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    10.03.2015

    ¿Qué hice yo para merecer esto?

    jonn
    (Por Cristian Venegas)

    Una vez más. La derrota de la penúltima fecha golpeó duro en el rostro de Johnny. En esta ocasión, sucesivamente, tres veces se hincharon las redes que cuidaba. Duele, porque en dos goles pudo haber hecho algo más que estirar la mano. “¿Qué pasó?”, se pregunta el portero sureño. Su profesor Lasarte ha estado entendiblemente más concentrado en sus dolencias físicas que en la banca, ¿tanto se nota la mano de ‘Machete’? Porque en el Nacional, llegan y ganan fácilmente los colistas y candidatos al potrero. Según los entendidos, la U tenía el mejor plantel del fútbol chileno. Elucubra Herrera: “Somos casi los mismos, se fue Rubio y llegó Benegas que hace goles hasta de ‘chilena’”.

    Lo que sube, baja, y lo que baja puede quedarse ahí en el suelo para siempre. La misma Universidad de Chile supo quedarse un buen rato en la cima; casi por cuatro semestres supo, como pocos, renovarse en el éxito, lo más difícil en una vida entendida como triunfos y derrotas. Los tiempos de Sampaoli están lejos, muy lejos, aunque los personajes sean casi, casi los mismos.

    Tras ser campeones nacionales hace solo un par de meses, la U y Herrera ahora están en puesto 13° de la tabla. Impensado. Con el sudor en el cuerpo, se pregunta el portero mirando a su barra que aún aplaude a este pájaro enfermo:

    “¿Qué hice yo para merecer esto?”

    Hace unas horas, otro azul se preguntaba lo mismo. Carlos Alberto Délano, empresario, ex accionista de la concesionaria a cargo de la Universidad de Chile, miraba incrédulo las acusaciones que vertían sobre él y su socio Lavín, entre otros, los fiscales del Ministerio Publico. Él, un hombre poderoso e intocable, exitoso, un “emprendedor de los ochenta” a razón del fraude estatal que todos ya deberíamos saber, veía todo sentado en la quemante silla de los acusados. Escuchaba la defensa de su abogado, mientras pensaba:

    “¿Qué hice yo para merecer esto?”

    En menos de un año, todo el prestigio logrado por décadas se fue al carajo, y se transformó en el ‘Niño Símbolo’ del empresariado fraudulento, un Al Capone cualquiera, una mala palabra, la peste, el sarampión, el supuesto único punto negro en la casta exclusiva que maneja la riqueza del país. A estas horas, nadie quiere al infectado:

    “¿Qué hice yo para merecer esto?”

    La gran esperanza de sus colegas emprendedores radica en que toda la atención mediática se centre únicamente en él. En esta estrategia, la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa) ya, públicamente, lo dejo sólo. El presidente de la entidad, Hermann Von Mühlenbrock, publicó en un comunicado que los acontecido en el Caso Penta son “hechos graves, que dañan la confianza pública (…) suponen graves faltas (…) Es indispensable que la justicia actúe con el máximo rigor de la ley, pues casos como éste provocan un perjuicio social severo, dañan el correcto funcionamiento del sistema económico y deterioran gravemente la confianza en las instituciones de nuestro país”.

    Así, el mundo empresarial ha optado por separarse del “mal practicante”, del indeseable Caín. Pero la gente la tiene clara. A su criterio, prácticamente, toda la clase empresarial está metida en lo mismo. Basta con tirar del mantel para que salten otros pasteles iguales o peores. Más aún, los datos lanzados por el fiscal Gajardo en pleno juicio, ponen en evidencia que hay más implicados. Ante esto, los sometidos a proceso judicial y que arriesgan hasta 15 años de cárcel, ¿se atreverán a romper lealtades?

    El juez prefirió encerrarlos. Se fueron sin esposas en sus manos, algo poco entendible para personas que se van presas. Délano y Carlos Eugenio Lavín tendrán en sus narices al “traicionero” y “boca suelta” de Hugo Bravo.

    Ahora Délano, el millonario hincha azul, caído en desgracia como su equipo, lo mira fijamente:

    “¿Qué hice yo para merecer esto? ¿Por qué a mí?…

    ¿Por qué lo hiciste, Hugo? Ah, claro. Tenías miedo… pero eso no es aceptable. El miedo es un defecto, pero la traición es otra cosa. ¿Qué tú te sentiste traicionado primero? Lo entiendo, entiendo. Pero, mira, ahora eres un hombre rico y tu familia debería seguir siéndolo. Todo gracias a mí y a Lavín. ¿Acaso una cosa no compensa a la otra? ¿No sientes un poquito de gratitud por nosotros? Éramos casi familia, y en la familia estas cosas pasan. Como tú dices, te dejamos solo, perdido en el mundo, sin embargo, supongo que sabes lo que es el amor. ¿Lo has sentido? El amor es sacrificio. Cuando te dimos trabajo, la inmolación fue nuestra. Ahora, te había tocado a ti. No me escuchas. No estás bien. No sabes que pasa. No sabes dónde estás. Estamos enfermos todos. Lo sé, te dejamos solo… te dejamos solo… solo.

    Ya lo comprendo, o estoy tratando. Te dejamos sólo porque eras la lepra, y ahora las lepras somos nosotros.

    Parece que algo hice para merecer esto…”.