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    22.10.2012

    Erase una vez el hombre

    Con esta publicación sí que se me cae el carné con todo, pero como los años ni el paso del tiempo son tema para mí, me dejo en evidencia sin ninguna reserva. Cuando era niña, en la tele daban un programa de dibujos animados que se llamaba “Erase una vez el hombre”, una serie muy entretenida y además interesante sobre el origen del universo y el surgimiento del hombre.

    Me acordé de esto porque hace un par de semanas, buscando una película para que pudieran ver mis hijos, encontré precisamente los dvds de esta serie que hace un par de años compramos con el padre de las criaturas. Me acordé ahora porque en uno de los capítulos, el sabio, uno de los personajes centrales de la serie, se refería a un par de niños que se la pasaban todo el día riendo. El sabio, un hombre pequeño de pelo y barba larga y blanca, decía que la risa fácil era propia de esa edad. Me quedé pensando y reflexionando sobre eso y la verdad es que es así. Mi hijo mayor tiene 5 años y cualquier cosa, por absurda o mejor dicho, mientras más absurda, más motivo de risa es para él. Mi niñito se ríe a cada rato, cualquier cosa es motivo de carcajadas contagiosas que yo, acercándome ya peligrosamente a los 40, a veces no logro comprender.

    Me acordé entonces de cuando yo también me reía por cualquier lesera y no pude dejar de pensar que pareciera que con los años vamos inevitablemente perdiendo esa capacidad de reírnos porque sí no más. En plenos 80′ y a pesar de los tiempos que vivíamos, con mi mejor amiga, mi yunta desde quinto básico, solíamos reírnos todo el santo día. Me acuerdo de una vez que tomamos la micro en calle Alvares para ir a nuestras casas. Como íbamos en colegio particular, nos sacábamos la corbata para pagar tarifa escolar. Me acuerdo que tomamos la micro y nos sentamos en el último asiento y empezamos a reírnos de la nada, motivando el enojo del chofer que estuvo a punto de hacernos bajar del bus. Si nos hubiesen preguntado la razón de tanta risa la respuesta habría sido más risa y ninguna palabra coherente. Es que uno a esa edad se ríe porque sí no más, se ríe de todo, tal vez porque somos más inconsciente, porque no nos cuestionamos tanto, porque tal vez tenemos miles de motivos.

    ¿Serán los años, la vida, los problemas los que nos hacen ir perdiendo la capacidad de reírnos? o es que acaso tendremos una cuota asignada y limitada de risa por ser humano? He leído sobre tanto beneficio asociado a la risa que debiéramos esforzarnos por reírnos más, proponernos reírnos al menos una vez al día y esforzarnos para que nos surjan más patas de gallo – propias porque arrugamos los ojos al reírnos – y menos arrugas en el ceño de tanto pasar enojados.