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    24.10.2012

    Envejecer en público o en privado

    Cuando ya entré irremediablemente y sin vuelta atrás a mis últimos 30 y algo, me pareció un buen momento para compartir un pensamiento que tuve hace pocos días cuando me encontré con el actor Walter Kliche, ese uruguayo de pelo cano que hace aaaaaños solía hacer papeles de galán en las teleseries nacionales.

    El caballero en cuestión fácilmente bordea, si es que ya no supera, las ocho décadas y, a pesar de los años y de que ya hace rato no está en la tele, parece mantener cierto garbo, cierta prestancia que permite recordar, aunque con cierta dificultad, esos años en que protagonizaba los culebrones siempre en papeles de galán. Kliche está viejo y su imagen evidentemente se aleja de lo que alguna vez vimos en la cajita atonta cerebros. Fue entonces que pensé en lo increíble y valioso que es el anonimato. Porque una cosa es envejecer piola, en un entorno acotado e íntimo que hacerlo públicamente. Si Kliche no hubiera sido actor, pensé, yo no habría pensado en lo acabado que se ve, a pesar de su prestancia, porque habría sido simplemente un señor de pelo cano que salía como cualquiera de lo que hasta hace unos años era el INP. Miré a Walter mientras cruzaba la calle a mitad de cuadra y no pude dejar de mirar al cielo y agradecer al aire mi circunstancia de poder envejecer anónimamente.

    Aunque claro, nada me librara de comentarios del tipo “esa chica no estaba nada de mal cuando era joven pero ¿la han visto ahora?”, o esas frases que parecen un halago pero que terminan siendo una afrenta “¿39? uuuuu no los representas para nada”, comentarios clásicos del entorno laboral o social de todos, pero que finalmente se reducen simplemente a eso, un círculo más bien pequeño. Por fortuna, uno envejece junto a su entorno, o sea, los amigos de uno, la pareja, los familiares, también van haciéndose cada vez más viejos y eso funciona como un bálsamo consolador.

    Por eso agradezco el paso de los años así de reservado, con opiniones externas acotadas y por lo general anónimas. No es que tenga rollo con el paso del tiempo porque, como diría mi padre, el paso de los años es “lo que inexorablemente pasa con los años”, pero la verdad es que tengo cierto pudor con la exposición pública. Tal vez por eso es que muchos con alma de rockstar sueñen con morir en la cúspide, a lo Marilyn Monroe, a quien sólo por efecto y magia del photoshop hemos podido ver viejita. No es mi sueño para nada inmortalizar mi imagen actual o de hace algunos años, veo venir los 40 y me río al pensar que pareciera que fue ayer cuando me refería a los de 30 como “viejos”.

    Salud!