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    08.08.2012

    A quién le puede hacer mal el amor

    Leyendo un artículo sobre el método del Dr. Eduard Estivill me acordé de un amigo que fue padre mucho antes de que yo me convirtiera en mamá y que tenía en su velador cual biblia sagrada, el libro “Duermete niño”. Mi amigo me advertía que lo más duro de la paternidad fueron los primeros meses porque su hijo tenía el horario cambiado: dormía de día y pasaba en vela toda la noche. “Chica, tenís que ser dura, hay que dejarlos llorar no más porque de lo contrario el cansancio te pasa la cuenta”, me recomendaba.

    Cuando nació mi hijo mayor ni siquiera intenté el bendito método. Nunca he logrado tolerar el llanto de mis cachorros, mucho menos cuando su única forma de comunicarse era precisamente esa: el llanto. ¿De qué manipulación podríamos estar hablando? Teorías habrá por miles de seguro. El método de Estivill será la panacea para algunos pero definitivamente no para mí. ¿Qué de malo puede tener llenarlos de mimos, de caricias? ¿Cuánto mal les puede hacer a los hijos que su mamá los tome en brazos y los calme con sólo acariciarles sus manitos o cantándoles suave para decirles que no están solos?

    Es tan corta la niñez, tan breve el proceso en que tus hijos se convierten en niños y dejan de ser esas guagüitas 100% dependientes. Por qué no mimarlos en justo equilibrio con disciplina. En el artículo que leía a propósito del polémico método del Dr. Estivill, me quedé con uno de una doctora que reparaba precisamente en que dejar llorar al niño es simplemente suprimir el instinto de supervivencia y decirle al niño que por más que llore y sufra, estará irremediablemente desamparado: el llanto es el signo de la demanda de una necesidad no satisfecha.

    Las guaguas vienen sin manual, es cierto. Los primeros meses son duros, tan cierto también, pero la vida pasa en un santiamén. Cierras los ojos y allí están entrando al colegio. Un nuevo parpadeo y ya están en la universidad. Los cariños, los regaloneos, dejarlos dormir de vez en cuando contigo o meterse en sus camitas cuando están asustados es decirles simplemente: estoy contigo.

    Como este es un blog no pretendo en absoluto pontificar, sino simplemente expresar mi punto de vista. No digo que quienes opten por un camino distinto al mío no amen a sus hijos o estén equivocados, simplemente creo que uno debe actuar de acuerdo a como el instinto te orienta. Seguiré dejando que mis niños se cuelen en la cama, seguiré amamantando a mi cachorro chico mientras él quiera y decida dejarme porque es la forma que me nace, porque cada vez que me veo en esos ojitos siento que cada día son menos “míos” y que el camino definitivamente es sin retorno.