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    06.04.2015

    La dictadura de la sobre exigencia

    sampa
    (Por Cristian Venegas)

    La mediocridad aparece como el argumento más recurrente entre quienes detentan una posición de privilegio respecto a los desgraciados. Desde un sillón acolchado, el bendecido comprende que todo lo que tiene lo merece; que la vida es un fértil valle de justicia que premia al esfuerzo y castiga al vulgar “Don Ramón” del barrio.

    Así, el señor divide al mundo entre los exitosos, esos que se levantan dos horas antes que el resto, y los perdedores que se conforman con lo que tienen y responden solo al mínimo esfuerzo. En esta lógica, si se aprieta el acelerador y se sobreexigen las capacidades, estos últimos perecerán sin más remedio, en tanto, el exitoso se secará el poco sudor diciendo que “la culpa es de ellos, nunca se esforzaron… así es la vida”, en tanto, en seguida continuará en su cómodo sillón para seguir agradeciendo al mundo por su tamaña justicia… seguirá en su sillón del éxito. Son precisamente quienes vomitan a cada rato contra la “mediocridah”, los que están sentados en su sillón del éxito.

    ¿A qué viene toda esta predica? A lo siguiente.

    Jaime Valdés por segunda vez consecutiva volvió lesionado tras entrenar con la Selección de Sampaoli. La tendencia obvia sería culpar al exigente trabajo del argentino, más esto no sería muy ecuánime para el desempeño del admirador de Bielsa, pues muy poco sabe (el vulgo, el lector, el público, el ciudadano que anda en micro) como trabaja. Las voces minoritarias, comúnmente afines al estilo “riguroso, de ataque y profesional” de Sampaoli, defendieron que la lesión del colocolino era más bien producto de su poca resistencia física a la alta exigencia del profesor Jorge Desio, es decir, “la mediocridad del medio”. El mismo “palo” a Valdés, fue a dar igualmente al cuerpo técnico y médico de los albos. Parte de los aludidos chilló.

    La sentencia que se desprende (no de Sampaoli, sino que del medio que con justicia o no, le aplaude) es clara: si el futbolista no aguanta los fieros embates físicos en la preparación de la Roja, que se vaya despidiendo de su nombre en la Copa América.

    Sin embargo, el tema de la alta exigencia es bastante caprichoso, pues hay varios matices y puntos de crítica.

    Una cosa es la sobre exigencia para un conjunto de personas, y otra es la búsqueda de la “selección natural darwiniana” (sobrevivencia de los más fuertes) bajo criterios y métodos que pueden ser discutibles. Es decir, una cosa es que a un futbolista se le pida más de lo que ha dado para que dé el máximo de sí, y otra es que se le sobrexija para distinguir entre aptos y no aptos. Esta última parece primar. Y aquello no es tan bueno, porque la definición de lo apto o no, puede ser bastante subjetivo y caprichoso, y por lo tanto, lleno de cegueras. Veamos un ejemplo.

    Imaginemos qué hay dos bolsas, una de género y otra de nylon. A cada una de ellas se le agregar cinco ladrillos. Al cabo de un tiempo la bolsa de nylon ya no puede resistir tanto peso y termina rompiéndose. En suma, se declara que la bolsa de género es mejor que la de nylon, la que, por supuesto, se desecha y excluye. Pero, ¿qué pasa si a las mismas bolsas de género y nylon, en vez de ladrillos, se les completan con agua?¿Cuál aguantaría más? Evidentemente, el agua escurriría al instante en el recipiente de género, por lo que la bolsa de nylon pasaría rápidamente de ser el peor al mejor.

    Que quiero decir con este ejemplo: que imponer un criterio, como el resultado de la sobre exigencia física, para aceptar o desechar (y lesionar) a un futbolista, es equivocada. Como vimos en el ejemplo, dependiendo del estímulo (ladrillo o nylon) las cualidades y decisiones varían. Llevado a la cancha, si se juega contra un equipo que ataca, se requieren de habilidades distintas a que si se enfrenta a un equipo que espera. Es decir, estrategias distintas, situaciones distintas, por lo tanto, jugadores distintos. Al parecer en eso podría estar fallando Sampaoli. Parece que los rivales le leyeron la apuesta ya. La recurrencia de algo, lo transforma en predecible. El juego de la Roja parece ir por ese camino monótono, de la homogeneidad de la estrategia.

    Si el fútbol chileno es mediocre, no se logra nada insistiendo en el punto de la flojera y la mediocridad si se quiere mejorar. La resiliencia se construye, y son pocos los que mejoran y se motivan con el simple látigo, tal como propone un altanero periodista a quien hemos dedicado un par columnas en su interpretación sobre el cuerpo técnico de la Selección; hay muchas más formas y modos de avance en el fútbol chileno.

    Insisto en que lo dicho aquí se basa en la traducción que hacen los medios de comunicaciones sobre el desempeño de Sampaoli. No sabemos que tanto piensa Sampaoli, ni tampoco cómo trabaja.

    Pocos o nadie quiere que Jorge Sampaoli se vaya. Sería un balazo en los pies en este momento y de aquí a las Clasificatorias para el Mundial de Rusia. No obstante, la valoración al rendimiento del argentino con la Roja en ningún caso significa que se le tenga que aplaudir todo lo que hace. Eso es justamente lo que haría un mediocre…