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    22.08.2012

    Las manos al fuego

    ¿Por quién meterías las manos al fuego sin temor a quemarte? Es lo que me cuestioné hace pocos días luego de conocer a un grupo de personas que decidió salir públicamente en defensa de un sujeto acusado de abuso sexual contra menores en un colegio de Viña del Mar. Mi respuesta inmediata fue que por nadie, menos en una cuestión tan fuerte y tan fácilmente ocultable. Porque no estamos hablando de robar o ser adictos al juego, sino que de un delito que involucra conductas vinculadas con nuestra intimidad y que por lo mismo guardamos celosamente en lo más recóndito de nuestro ser. ¿Quién puede saber cómo nos comportamos en la intimidad? Nuestras parejas, responderá alguno. Sin embargo, es precisamente de la sexualidad de lo que más fácilmente puede fantasearse en público, total quién podría desmentirnos. Porque es distinto fanfarronear de poseer más o menos fortuna que de cuán fogosos podemos ser en la cama. Si tenemos o no dinero, la evidencia de nuestra chequera tarde o temprano se impondrá, pero sobre nuestro comportamiento sexual, siempre quedará la nebulosa: tal o cual dirá que somos un fiasco y la afirmación podrá ser evaluada dependiendo de quién la hace. Por eso insisto, ¿podemos saber con certeza cómo lleva alguien su sexualidad con sólo mirarlo, con conocerlo como compañero de trabajo,  como amigo?

    Una amiga me regañó diciendo que sí me la jugaría defendiendo, por ejemplo, a mis familiares. Puede sonar terrible, pero la verdad es que no me atrevería a aseverar con certeza y a priori la inocencia de alguien involucrado en un delito de esta índole, ni siquiera, perdónenme, de aquellos más cercanos. Por lo mismo el papel que juegan los estamentos involucrados en la investigación de estos casos debe ser acucioso y con pruebas objetivas y científicas que brinden la tranquilidad frente a la determinación de culpabilidad o inocencia.

    Admirable por lo mismo lo de este grupo de amigos que ha decidido hacer públicas sus manifestaciones de respaldo hacia el profesor acusado de abusos sexuales, sobre todo en tiempos en que lo más fácil es dar un paso al costado o mirar al suelo. ¿Cuántos amigos serían capaces de hacer algo así por mí? ¿te lo has preguntado?

     

    foto de Manuel Lema O.