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    22.10.2014

    Dilo, Alexis, dilo…

    alexis
    (Por Cristian Venegas)

    La anterior, fue la semana de las “lenguas flojas”, qué duda cabe.

    “Me retraso (en la cancha) porque me desespero cuando el balón no me llega. Me recogí un poco y quedé lejos del arco… Cada jugador tiene su calidad. Se extraña tanto a Valdivia, como a Pizarro y Fernández. Ellos tienen la calidad de meter un pase de cara a gol. Será decisión del técnico si llamarlos o no. Él sabrá lo que hace”.

    Con estas palabras, Alexis Sánchez se defendió de las críticas sobre su desempeño en el amistoso frente a Bolivia (2-2). La opinión generalizada de la galería y los medios era su extrema pichanguería. Cuando el tocopíllano tomaba la pelota tres o cuatro altiplánicos se le venían encima. Con habilidad conocida intentaba zafar, mientras se mostraban pocas opciones de descarga para hacer daño. A las sentencias negativas por lo mostrado en la Roja contra Bolivia, Alexis tapó bocas ese mismo fin de semana marcando un golazo por el Arsenal. Aunque había un hombre encima y poco ángulo, se dio maña para, con su criticada “cachaña”, meter un derechazo cruzado.

    Más allá del contenido simple de la declaración de Sánchez, y la supuesta “malinterpretación de sus palabras”, aparece el rebelde acto de prender el ventilador. Una acción comunicativa (porque Alexis habló de algo que ocurrió, cuidando las formas y siendo sincero con lo pensaba) que vino a romper ese “código de camarín”, un libro no escrito digno de la mafia. El nortino se atrevió a hablar, tal como lo hizo Carlos Muñoz, al denunciar una práctica que la mayoría de los jugadores de Colo-Colo aceptaba y que es parte del secreto de vestuario: financiar “voluntariamente” a la barra. Rompió la censura tácita, pero que se vuelve explicito cuando es violado. El plantel, suponemos por la molestia o el temor, se demoró varios días en “apoyarlo”, a través de una conferencia de prensa con todos sus integrantes, más Ivo Basay a la cabeza –otro de gran relación con parte de la barra-.

    Volviendo a Sánchez, el delantero criticó implícitamente, no solo a sus compañeros, sino que también a las disposiciones tácticas de Jorge Sampaoli. El “Niño Maravilla” tiene poco que perder. Por unas palabras como las que expuso, un jugador de poco valor sería cortado por el “profe”, sin mediar consulta. Sin embargo, el ex Barcelona sabe que si es sacado del equipo sería un escándalo nacional, y más de algún afiebrado llevaría a Sampaoli a la frontera.

    Además, Alexis sabe cuándo y de qué hablar. Pocas veces se le ha escuchado algo que no tenga que ver con fútbol. Es un “juguito de pelota”, como dicen por ahí. Es selectivo en los temas, ya sea por demanda de su representante o por su propio carácter.

    Se puede creer que tal vez se está sobredimensionando la acción de Sánchez. Si aquello fuera acertado, sus compañeros de Selección se habrían quedado en silencio. Más aquello no ocurrió, por ejemplo, con Marcelo Díaz: “Yo creo que tenemos equipo de sobra. No tenemos que pensar en los que no están, sino que solucionar los problemas con los que hay acá. Siempre cuando no jugamos bien buscamos excusas y cuando ganamos está todo bien (…) Tenemos que ser bien autocríticos. No tuvimos un buen partido y no tenemos que buscar excusas en lo que hay afuera”. También, corto, y de genio, Gary Medel advertía: “El técnico sabe y decide quién debe estar en el equipo. No comparto esas palabras (de Sánchez)”.

    Pero no vayan a creer que ha sido lo único ocurrido durante la semana.

    En otro equipo -uno que regularmente viste de amarillo y que marcha puntero, no porque gane mucho sino que porque pierde menos que el resto- se dio similar fenómeno de crítica. Eduardo Contreras, alero izquierdo de la mencionada oncena, se atrevió a criticar el accionar deportivo de otro club, esa escuadra que viste de azul y rojo. Los dirigentes pusieron el grito en el cielo, porque ambos equipos pertenecen al mismo dueño, y la mano de este se deja caer con fuerza cuando nota que le están jodiendo el negocio.

    Las palabras de Contreras no fueron para tanto, aunque lo suficiente para afectar la sensible epidermis del equipo rival y de los jefes: “No tengo ninguna duda de que estos actos terroristas que se han registrado son de la ultraderecha. Es lo mismo que hacían cuando estaba Allende, aunque usen elementos anarquistas (…) La reforma tributaria, que toca los bolsillos de las grandes empresas, y la reforma de la Constitución, que para mí y cualquier persona normal son cambios necesarios, para la derecha fascistoide son la revolución marxista (…) Cuando no hay cambios, no hay terrorismo. ¿A quién le interesan los actos terroristas? A la derecha, la derecha empresarial (…). La directiva DC (Democracia Cristiana, compañeros de equipo) de 1973 apoyó el Golpe”.

    Tras el entuerto, Contreras tuvo una sabrosa conversación con los asesores de la entrenadora Bachelet. Raspacacho, “una más y se va para la casa”. En la versión de un diario que sale por las tardes, se señaló que el diplomático habría pedido disculpas “casi de rodillas”. Su representante, un señor de apellido Tellier, estuvo por ahí mediando, y en algo aportó para salvar la situación y que Contreras no fuera a engrosar el casi 10% de cesantes. No obstante, la cosa aún está calentita.

    En otra misma cancha, los “árbitros”, los hombres de negro, igualmente tuvieron lo suyo. Las declaraciones de los jueces Mariano Puga, José Aldunate y Felipe Berrios fueron atentamente examinadas por la “FIFA”, a través de su veedor en nuestro país. Éste habría pedido (dice una de las versiones) antecedentes al jefe del Comité de Árbitros, un señor de apellido Ezatti, que ya no dirige partidos, sino que escoge a dedo a sus comparsas. Obviamente, tienen este honor quienes le siguen el “amén”.

    Poniendo las cosas en su lugar, los “hombres de negro” en “capilla” solo habían hecho uso de su derecho constitucional a tener”la libertad de emitir opinión y la de informar, sin censura previa, en cualquier forma y por cualquier medio” (Artículo 19, inciso 12). En específico, el trío habría expuesto su punto de vista sobre los criterios y reglas para sancionar las faltas, y el “juegue, juegue” de lo lícito. Así pues, Puga habló mal de la abstinencia sexual, pero favorablemente a la posibilidad de abortar ante situaciones determinadas, al igual que Berrios. En tanto, el “profe” Aldunate se abrió a la posibilidad de aceptar a la homosexualidad, y no solo en los camarines…

    Aún no se sabe si la cosa va a pasar a mayores, pero por lo pronto, a Berríos lo mandaron a dirigir partidos de Cuarta División en el norte.

    Para terminar, la última galleta “gritón” de la semana. Fernando Paulsen, referente del conocido equipo de la parte alta de la tabla, ADN, lanzó sus críticas a la forma en que Juan Guerra, jugador poco mediático, pero atrevido, fue despedido por el presidente del club, sin siquiera preguntar al gerente técnico o al D.T. Los dirigentes habían quedado bastante quemados desde que el despedido participó como miembro activo en la negociación por los premios y parte de las utilidades que estaba generando el club, a partir de los sponsors. Paulsen, en conferencia de prensa en las dependencias de la institución, se “rajó” con palabrillas que dejaban bastante mal a los patrones: “Es un situación muy dura, muy difícil, y además con la cual yo estoy en contra y estoy esperando las explicaciones oficiales que correspondan. Porque no solamente hay que informarle al director de prensa y al director de la radio, que efectivamente no se informó, sino que creo que hay que informarle a las personas que ocupan los micrófonos de esta radio y a las personas que han trabajado con él”.

    Tampoco se han conocido sanciones, pero la experiencia cuenta que los cortes en la pega no son inmediatos, sino que aparecen silenciosos, cuando la tensión está baja y el diario se puso amarillo.

    En suma, los “talibanes” del silencio tienen como argumento efectivo que uno debe deberse al pensamiento de la institución que pertenece. Si esta resultara verdad pocos podrían hablar; es excepcional no estar vinculado a algún tipo de corporación. Que no te dejen opinar es una violación a un derecho constitucional, a un derecho humano, etc. Son derechos escritos que pocos conocen… y aunque los conocieran.

    Tanto Alexis, como Puga, Aldunate, Berríos, Contreras y Paulsen, rompieron códigos y diplomacias manipuladoras y mentirosas, pretendiendo develar verdades, a distinto nivel. Pero nadie puede negar que éstas son palabras valiosas, que aportan, pues critican y fragmentan un determinado aspecto del “mundo de la vida”. Aquello es un regalo para quienes nos carga lo “políticamente correcto”.

    Así hablar es necesario, cuando hay razones para hacerlo, tal cual lo hizo Sánchez y el bueno de Charles Chaplin en su película El Gran Dictador. Hasta ese momento, el cómico y director inglés era tratado de anticuado por su porfía de hacer cine mudo. Al planificar el guión de la mencionada cinta en que se burla de la Alemania Nazi, Chaplin por fin decidió articular a su querido vagabundo de caminada pingüinezca y gracioso bigoteal mundo sonoro, aunque con una razón contundente: “El vagabundo hablará cuando deba decir algo realmente importante”. Lo dijo y vaya que le costó caro…