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    05.08.2013

    El anuncio de un beso

    beso

    Debo aclararles a mis tolerantes y críticos lectores que mis temáticas en este blog son más bien eclécticas. Hago la salvedad porque me han sugerido algunos cercanos, que persevere en la línea más sexualoide, pero la verdad, es que mis columnas surgen de manera bastante desordenada y según lo que me haya motivado a escribir en el momento: una conversación, la lectura de algún artículo, alguna discusión, etc. Tal vez el posteo de ahora, vuelva a acercarse hacia esa línea, pero sólo por mera casualidad. Un amigo y compañero difundió un video sobre las formas de besar. Me pasé algunos rollos antes de verlo y reconozco, me hice falsas expectativas. Lo confirmé cuando vi el bendito video y me encontré con el conocido personaje que hace hilarantes performances para la consultora Woki Toki. Pero el video, o más bien la temática del video, me motivó a escribir esta columna. El beso, pienso, es el anuncio de lo que será o podrá ser nuestro comportamiento posterior en la intimidad.

    Di mi primer beso como a los 13. Me refiero a un beso beso. Al igual que en el video, antes de los 13 también practiqué con la mano como si el método hubiese sido eficiente y un poco antes recuerdo haber estado al borde del vómito cuando una prima que me supera por cuatro años me describía sus besos con lengua o, más asqueroso aún, su intercambio de algún caramelo en medio de la performance bucal con su pololo. A los 13 di mi primer beso de película y aunque mi plan original era con otro compañero, resultó ser bastante satisfactorio y educativo. Los besos requieren de ciertos ritmos, de complicidad con el partner. Si el primer beso es con torpeza, creo difícil aunque no imposible, que la relación prospere.

    Recuerdo una antigua relación que estuvo precedida por un largo e intenso coqueteo. Cuando llegó el momento, recuerdo haber estado expectante. El sujeto en cuestión me provocaba cosas con solo mirarlo. Sin embargo, cuando vino el beso, éste fue torpe, baboseado en exceso y no todo lo placentero que esperaba. Recuerdo haber pensado entonces que tendría que acostumbrarme a esa boca grande y jugosa, a esa forma tan desesperada de mi partner. Ese beso fue el principio de una relación que se extendió por casi 2 años pero que, tal como lo intuí en ese primer beso, terminó mal.

    No pretendo pontificar ni nada, al contrario, dejo abierto el debate, pero para mí, el beso trae una especie de profecía incluida. Si todo fluye, si la coincidencia y el ritmo son plenos, fantástico: existe química, complicidad, como cuando encuentras a la pareja de baile perfecta. El beso es tan, pero tan placentero, tan de ritmo espontáneo que se sigue con los ojos cerrados y sin titubeos. No hay como un buen beso, con interrupciones breves y leves mordisqueos…rico.

    Pero, compartirán o no mis fieles, los besos evolucionan, para bien o para mal, evolucionan no sólo con la pareja sino también con los años. Por lo menos es lo que a mí me pasa. En mis casi 40 añitos, reconozco que siento cierto pudor cuando me encuentro frente a una pareja fogosa que en plena calle y olvidando que el mundo existe, se besa apasionadamente. Por lo general suelen ser adolescentes o parejas jóvenes. Me pasa lo mismo si estoy en alguna actividad social y alguna pareja comienza con demostraciones de cariño en público, no es que las censure, pero me provocan, pudor, una especie de vergüenza ajena.

    Me río pensando que hace algunos años, andaba yo por las mismas, besuqueándome como si el mundo no existiera. Pero ahora, me reservo ese placer para la intimidad…fome, ok puedo aceptarlo, pero no están ahí para saberlo.