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    24.03.2015

    Fuera de pantalla

    bonini
    (Por Cristian Venegas)

    Érase un esforzado programa deportivo, en una pequeña radio provinciana AM y con un breve, pero fiel grupo auditores.

    Érase también, un panelista del programa al que se le ocurrió criticar en forma puntual al canal propietario de los goles del fútbol nacional, por la escasa atención prestada al equipo local durante el fin de semana.

    Érase un par de minutos después al comentario, el director del programa recibió un curioso llamado desde un personajede aquella pequeña localidad. Al otro lado del auricular se escuchó una voz conocida:

    - Oiga, compadre, soy yo. Cómo se le ocurre andar criticando al canal, no ve que va a salir perdiendo. Si lo vuelve a hacer va a tener problemas para entrar al estadio. Me atrevería a decir que hasta para conseguir auspiciadores. Entonces, me entendió, ¿compadre?

    - No hay problema. Nunca más, te lo prometo- se despedía el dueño del espacio radial.

    El matón de turno, que acalló toda oportunidad de cuestionamientoera un reconocido hombre del ámbito deportivo de la localidad. ¿Por qué le molestó tanto? Era el principal contratista de la señal televisiva privada. Evidentemente, una sobrerreacción, pero más era un aviso gráfico respecto a quien mandaba.

    Al menos el matoncito provinciano no ofreció combos para acallar la crítica en vivo, en directo y en pantalla, como dicen que pasó entre Luis María Bonini y Fernando Solabarrieta.

    La crítica esbozada por éste último ni siquiera fue sorprendente, ni siquiera un insulto a la inteligencia. El desempeño de la Selección Sub-20 en el último Sudamericano fue penoso; goleada y un hazmerreir continental. Aquel era el cuestionamiento del periodista que irritó al ex preparador físico de Marcelo Bielsa; algo que opinaba casi unánimemente el medio deportivo.

    Quitando el desenlace contractual (“cebollero”) del ex relator de TVN, el asunto entre Solabarrieta y el argentino se asoma gravoso desde el punto de vista del derecho a opinar que tienen las personas y, más aún, a través de una señal televisiva pública y que debiese promover determinados valores democráticos. ¿Por qué TVN todavía es público, no? Por ahora sí, me dicen.

    No somos ingenuos, el canal nacional, así como prácticamente todas las empresas del Estado, operan bajo una lógica de una industria privada, con decisiones que dependen del acuerdo mañoso de grupos de poder, por ende, con contenidos de intereses particulares, y que rara vez rinden beneficios a los ciudadanos.

    Pero yendo a lo ideal de un medio de comunicación expresión de un Estado, a ese espíritu republicano, el silencio de la señal pública sobre al conflicto Bonini – Solabarrieta es incómodo. O sea, el trance casi disimulado, en medio de una transmisión deportiva, podría perfectamente suceder en los pasillos de Canal 13 o Mega y ser acallado por sus gerencias privadas, pero no en un medio de comunicación que debiese moverse por la apertura y el derecho a la disidencia.

    No es un asunto menor, como muchos lo han querido hacer ver. Es un temazo, pues esta y otras polémicas perfectamente pudieron haber sido tratadas en pantalla, incluso, con un mínimo comunicado, pues lo que pasa en un “canal de todos” es de incumbencia de “todos”. La exigencia de la ciudadanía por mayor verdad y transparencia también alcanza al edificio de Bellavista.

    Pero se decidió que “la ropa sucia se lava en casa”; había que echarle tierra a los hechos y seguir la receta Coco Legrand:”siempre de weon”. TVN perdió una gran oportunidad para asumir los tiempos actuales en que los ciudadanos exigen de su TV menos jueguitos con bombitas de agua, y más debate sincero y real.

    Al final, aquí es mucho más valorado seguir el acomodado consejo de “calladito es mejor”, que expresar una opinión. Es mucho más fácil ser reservado y silencioso, haciéndose el muerto permanente, actitud que a la larga conducirá a transformarse en un muerto en vida. ¡Pero, que desperdicio de vida!