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    02.01.2013

    Último día nadie se enoja

    Qué gran mentira esta frase…cómo que último día nadie se enoja…díganle eso a todos los que decidieron venir a la región el último día del año y tuvieron que soportar los mansos tacos en la 68…o a los que, como yo, se les ocurrió ir al super el mismo 31 por unas aceitunas y una champaña…error…o a la señora que se me espantó porque le dije que respetara la fila para pagar en la Liquidadora y me agarró del pelo y yo muy señorita, le dije con voz serena que me soltara en el acto.

    La historia fue más o menos así. Lunes 31 de diciembre, último día del 2012. Locura desatada en carreteras, supermercados, terminales rodoviarios, botillerías y hasta en los cajeros automáticos. A la linda, o sea, a mí, se me ocurre la genial idea de salir a comprar unas pocas cositas que me faltaban para el “costel” de la noche. Salgo con el mayor de mis hijos y el carrito destinado a las compras termina convertido en coche porque el perla, entre tanta locura, se cansó. Tras la apocalíptica compra en el super, emprendo mis pasos hacia la Liquidadora para que el menor de mis cachorros parta el 2013 bien aperado de pañales. Error. Aunque el local no estaba lleno, sí andaba un  número suficiente de personas que hacían que la espera fuera un poco más de la habitual en la fila para pagar. En eso estaba yo, esperando paciente mi turno, cuando una señora se le acerca a otra que me antecedía en la fila y le pide, disimuladamente – no para mi aguzada vista – que le pague su cuenta. Encaro a la señora y le digo que debe respetar su turno y que como el resto, haga la fila. “Señora, todos andamos apurados así que haga la fila no más”. Pero ella, como si no escuchara, sigue con su cometido y la señora que me antecede accede a su solicitud. Mal…tan de chileno asegurao! grrrr

    Cuando estoy retirando los productos de mi compra, la eñora del “percance” vuelve al ataque y le comenta a sus acompañantes que yo era la que la había tratado de sinvergüenza. Retiro mi compra y emprendo mi marcha, cuando la eñora vuelve al ataque. “Chaaaa tanto color que le pusiste”. La miro y le digo simplemente: no pensé que mis palabras la hirieran tanto…y continúo mi marcha hacia la salida. Sorpresivamente, la eñora aludida, sale tras de mí y me agarra del pelo…que por dios que tengo largo (ahora sí que me lo corto). Yo, tranquila – estaba con mi hijo que por fortuna no se dio cuenta entre tanta confusión – la tomo de la mano y le digo que me suelte. La mujer reacciona, me suelta y quiere seguir con la discusión…pero yo ya no tengo tiempo de sandeces, así que continúo mi camino. Mi hijo, que ni un pelo de tonto tiene, me pregunta ¿qué pasó mamá? le digo que una señora loca con todo lo del año nuevo se desquició más de la cuenta. Él parece quedarse conforme aunque llega a la casa contando en colores el episodio del último día del año. Uf!