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    24.05.2011

    La pérdida de la espontaneidad

    Es raro lo que ha venido pasando con el paso de los años en torno a la política y sus actores, algo que modestamente defino como la pérdida de la espontaneidad. Me acordé de esta antigua reflexión a propósito de lo ocurrido el pasado 21 de mayo durante la cuenta pública de Sebastián Piñera ante el Congreso. Me llamaron la atención las cifras que surgieron a propósito del discurso de casi dos horas del Presidente: algunos contabilizaron 14 interrupciones mientras hablaba Piñera y otros 112 episodios de aplausos bien calculados que habrían logrado silenciar las pifias y protestas en contra del mandatario. Obviamente nada fue al azar, tanto así que incluso se ha hablado en algunos medios de dos actores cruciales en el “aplausómetro”: el senador por la V Costa, Francisco Chahuán y la jefa de prensa del Presidente, Carla Munizaga.

    Pero lo del sábado no es nuevo. Si la memoria no me falla – ni tampoco la de mis colegas que afirman que así no más es -, fue durante la administración de Ricardo Lagos que surgieron los llamados “puntos de prensa”, “avanzadas presidenciales” y un cuanto hay en torno a la llegada del primer mandatario a cualquier zona del país. La envestidura de un Presidente, claro está, merece que nada quede al azar, pero mi cuestionamiento en torno a la pérdida de espontaneidad, tiene que ver con esos montajes de verdaderas escenografías en torno a la figura del Presidente, desde Lagos en adelante, con podium, pendones con el logo presidencial y el infaltable grupo representativo que se instala tras el mandatario, dependiendo del tema que motivó la visita. Porque en mis años de reporteo, nunca antes estuvo tan, pero tan pauteado y restringido el acceso hacia la figura de un mandatario o un ministro. Dejemos de lado los años de dictadura.

    Porque, para quienes no conocen cómo se desarrolla el reporteo cuando nos visita el Presidente o un ministro, desde Lagos en adelante, es prácticamente imposible siquiera enunciar una pregunta fuera del bendito “punto de prensa”…si es que lo hay. Peor todavía si el señor o la señora no quieren responder, porque a esa distancia – más de dos metros a la redonda en torno al podium instalado – simplemente no hay forma. ¿Qué pasó con la espontaneidad, con la posibilidad de preguntar libremente? ¿En qué minuto aceptamos estas condiciones? Lo peor es que estos sistemas se van replicando y resulta que algunos alcaldes también definen sus “puntos de prensa” fuera de los cuales no hay posibilidad de consultas.

    Está todo tan calculado, cada saludo, cada mirada, cada gesto. Si hasta la gente que instalan detrás de los mandatarios es elegida con pinzas…todo como si se tratara de un programa de TV. Volvamos a la espontaneidad por favor, para que de verdad hablemos de democracia.