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    28.06.2013

    Ni tan fogosa, ni tan frígida

    Caricatura Pochita

    No sabía bien de qué hablar en este nuevo posteo y leyendo una revista de esas de papel couché me topé justo con un artículo que abordaba, en general, un tema que siempre me ha llamado la atención: la intensidad y el ocaso del deseo sexual. Y digo en general porque no hablaré aquí de intimidades propias ni ajenas sino que de esas caricaturas de hombres y mujeres que se jactan de una intensa vida sexual construyendo imágenes tan estereotipadas que de genuinas no tienen nada y que, peor aún, junto con dejar al resto de los mortales como verdaderos fracasos en la cama generan un cuestionamiento respecto de la normalidad en el ritmo y frecuencia con que tenemos sexo.

    No tengo la intención de hacer psicoanálisis, terapia ni nada por el estilo, simplemente quiero hablar de un aspecto de la vida del ser humano que genera tanta curiosidad y que por mucho que hablemos, confesemos o digamos en público, nunca, pero nunca alguien podrá saber si hablamos con la verdad o fantaseamos y falseamos un poco los datos para no quedar mal parados. Total ¿quién podría desmentirnos? ¿Un (a) ex? Siempre quedará la duda porque su opinión podría estar contaminada por el despecho…y no existiendo prueba testimonial, bastará con lo que digamos, sin importar si es mentira o verdad.

    En mis casi 40 pepitas, me ha tocado escuchar de todo. Hombres que aseguran tener sexo en la mañana, a mediodía y en la noche, los siete días de la semana, cual noviciado 24/7 prometido por Piñera. Otras que aseguran encuentros hasta el amanecer y con cuadros plásticos incluidos. Yo escucho con discreción y me dedico a observar la reacción del resto. Nadie dice nada y el o la supuesta protagonista de tan intensa vida sexual, mantiene la tribuna y parece elevarse a la categoría de “maestro (a)”.

    Porque quien podría, digo yo, reconocer en público la falta de sexo, la baja en la líbido o simplemente el cansancio a la hora de “hacer las tareas” (este término sí que es feo). Menos aún si ya estás casado o viviendo con tu pareja. Sería impensado. Porque pareciera que el exitismo tan instalado entre nosotros, pasa incluso por cuanto sexo tenemos. Si estamos bajo el promedio somos un fracaso y si lo superamos, ascendemos a la categoría de winner.

    Podrá un hombre reconocer públicamente que tal o cual día no ha tenido ganas de tener sexo. Porque, compartamos, siempre se nos atribuye a nosotras la utilización de diversos subterfugios para evitar el encuentro amoroso (!qué cursi!) como si ellos, los superhombres, los sementales, estuvieran siempre al pie del cañón, listos para responder a la demanda de sexo. Que levante la mano aquel que se ha atrevido a decir que el cansancio le pasó la cuenta o que, sí, igual que a ellas, un día un dolor de cabeza le obligó a decir “paso”. No pues, el 99,9% de los hombres anda siempre “ganoso”, listos para…aunque en la realidad no tengan con quien tirar o simplemente confíen en que su pareja jamás estará presente para hablar sobre su rendimiento sexual frente a sus amigos.

    Pero también están ellas, las reinas del ring de cuatro perillas, las expertas del kamasutra, a las que les gusta hacerlas todas, en cualquier lugar y a la hora que sea. Ellas que aseguran tener disfraces y látigos, siempre depiladas, siempre con ganas. Nunca una mala cara, siempre listas.

    Mi teoría es que lo que decimos ser en la cama es lo que simplemente estemos dispuestos a confesar, aunque sea mentira…el resto de seguro se mantendrá en silencio: ni asumirá ser un fiasco en la cama ni tampoco se jactará de ser el rey del “sepso”.  Porque una cosa es lo que quisiéramos hacer y otra muy distinta lo que terminamos haciendo. Nadie quiere asumir en público fracasos, trancas, deficiencias, desaveniencias, menos las que tienen relación con un aspecto tan íntimo. Todos quisiéramos ser la chica del cartel sexy o el semental de TV que con sólo mirarte te desnuda, pero somos simples mortales que de vez en cuando o de cuando en vez como dicen por ahí, tiene sexo en la semana y con suerte, con mucha suerte, innova con un encuentro loco en la alfombra, al calor de la chimenea, como si el mundo no existiera ni tampoco las cuentas, los niños, la pega, el estrés …uf