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    01.08.2012

    Llegar a vieja

    No quiero bajonear a nadie, pero el tema que me inspiró hoy surgió a propósito de un tata de 111 años que fue operado de peritonitis en el Hospital Fricke y que, a pesar de sus años, y de una sordera parcial, está mejor que varios que veo pulular a diario en mi entorno.El tema, como podrán intuir, es el de llegar a viejos, transformarnos en abuelos, yayas, tatitas o como quieran llamarnos o como sea que nos bauticen quienes nos vean y que por las arrugas o el pelo cano, no dudarán en dirigirse hacia nosotros como “abuelos”. Don José Escobar, el tata que les mencionaba al comienzo de estas líneas tiene 111 años, sí, 111, tanto así que se acuerda del terremoto del 1906 y que cada vez que termina una frase dice “po”. Don José es un señor del campo, un hombre de esfuerzo, de vida sana, de los que todavía toman leche de cabra y que se criaron lejanos del acelerado ritmo de la urbe. La inmediata reflexión que me surge es que difícilmente llegaré a la centuria si sigo a este tranco. Tampoco es que quiera vivir tanto, pero sí lo suficiente como para ver a mis hijos grandes y porqué no, uno que otro nieto. Un amigo (o ex amigo según él) siempre me dice que antes de llegar a viejo se pega un tiro. Yo le respondo siempre lo mismo: a los 40 uno aún se cree joven y siente que tiene las agallas como para decir “hasta aquí no más”, pero a los 60, a los 70, las percepciones cambian: proporcionalmente nos hacemos más viejos, nos volvemos más cobardes. Yo le aseguro a mi amigote que le doy firmado que no se pegará el tiro y que de seguro hasta me confesará que usa pañales.

    Lo de don José, admirable por un lado, pero triste por otro. Está solo, aunque rodeado de amigos de la vida, pero finalmente solo: no tiene esposa, no tiene hijos, nietos, bisnietos, no tiene ningún lazo familiar, sólo amigos que le ha dado al vida. Su destino inmediato es un hogar en el sector de El Retiro en Quilpué. Ojala lo cuiden y lo traten bien, que quienes asuman su cuidado piensen que quizás sea ahí donde don José termine sus días, que la vida es circular, que inexorablemente, como diría mi padre, todos vamos para allá, todos, más temprano que tarde, seremos tatas.

    Foto de Manuel Lema O.

    foto de Manuel Lema O.