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    25.04.2014

    Así de frágiles

    TALLARINATA-7

    Cuesta encontrar las palabras cuando tienes que hablar de dolores, penas, partidas inesperadas. Hace sólo unos días murió Superocho Alarcón, un locutor radial y un animador de festivales populares que aunque no conocí más allá de un hola y chao, lo cierto es que era un personaje muy conocido y querido por la gente de la Quinta Región. El hombre era parte de la familia, por ser una de las voces más populares de la Radio Festival, una de las de mayor sintonía en el dial AM. Cuando muchos no dejábamos de comentar lo inesperada que había sido su partida, sus proyectos inconclusos y todo aquello sobre lo que se reflexiona cuando alguien muere en forma repentina, nuevamente llorábamos la partida de otro compañero. Esta vez, era el Kuky Sgombich, camarógrafo que trabajó en Quintavisión, en TVN y durante los últimos años en la Intendencia Regional. Por nuestras pegas como periodistas, al Kuky lo veía a diario y si bien no éramos amigos, siempre existió un afecto que se construye entre largas esperas y coberturas de noticias que nos van vinculando a quienes trabajamos en los medios.

    Es difícil no caer en obviedades y lugares comunes cuando hablas de la muerte. Piensas en sus vidas, en cuan intenso vivieron sus profesiones, en el dolor para sus más cercanos, en todo aquello que quedó pendiente. Porque coincidentemente, ambos murieron por una falla cardíaca. Superocho padecía de un mal a la aorta que mantenía bajo control y el Kuky sufrió un repentino paro cardiorespiratorio que no le dio tregua. Así de frágiles, así de abrupto, sin aviso, sin posibilidad de preparar el adiós.

    En Viña no hubo quien no hablara de la muerte del Superocho. Sus compañeros en la Festival están devastados. La vida sigue, pero con el vacío inmenso que dejó su partida. Porque por más que este modelo neoliberal intente convencernos día a día que somos reemplazables y prescindibles, lo cierto es que no es así, no por lo menos para quienes se esfuerzan en cultivar sus afectos y dejar en segundo plano la frialdad de un simple relación laboral.

    Pasa lo mismo con el Kuky. Se le fue la vida sin que alcanzara a percatarse, trabajando con la pasión y la entrega que siempre lo caracterizó. Nunca lo escuché quejarse por cansancio. Un amigo que estaba con él al momento de su muerte, dice que ni siquiera entonces se quejó. El Kuky era de esas personas optimistas, apasionadas por su pega. Seguro muchos de quienes lo conocieron más que yo podrían añadir líneas y líneas de aquellas cualidades y defectos que lo definieron.

    Cuesta hacerse a la idea de la ausencia, sobre todo en circunstancias tan repentinas. Duele también pensar una vez más en la precariedad laboral de muchos de quienes se desempeñan en esta área de tanta movilidad. Porque el Kuky llevaba años en la Intendencia pero con un eterno contrato a honorarios. Seguramente nadie lo obligaba a jornadas extenuantes, sobre todo tras el mega incendio en Valpo. Seguro él mismo ni siquiera se cuestionó estar trabajando a full. Pero también es cierto que cuando las condiciones contractuales no son estables, no tienes más que subirte a la máquina y no bajarte más.

    Una amiga me decía a propósito de estos días que tal vez era hora de hacer algo, que quizás las muertes  de Superocho y del Kuky eran el aviso de algo, el llamado de atención urgente a propiciar mayor protección laboral para nuestro gremio.

    Hasta siempre Superocho. Hasta siempre Kuky

    kuky TALLARINATA-7