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    22.07.2012

    Todavía digo “taquilla”

    Quería compartir una banalidad, antes de entrar de lleno a la contingencia, aunque para que nadie se haga expectativas falsas, tampoco espere de estas líneas análisis sesudos, porque la verdad es que mis reflexiones afloran más de la cuchara que de los sesos. Dicho esto, decía que quería compartir una banalidad, una tonterilla, a propósito del paso de los años y de lenguaje que empleamos en determinada época de la vida. Hace poco, escuchando la radio camino a la pega,  el locutor de una emisora que cumple 40 años, interpelaba al auditor con la siguiente frase: “todavía se te escapa la palabra taquilla…entonces eres de los nuestros”…la frase no era estrictamente esa – no le pidan más a mis agotadas neuronas – pero la esencia era más o menos la misma. La cosa es que a mí, de vez en cuando se me escapa la bendita palabra “taquilla”, en alusión a lo que por estos días, los más jóvenes catalogarían como “bacán”, “neto” o qué sé yo. ¿Es que puede haber algo menos taquilla que decir hoy día taquilla? mal, se me cae el carné con escandalo, pero qué le vamos a hacer, esas palabras están ahí, en el disco duro (nótese que en el disco duro y no en el cassette o como diría una más siútica “la cassette”), y afloran sin que una alcance a percatarse. Cuando eso pasa, lo mejor es auto boicotearse, porque la explicación agrava la falta. Los 40 están a la vuelta de la esquina irremediablemente, los veo venir sin compasión, escondiendo su cara burlona como intentando engañarme, como para hacerme caer en la trampa de mis estertores de juventud, como cuando intenté tomar el metro corriendo como las locas y me sentí “en forma” porque efectivamente lo alcancé en Bellavista, pero bastó con que subiera al andén para sentir que las piernas flaqueaban y el corazón palpitaba tan pero tan fuerte que pensé que ahora sí que sufriría un preinfarto. Vengan ya las cuatro décadas, cero rollo de verdad, nada pendiente por ahora y en la suma y la resta de estos años, sin duda alguna saco cuentas alegres: un marido sin libreta y dos hijos deliciosos que con sólo mirarme sé que quiero otras cuatro para disfrutarlos a mil.