Nicolás Abumohor). El conductor del evento que homenajeaba el tercer lugar de Chile y la realización del campeonato no era más ni menos que Bianchi, quien por esos días twitteaba: “Ya, rumbo a El Mercurio para el encuentro con las glorias del 62. Va a estar muy interesante”;”Nicolás Abumohor, como tuna pese a sus 92 años, se robó la película. Aplauso cerrado para “el jefe”; “Aunque parecía imposible a estas alturas, aparecieron nuevos documentos de la época aportados por Goñi hijo y datos desconocidos. Sabroso…”, “Estuvo notable ayer la conversación en EM con la gente del 62. Toro, Fouilloux, Chita Cruz, Edgardo Marín, Nicolás Abumohor. Gran asistencia tb”. La duda nos persigue: ¿les habrán contando a los contertulios lo que escribió Bianchi en su columna cuatro años antes?

    Con una caradura impresionante, la voz de Radio Universo, cambiaba la posición: “Cada aniversario (del Mundial de 1962), la sensación es la misma. Una mezcla de orgullo, emoción, rabia y desagrado. Por el desperdicio, básicamente (…) Perdón, don Carlos, don Ernesto, don Juan, don Manuel. Perdón, Riera. Perdón, muchachos. No hemos sido dignos del amor, de la pasión, de la mayúscula capacidad y esfuerzo que tuvieron ustedes. No sólo no hemos sido capaces de repetirlo, ni siquiera hemos sabido recordarlo como corresponde. Quizás por eso somos lo que somos. Poquito”. ¿No les parece un poco descarado?

    Pero el eterno “cambio de chaqueta”de Bianchi ha sido su máxima. Acorde a la moda pasajera del Colo-Colo de Borghi, el panelista de Tolerancia 0, tenía curiosas opiniones sobre el trabajo del técnico: “Borghi, qué duda cabe, hizo muchas cosas buenas por Colo-Colo. Le dio títulos, le devolvió la mística, le entregó un estilo claro y evidente, le hizo ganar plata, le devolvió una relación tibia y afectiva con los medios, lo llevó otra vez a tomarle la mano a su hinchada, deseosa siempre de victorias pero, sobre todo y como ha sido tradición, de un fútbol ofensivo, jugado, respetuoso de las formas. El fútbol de Borghi”.En otra columna, definía al ex argentino como “un buen profesional”.

    Pero tras la derrota de Harold Mayne-Nichollsy la llegada del Bichi a la Roja, el periodista, cambiaba radicalmente su opinión, sin decirle a nadie. Había que defender al “rucio”: “Cuando Barticcioto se peleó con Sanhueza y Kalule Meléndez (en 2009 con Colo-Colo) dijo que los jugadores tomaban en las duchas, que había botellas de whisky en el camarín y que fumaban en el entretiempo de los partidos (…) Ese camarín, como concepto, lo creó Borghi. Fue un camarín que en términos disciplinarios no funcionó como tampoco el de la selección. No es casualidad. Dejó la cagá en Colo-Colo y en la selección. Cuando tienes cinco días cada dos meses, tienes que tener extrema concentración, no extrema libertad”.

    Sin embargo, en su tónica, Bianchi nada ha dicho sobre la afanosa tarde libre que autorizó Sampaoli y que tuvieron algunos seleccionados en Brasil, antes de enfrentar a los tetracampeones. Otros periodistas han justificado la supuesta ingesta de alcohol y ejercicio sexual con que “estaban en su hora libre”. Seguro a Borghi, lo hubieran violado a críticas, como lo hizo nuestro protagonista: “En la Copa América (2011), que en términos de disciplina fue un escándalo, y esa vez no se hizo eco porque el proceso estaba comenzando. Hubo indisciplina, los jugadores podían ir al casino cuando quisieran, entraron mujeres a la concentración y hubo chipe libre para chupar en el hotel”.

    Cuando Jadue era una palabra fea en su cabeza no trepidaba en deshacer al dirigente. Comentaba en una entrevista: “… esta historia partió muy mal y me da pena como terminó. Pero Borghi, de cierta manera, se lo buscó por trabajar con esta gente (Jadue y compañía). (…) A mí me parece que cuando uno trabaja con ese tipo de gente se arriesga a que las cosas terminen como terminaron… Yo creí que un tipo como Borghi no iba a aceptar trabajar con esta gente, pero aceptó y así le fue”.Y pidiendo la salida de Jadue: “No se puede seguir confiando en quienes cometieron la mayor torpeza que se puede cometer en el fútbol: frenar un proceso muy exitoso, de alta efectividad, profesionalismo y apoyo ciudadano, para jugar un juego que, evidentemente, no sabían jugar”. Ante esto, viene otra observación mía y maliciosa. El ex CQC, desde que está Sampaoli, ¿ha criticado el desempeño de Jadue en la Selección? ¿No se supone que en la ANFP había gente de mala calaña? Si tienen algún dato avísenme…

    Otro episodio que Internet no olvida, es la opinión sobre la gestión en Colo-Colo de Gabriel Ruiz Tagle, futuro Ministro de Deportes de Sebastián Piñera y uno de los articuladores de las salidas de Harold y Bielsa. Se lee en 2008: “Nunca estuvo mejor como institución el equipo albo. Cargado de títulos, con muchos adherentes, sólido en tesorería, controlado desde adentro y desde afuera. Con la certeza absoluta de dónde va a parar cada peso, con un complejo deportivo para las divisiones inferiores y una excelente red de captación por todo Chile. Con un estadio refaccionado que pinta para moderno de aquí a muy poco”.

    Dos años después vendría el incidente que catapultó a Bianchi como el “héroe del pueblo”. La denuncia de la intervención de Piñera –entre otros- en las elecciones de la ANFP en 2010, hizo del periodista una patética especie de la “voz de los sin voz”. Había que ser muy gil para creer que la “pelea” con Sebastián Piñera era por un tema ideológico, y no por la conspiración para sacar a su “amigo” y “cercano” Harold Mayne-Nicholls. Porque, ¿tan diferentes son Bianchi y Piñera? Claro que no. El periodista tiene un famoso cariño por las S.A., ¿se acordará que el ex ByN fue el principal impulsor del modelo y que, incluso, aquella fue la última iniciativa que alcanzó a presentar como Senador en 1998?

    Más aún, la presencia de Piñera en Chilevisión cinco años antes, no era tan mala: “(Piñera) traerá la fuerza nueva con una mirada moderna y competitiva. Es un gallo que se maneja en el tema de gestión y espero que aporte lo que necesita Chilevisión para competir en igualdad de condiciones”, dijo a La Cuarta. La “zalamería” no acabaría allí. En enero del 2010, y tras presentarse a los ministros que acompañarían a Piñera, hablaba sin asco: “Casi todo el nuevo gabinete va a perder dinero por meterse en esto”. Los datos de hoy desmienten tal profecía. Según Forbes, Piñera aumentó su fortuna en 100 millones de dólares entre 2011 y 2013, y según CIPER, Ruiz Tagle aumentó su patrimonio en al menos 500 millones de pesos.

    A la luz de esto, la cosa es clara. Los ministros de Piñera perderían recursos “por servir al país”, el ex presidente era el de la “fuerza nueva”, Borghi “un buen profesional”, y Gabriel Ruiz Tagle inspiraba transparencia y capacidad de gestión. Todo bien con ellos hasta que le tocaron a Harold Mayne-Nicholls. Pues bien, ahí está el “consecuente” líder de opinión, al que agradezco insultarme para así develar ésta característica suya.

    Por todo esto, duele ver a Marcelo Barticciotto hacer público su aprecio por Bianchi, sin saber la opinión de éste sobre la Libertadores del ’91: “¿… el mejor equipo de América? Más que dudoso. En el exterior recuerdan más a ese plantel porque nunca ganó fuera de casa, por lo fácil de su camino (…) y porque le ganó a Boca en un partido que aún es considerado como un robo escandaloso en Buenos Aires… y en toda América. De hecho, hay revistas que ponen a los albos como uno de los tres peores equipos que han sido campeones de la Copa en toda su historia. Terminado el torneo, Colo-Colo no vendió a un solo jugador al extranjero…”. A todas estas críticas les tengo respuestas objetivas en mi libro Fuera de Juego, a todas… Por ello, varios ciudadanos buscamos los méritos de Bianchi para alcanzar el Premio Nacional de Periodismo Deportivo en el 2006…

    Por si esto no fuera poco, uno es testigo de sus clásicos arrebatos clasistas y soberbios: “¿La “familia del vino”, como la “familia del fútbol”? Suena un poco chulo”, comentó a José Yuraszeck. Y recordemos su pelea por twitter (porque ahí no más se atreve, en T0, nada)con Ignacio Abarca: “Pobrecito. El piojo resentido no tiene destino: nació y será siempre segundón y mala clase #cuna” (…) No sé. Se lo dijo a un HDP miserable que no ha hecho nada y se cree que se puede comparar con los ganadores del Copihue. ¿Eres tú? (…) ¿Eras tú el envidioso que pelaba por la espalda? Todavía no contestas. Yo le hablo a ese tipejo. Si no eras tú, no hay drama”.

    En la cumbre del arribismo, y a propósito de una polémica con otro periodista, no tuvo reparos en dedicarle el epíteto de “hijo de nana” en plena columna en El Mercurio: “En los alegres años de colegio teníamos un compañero de curso muy antipático que era conocido como “el hijo de la nana”. Era gordo, feo, pavo. Pero lo peor que tenía era su insufrible resentimiento… Era envidioso y acomplejado. Siempre estaba rabiando. Porque no tenía plata, porque no tenía amigos, porque siempre le tocaba, literalmente, bailar con la fea… Pero sobre todo mala persona. Por eso lo despreciábamos. No por su origen. No por su aspecto grasoso. Era malo, el jetón. Malo con ganas. Rastrero, falso, servil, pequeño. Y, además, tenía una cosa muy rara: les tenía pavor a las rubias. Le daban miedo. No era capaz de hablarles. A diez metros de una rubia, de cualquier rubia, ya estaba angustiado. Sudando y temblando, porque el guatón además era cobarde. Juraría, de hecho, que nunca conoció a una rubia…”.

    Bianchi hablaba del “hijo de nana” para provocar un supuesto daño que al final, invita a compadecerse por quien cree que una “nana” y su hijo son resentidos de los triunfos de un pelotudo que nació ya ganando. Al menos quien escribe, es un orgulloso hijo de dueña de casa y chofer de micro… y nos alimentaron de dignidad toda la vida. ¡Qué orgullo más grande la “ofensa”!

    Dado lo mío, y lo de otros, opté por la absurda acción de bloquearlo de vuelta. Cómo si le importara, dirán algunos. Filo, es una humilde acción de justicia, testimonial y marginal, de un donnadie como la mayoría, que no tiene más armas que aquella. Es la resistencia al poder que representa un “líder de opinión”, oportunista, clasista y soberbio.

    Dirán que estoy obsesionado con él. Por supuesto. No aguanto que nadie me falté el respeto. Es una cualidad que valoro, porque me creo digno. Hay quienes no le gusta esto, pero me gusta dormir tranquilo por las noches.

    Dirán que estoy peleando sólo. Sí, pero porque Bianchi fue maletero. Me pegó una patada en el culo, se fue corriendo y se escondió tras un bloqueo. No dejó defenderse al oponente, simplemente huyo. Cobarde y maletero.

    Ante la crítica, el amigo de Bonvallet, sino bloquea, aparece  mostrando sus títulos y triunfos. ¡Qué importa eso! En un mundo que quiere botar las jerarquías y el poder lo que importa no es”quién lo dice”, sino “qué es lo que dice”. Dudo que entienda lo que es una discusión, sin picarse, aunque sea por medio de una red social.

    No soy tontito, ni mediocre, ni chantita, ni envidioso, ni resentido, ni segundón. No es mi ambición estar metido en esas entrevistas zalameras, con tenida dominguera, de Tolerancia 0. Al llegar al programa, Bianchi infló pecho y aseguró que había llegado a la “Selección”. Completaré la frase: “Selección de Burundi”.

    Seguramente, esta columna no la leerá. Estamos bloqueados mutuamente. Quizás revisen estas líneas “Jorge Martínez”, “Manuel Gacitúa”, “Francisco Valdés” o “Mario Rubilar”… quién sabe. Sin ser católico ni tan creyente, termino con una cita de San Agustín: “La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano”. Sánate y acepta los errores.