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    20.01.2015

    Una boca y dos orejas

    herrera
    (Por Cristian Venegas)

    La calentura de las rivalidades hizo fuego y desenrolló las lenguas de Johnny Herrera, en una entrevista radial, y Emiliano Vecchio, en su cuenta personal de Twitter. Las figuritas se pasaron de listos con la verborrea. Mientras el portero de la Universidad de Chile encendió la mecha declarando a Radio ADN que “hay algunos que abusan del twitter y que salen hablando de los cristianos y que se acuerdan de la biblia cuando les conviene” (no hay que ser un lince para notar el palo directo a la camada cristiana de Colo-Colo); el argentino respondió que “no me avergüenzo de leer la Biblia… Sí me avergonzaría salir todos los días a la calle sabiendo que mate a una persona, que cara rota”…

    En tanto, el preparador físico de Colo-Colo, Juan Ramírez, hizo lo propio en los ciento cuarenta caracteres: “Dios te dio manos para atajar pero no para conducir y te dio boca para hablar, pero no te dio cabeza para pensar…”.

    Desubicados, muy desubicados. La religión y la muerte son temas sensibles, no muy debatibles, pero que pueden herir la epidermis del creyente y la víctima. Y no solo eso, pues con polvo en el aire, ya saben quién iba a llegar.

    La institución rectora del fútbol chileno (ANFP), la DINACOS de la pelota, decidió denunciar a los “bocasuelta” por emitir su opinión… no por injuriar ni calumniar, sino que, como leen, ¡por utilizar su sagrado y constitucional derecho a emitir su opinión!

    Se acusa en el edificio de la avenida Quilín que, con sus intervenciones, Herrera, Vecchio y Ramírez violaron el artículo 68 del Código de Procedimiento y Penalidades de ANFP, en su letra a): “Atentan, especialmente, contra el Fair Play, las siguientes conductas en que incurran las personas sometidas a la jurisdicción del Tribunal, las que serán sancionadas con las penas que se indican (…) Las injurias u ofensas en contra de las autoridades, nacionales o internacionales, del Fútbol o de toda persona sometida a la Jurisdicción del Tribunal, de cualquier forma o medio que ellas sean proferidas, serán sancionadas de dos a diez juegos de suspensión o de un mes a un año de inhabilitación, según corresponda”.
    Sin embargo, lo más irrisorio de todo es la pisada de cola que se pegó la ANFP al expresar las razones que motivaron la denuncia: “(se) estimó que los dichos de los profesionales mencionados pueden, eventualmente, generar actos de violencia en los futuros encuentros en que participen los involucrados, situaciones que la dirigencia del fútbol ha estado especialmente empeñada en erradicar”.

    Esto es, el reglamento habla de ofensas e injurias, no obstante, las razones expuestas por el organismo tienen que ver con la prevención de la violencia. Cualquier especialista en la ley se sobaría las manos ante tamaña incoherencia.

    Mas gravemente, lo obrado por la administración de Sergio Jadue expresa un riesgo enorme para la libertad de expresión de futbolistas y funcionarios, pues el argumento para cerrar bocas no difiere tanto de las razones que han dado otros celosos de las palabras ajenas; se termina justificando la censurapara resguardar el bienestar y la paz social. En la lógica, los piedrazos a Carabineros de las barras bravas son responsabilidad de Herrera, Vecchio o Barroso. Insulso y extraviado.

    Analizada, clara está la estrategia. Callar para jugar. Así, lo entendieron rápidamente los implicados, arrepentidos por la fuerza de la denuncia de los patrones. Con remordimiento, se oyó y leyó por la prensa: “Quiero pedir disculpas”; “caí a partir de una provocación gratuita e inoportuna”; “iré a dar explicaciones personalmente (al Tribunal) y espero no ser sancionado”; “hablar mal de un deportista es pésimo, ahí asumo el error”; “en este caso a todos se nos pasó la mano, entrando en temas personales que no corresponden claramente”; “por mi parte quiero dar por superado este episodio y no hablaré más al respecto”, etc.

    Este fin de semana, coherente con la línea de pensamiento de la ANFP y de su empleador, el Canal Del Fútbol, el comentarista Waldemar Méndez pidió expresamente a los clubes que reglamenten el uso de las redes sociales por parte de sus jugadores, para evitar este problema. Esperemos que el ex portero nunca sea víctima del bozal inconstitucional. Seguro estoy que no me equivoco respecto a que, con la edad que ya tiene, Méndez pudo preferir algo mucho peor: la autocensura.

    Cada cierto tiempo, hablar es peligroso, y las razones de fondo son ridículas. Marco Antonio Figueroa se caracteriza por no dejar dar opiniones a sus dirigidos menores de 21 años. Las razones las recogió El Gráfico: “Es que pueden hablar cosas malas de mí”. El silencio y la censura es miedo, y el miedo inmoviliza.

    Como es tradición en la enseñanza de los colegios religiosos como en el que estudié, mis profesores utilizaban la imagen divina para construir un temor ante la anormalidad y el desorden. Consecuente, la señora aquella con delantal blanco nos decía que debíamos callar, pues “por algo dios les dio una sola boca y dos orejas. Para que escuchemos más, y hablemos menos”. El aprendizaje estaba clarito como el agua, y por supuesto, condicionó por mucho tiempo.

    Nunca me di cuenta, pero al parecer fuimos compañeros de colegio con la gente de la ANFP y, más aún,nos hizo religión la misma profesora de rulos y lentes vintage; esa dama que además nos decía que el chicle se hacía”con el moco de los chinos”.

    Eso, para que vean lo que abunda en las mentes rígidas, frágiles, estrechas y penosas que censuran.