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    27.09.2013

    Conductas que no entiendo

    soldados
    (Por Amalia Paz)

    Hay conductas que simplemente no logro comprender. No las enumeraré todas en este posteo porque de seguro sería interminable, pero pondré aquellas que por extemporáneas me resultan más chocantes. La primera y con la que suelo toparme, es que en una empresa los jefes no coman en el mismo lugar que sus empleados, y peor aún, no coman lo mismo que sus empleados…o sea, un menú distinto y, hay que decirlo con todas sus letras, bien distinto al de sus empleados. Feo ¿cierto?

    Lo otro a lo que no consigo acostumbrarme y que me resulta intolerable es el excesivo clasismo que caracteriza a las fuerzas armadas y de orden. Eso de tener que dirigirse a un superior como “mi mayor”, “mi comandante”, “mi general” me resulta detestable y me provoca mayor rechazo cuando es un civil el que lo hace. Digo clasismo, porque pareciera que pierdo el hilo, pero no, porque una cosa es pertenecer a la rama de los oficiales y otra muy distinta a ser parte del perraje no más. Para decirlo en sencillo: una cosa es ingresar a cualquier rama de las FF.AA. por la vía de una de sus escuelas y otra muy distinta es hacerlo a través de las postulaciones como suboficiales. Imagínese que, por lo menos en Carabineros, un suboficial que durante su proceso de instrucción logra altísimas calificaciones tiene como “premio” poder incorporarse a las filas de la oficialidad. O sea, no cualquier “pelao” puede llegar a convertirse en general director de Carabineros…menos un comandante en jefe…eso sería impensable.

    Para aumentar mi rechazo a estas “tradiciones” tan ridículas, un compañero me comentaba el otro día que un suboficial no puede siquiera pensar en casarse con un oficial. O sea, por más que surja el “amor” entre un cabo y una capitana, jamás de los jamases podrán llegar al altar con el beneplácito de su institución. ¿Habrá ridiculez más grande?

    Pero bueno, por último las FF.AA. son una cosa bien particular, a la que la gente postula por voluntad, como una opción de vida, de oportunidad, como parte de una tradición familiar en fin. Pero lo de los jefes comiendo en otro lado y otro menú, díganme que no corresponde al tiempo de la colonia. Qué cosa tan absurda. Es que acaso los jefes tienen un ADN muy distinto al de sus empleados. Mala señal. A mí me choca cada vez que veo que a un jefe le llevan su comida “especial” a otro lugar. Seguramente la excusa será que están tan pero tan ocupados que ni tiempo tienen de subir al comedor para almorzar. Pero quién explica que mientras los empleados comen fideos con pollo el jefe coma filete de pavo con ensalada surtida (y bien surtida pues). Feo, clasista, extemporáneo.

    Un jefe, un superior debiera preocuparse de formar parte de su equipo de trabajo, de conocer el día a día de su empresa y de sus empleados, para que luego no le vayan con cuentos. Así sabría lo deficiente de la comida de sus subalternos, por ejemplo.

    Pero en fin, por algo no soy jefa de nada. No pude dejar de acordarme de un capítulo de la serie “Friends” donde Ross Geller (el paleontólogo) se encontraba en el comedor del museo con su amigo Joey (el actor fracasado), pero como Ross era jefe, debía comer en una especie de cubículo junto a los superiores. La situación era bien ridícula, tanto como la que se  vive en tantas empresas.