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    17.06.2013

    Volver a empezar

    sola

    Sí, lo sé, suena a teleserie de los ’80 y diría que lo que están por leer casi se parece a esos culebrones. Lo de las últimas semanas ha sido sin duda lo más parecido a descubrir que te han puesto los cuernos y que, peor aún y a pesar del dolor y el golpe al orgullo, has decidido seguir adelante. No es fácil, pero claro, están los niños, el “proyecto” de vida en común, los planes y… por qué no decirlo también, las cuentas de fin de mes que han sido asumidas 50 y 50. No es fácil, porque después de la traición, viene el dolor, las recriminaciones, la autocompasión y mucha, demasiada diría yo odiosidad.

    Para alguien más sensato que yo, lo mejor habría sido optar por lo sano y decir “hasta aquí nomás”, pero las cosas no son tan fáciles, menos cuando las decisiones no sólo te involucran a ti y al otro. Me parece escuchar a quienes opinan que por salud mental de la pareja y de los hijos, es mejor cortar por lo sano y “separar aguas”, pero créanme, no es tan sencillo cortar, dividir, levantarse y seguir adelante. Pero las decisiones son así, optas por una y dejas la otra a un lado, de lo contrario no avanzas. Y aquí estoy, intentando rearmarme, intentando confiar de nuevo en “el proyecto” y apostando por la confianza y esa palabra extraña: reencantarnos nuevamente.

    Seguro está todo demasiado fresco como para hacer análisis “objetivos”, tal vez, pienso, nunca tendremos objetividad respecto de lo nuestro: siempre estará su versión y la mía. Pero en fin, si la decisión ha sido ésta, si como dice un amigo, “solita me metí…solita tendré que salir”. Lo positivo – porque siempre hay que verle el lado positivo a las historias – es que he optado por avanzar, para algún lado, tal vez, para más de alguien, hacia el precipicio, pero por lo menos voy hacia algún lado y no opté por quedarme pegada, chapoteando en el barro y recriminándome esto o aquello.

    Intento mirar el episodio desde afuera y pienso que para algún lado avanzo: si es hacia el precipicio tendré que caer y volver a levantarme. Si es hacia recomponer la relación,  la traición será parte de nuestra historia oscura, pero no más que eso, una parte de la historia y no toda ella. Lo importante, pienso casi autoconvenciéndome de ello, es que siempre es bueno hacerse cargo de las decisiones, asumirlas de principio a fin, con permiso para equivocarnos, con permiso para desandar el camino y hacerlo por otro lado. Tal vez valga la pena, tal vez aún, a pesar de la traición, a pesar del dolor, aún hay algo fuerte que nos une: los hijos, el bendito “proyecto” y en una de esas, también el amor que hace tantos, pero tantos años, nos prometimos.