Invita a tus amigos a usar nuestra aplicación

Usan la aplicación de soychile.cl

    03.07.2014

    Sentir como sentimos o como debemos sentir

    Video-Hacer-las-cosas-como-1931170
    (Por Amalia Paz)

    La publicidad de una marca de toallas higiénicas – o femeninas como de manera tan cursi las identifican ahora – provocó el debate en las redes al enfrentar a un grupo de personas – mujeres, hombres, niñas y niños – en torno a un estereotipo fuertemente arraigado: la supuesta debilidad femenina.

    Distintas personas que enfrentaban un casting, reaccionaban y actuaban de una manera supuestamente esperable. La productora les planteaba distintas premisas como “muéstrame cómo sería correr como una chica”, “cómo pelea una chica”, “cómo lanza una chica”, y la reacción de mujeres adultas, hombres y un niño, era espontáneamente correr con torpeza, lanzar con debilidad y pelear como si estuvieran espantando moscas.

    Enfrentadas a la misma situación, niñas de 7 u 8 años reaccionaban de manera diametralmente opuesta. Corrían con decisión, golpeaban con firmeza y lanzaban con seguridad. Menos contaminadas probablemente y lo mejor, lo hacían como realmente sabían que lo hacía una chica, es decir, lo hacían como ellas mismas enfrentaban esa situación. “Niñas empoderadas”, afirmaba una amiga tras ver el video, niñas ajenas a hacerse cargo de estereotipos artificiales que hemos asumidos como ciertos.

    ¿Por qué nos hacemos cargo de estereotipos? No lo sé y me lo cuestiono con fuerza luego de escuchar a una amiga con la que casualmente me encontré en una larga y tediosa espera. Como suele ocurrir en estas situaciones y dado que no nos veíamos hace casi un año, nos pusimos rápidamente al día con nuestras respectivas vidas. En medio de la conversación y sin darnos cuentas, derivamos en un episodio particular que, según me contó, generó una crisis existencial con su “amigo con ventaja”.

    “Noté a Sergio – su amante furtivo desde hace un par de meses – distante, molesto. Dejé pasar unos días hasta que se dio la ocasión de hablar. Estábamos tomándonos un trago mientras veíamos una película en mi departamento, y de pronto él comenzó a hablar. Me dijo que me sentía distante, fría y que las últimas veces mientras hacíamos el amor, se sintió como una ‘mina’”.

    Mi amiga gesticulaba mientras me contaba, adoptando el papel de Sergio y el suyo según correspondiera. Podía imaginarme la escena mientras hablaba. “No entendí el concepto de ‘sentirse como mina’ – siguió mi amiga – y entonces le dije que fuera al grano y que me dijera claramente qué estaba pasando o más claro aún, qué lo contrariaba tanto y lo tenía tan amargo”.

    Su amante, víctima del tan arraigado machismo y tan fuertemente cargado de estereotipos, le dijo que las últimas veces que habían estado juntos, sintió patente su egoísmo. “Sergio me dejó perpleja. Me dijo que nunca antes alguien lo había hecho sentir así. ¿Así cómo?, le había inquirido.

    “Como mina! – volvió a insistir Sergio, esta vez con un tono sobre el suyo – he sentido que sobro en tu cama, que tras tus orgasmos, te importa bien poco cómo esté yo, cómo me sienta, veo tu rostro y siento que lo único que quieres es encender un cigarrillo y que yo me vista y te deje disfrutar a solas tus bocanadas”.

    ¿Cómo mina? Se supone que siempre somos nosotras las que queremos quedarnos? Las que siempre terminamos insatisfechas? A las que siempre les toca sufrir? Porque tendríamos que asumir que el dolor y la frustración son sentimientos privativos de nuestro género.