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    03.12.2014

    Rentería y la Copa América: Una señal de alerta

    rente
    (Por Cristian Venegas)

    Lo vimos por TV hace una semana. Sergio Jadue (por su desempeño ante las cámaras, futuro animador del Festival de Viña del Mar) leía los papelitos de México, Ecuador y Bolivia para designar a los acompañantes de Chile en el Grupo A de la Copa América. Supuestamente, cuadros ganables, aunque con el equipo de Sampaoli nunca se sabe. Bolivia, un equipo en pleno recambio, estuvo a punto de vencer a la Selección algunas semanas atrás. El planteamiento táctico del argentino está siendo cada vez más predecible para los técnicos sudamericanos. No por nada, el uruguayo Gerardo Pelusso señaló a Radio ADN que “no se sabe cómo Chile te va a ganar, pero todos saben cómo ganarle a Chile”. Dos horas después, Uruguay daba cuenta de Sánchez y compañía en un atónito Estadio Monumental, que a los treinta minutos ya le cantaba el “ole” a los orientales. El mazazo posterior fue notable.

    Pero aunque deberíamos, lo cierto es que la atención de la sociedad hoy en día no debería estar dentro de la cancha, sino que fuera de ella; en la penumbra del espectador que vilipendia al himno extranjero y que a la primera entona la payasada ancestral del “porompompo… El que no salta es un…”.

    Porque la cuestión de fondo que nos atañe es, ¿qué diablos vamos a ofrecer en cuanto a hospitalidada las delegaciones latinoamericanas en nuestra Copa de junio próximo?¿El “esquinazo” de cueca de parte de algún grupo folclórico? ¿El envío de un plantel completo de empanadas de carne desde alguna panadería amable? ¿Algún descuento o freepass en cierta “casa de niñas”?

    ¿Qué pasara en la galería cuando se enfrenten con Chile? ¿Hueviaremos a los bolivianos con la salida al mar? ¿Se nos ocurrirá tratarlos de indios o “cholos”? ¿Nos pillaremos a la gilada tratando de “mono” o “simio” a algún ecuatoriano, tal como ocurrió hace poco, y por segunda vez, con el venezolano de Arica Emilio Rentería? Este último es el mejor llamado de alerta a algo que puede resultar en bochorno continental, e incluso suficiente para que la Conmebol lo piense bien antes de designar a nuestro país como sede de lo que sea.

    Que le griten “mono” a un moreno en un estadio chileno no es raro. Dado esto, es atendible que haya quienes se quejen de sobrerreacción por parte de Rentería, sin embargo, convendría detenerse que el destinatario del agravio no tiene la costumbre de recibir tales piropos. Viene de países en donde el color de piel no es un gran tema, al menos en la actualidad. La falta de costumbre hace que le duela la situación al venezolano, pero estamos claros que el “rollo” no es de él, obviamente.

    Elemental para nosotros, aunque no tanto para el conjunto de prójimos  instalados fuera del rectángulo verde -espacio en que se supone las pulsaciones están más bajas que adentro-, y que se atrevieron a “responder a la provocación” del ariqueño Rentería, a través de insultos fascistas. El juez del partido Julio Bascuñán decidió suspender el partido. Arica e Iquique cerraba la cortina antes de tiempo, aunque una autoridad, muy a la altura de su cargo, se desahogaba con repudiables frases tuiteras: “Definitivo ARICA ganó los puntos X secretaria. Esto es claro ganaron los MOJIGATOS PACATOS E HIPÓCRITAS. Basta que un NEGRITO LLORÉ y se GANA”. Al ser encarado por estos dichos, Ramón Galleguillos, alcalde de Alto Hospicio, se defendió con mucha ‘personalidad’: “Estoy tranquilo y nadie me puede negar el sagrado derecho que tengo de expresarme libremente. Le ofrecí mis disculpas al jugador Rentería y también lo lamento si herí alguna susceptibilidad. El resto ha sido una farándula política que han montado en Santiago y que sé perfectamente quien está detrás. Me pregunto la razón por la cual el Instituto de Derechos Humanos no me defiende a mí, pues me han basureado de lo lindo y me han denostado por emitir una opinión. Han cruzado un tema deportivo con cuestiones políticas, pues me han tratado de nazi, facho y mucho más. Que el Instituto de Derechos Humanos haga la pega que tiene que hacer y yo me defenderé como siempre. El mismo jugador ha planteado en la prensa que no le incomoda que le digan negro, pero sí que lo califiquen de mono”.

    En tanto, Fabio Rossi, Presidente de Iquique, club de los hinchas que denigraron a Rentería, señaló a un medio radial que “sin justificar los insultos racistas”, había que poner las cosas en contexto. “Si se castiga a los hinchas de Iquique, también hay que castigar a Rentería por su gesto provocador de ir a celebrar el gol ante la barra nuestra”. En contexto, el timonel iquiqueño pretendía poner al mismo nivel el delito de su “Adán”-hinchada” con la falta deportiva de Rentería de ir a gritarles el gol. En teoría, una respuesta “normal” de los iquiqueños ante una “tremenda” afrenta de la “Eva”-Rentería. O sea, la culpa es de quién incita, de la Eva que provoca a Adán para comer la manzana. Ridículo. En suma, una actitud del timonel nortino integrante del repertorio discriminatorio que acompaña frases tales como “yo no soy racista, pero…”, “yo no soy homofóbico, pero…”, “yo no soy machista, pero…”. Venta de pomadas baratas.

    No sería lo único en los argumentos exculpatorios del dirigente iquiqueño. Rossi se quejó que ellos también han victimas de epítetos, esta vez homofóbicos, en su visita a Arica. Durante toda su estadía en la puerta norte  fueron repelidos conepítetos e insultos tales como “huecos” y “homosexuales”…

    Para los neófitos debemos ser más profundos en analizar el asunto de la raza y, por ende, del racismo. Hace un tiempecito se ha establecido por las ciencias biológicas que la raza no es que más que una construcción social y cultural, pues bajo ningún punto de vista a nivel de biológico existe un patrón asociado a determinadas características y posibilidades vitales. Dicho esto se podemos decir que el acto racista en Arica no se encuentra en el hecho mismo de ser negro, sino que en las categorías y creencias buenas o malas que tienen las personas sobre, en este caso, Rentería. Es curioso, pero así como aparece el “macaco” como ofensa y burla a Rentería, nadie arruga la nariz si se le atribuyera una capacidad sexual y miembro viril extraterrestre. Bueno o malo, el tema transversal es el mismo, atribuir características a un grupo determinado.

    Por ello, el padecimiento de pertenecer a un grupo que se aparta de lo normal en nuestro país no es sólo asunto de”negros”. Es también el tormento de gays, ancianos, pobres, alternativos de pelo verde, otakus, punks, evangélicos, góticos, mapuches, discapacitados, flacos, altos, chicos, gordos…Y no es un asunto tan lejano, pues mientras escribo esto estoy viendo ‘MasterChef’, el programa de chefs amateurs que deja con hambre a medianoche. Resulta que a Karla, una de las participantes con problemas de sobrepeso, se le ocurrió decir en cámara que estaba con problemas estomacales, pues el día anterior, sin darse cuenta y “de a poco” secomió “un pollo entero, y más encima crudo”. De inmediato, pasé a revisar twitter para ver el impacto de tal comentario, y como es obvio, las burlas eran un huracán, incluyéndome. Ahí me encontré, en el limbo entre la burla inocente y ser parte de un repudiable bullying nacional. En el punto de inflexión entre el humor negro y la falta empatía, y eso tiene que ver con qué tan respetuosos somos de lo distinto, y qué tan hipócritas somos al afrontar el tema de Rentería y las futuras y seguras burlas a los jugadores morenos que vendrán a la Copa América.

    Es evidente que el problema de fondo es el paradigma nuestro de cada día de culpar la diferencia; a la gente que se sale del molde y del uniforme. Esa obsesión por el control, del orden y lo homogéneo que conduce inexplicablemente, por ejemplo, a insistir en uniformes escolares para niños y niñas, con pantalón y falda, respectivamente. Con pelo corto que no toque la camisa y pelo largo tomado para que avise a priori que es mujer, y que hay que puedes enamorarte con confianza para cuidarla con cautela y dedicada delicadeza.

    Toda esta idea de no aceptar lo divergente y de atribuir características a las personas por lo externo solo se superará cuando hagamos algo por comprender que el problema no está en lo diferente; está en nuestra cabeza. No está en el color de piel, ni en la panza, ni en el modo de hablar. Insisto, está en nuestra cabeza.

    Estamos a casi siete meses para el inicio de la Copa América, hay tiempo de sobra para aprender y crecer de una vez por todas como país… La señal de alerta ya existe.